Capítulo 23

2211 Palabras
Mientras, en la aldea, Orleta estaba caminando hacia su casa hecha polvo de haber intentado entrenar a los jóvenes gitanos para ser guerreros o brujos poderosos como sus ancestros, pero los niños de ahora eran difíciles de controlar y educar para ello. Cuando abrió la puerta, tuvo que apoyarse en él, ya que no se aguantaba de pie de lo agotada que estaba, también algo frustrada por esos niños malcriados. –  ah... que cansancio... no entiendo como puede ser tan difícil entrenar a unos novatos a esa edad, ay... Como se nota que los tiempos cambian con los años. –  decía suspirando mientras cerraba la puerta pesadamente, entonces, fue hacia la cocina. –  Será mejor que coma algo porque si no podré tener fuerzas ni para ir al castillo Kamazotz y proteger a mi señora Carmelius… Caminó a la cocina con pasos pesados por el cansancio, cuando de repente sintió una sensación extraña, que la puso en alerta parando de golpe sorprendida. Sentía una presencia que no conocía de nada, ni quisiera de los vampiros que estuviera la noche anterior al castillo por la reunión de presentación. Se le pusieron los pelos de punta, y su corazón aceleró, esa presencia era muy perversa, pero muy parecida a la del amo Azeman, y no era por el poder, sino de otra cosa, familiar, eso la dejó confusa. – ¿Qué es... esto? –  se preguntó confusa, mirando en dirección al castillo estando aún dentro de la casa. Decidió salir a fuera para poder ver el castillo mejor, una vez fuera, como si fuera un fuerte soplo de aire, le vino un olor a un vampiro desconocido, pero como pudo saber antes, olía casi igual que su amo Azeman. Pudo notar que esa presencia está ahora mismo en el castillo, como si fuera una nube improvista que rodeaba el castillo entero, eso la tenía confusa y algo aterrada, con los pelos de punta. Tan pendiente estaba del castillo que no notó que detrás de ella, a un metro, había alguien. – ¿jefa Orleta? Orleta sacó sus dos dagas en cada mano, como auto reflejo al momento en que se giró y vio que era uno de sus hombres, el mismo que estaba en el castillo hace unos momentos. El hombre no se asustó ni se sorprendió de nada, se mantuvo en su posición como una estatua. – ¡Ah! ¡Demonios no me des esos sustos! ¿Qué quieres que me transforme y te mate? –  se quejó ella muy enfadada y nerviosa por el susto recibido. –  Disculpe, siento haberla asustado. –  se disculpó el hombre con una reverencia de cabeza. –  Tú estabas en el castillo ¿verdad? ¿Ha venido alguien ahora? –  pregunto ella desconfiada, mirando el castillo de nuevo. –  Pues sí, iba a decírselo, ha venido el señor Radu, el hermano menor del Amo Azeman. –  informó él con voz aguda y firme. – ¿Un hermano menor? –  pregunto extrañada. –  Pero si el Amo no dijo nada de eso de que tuviera uno... – se detuvo al ver la cara seria del hombre. –  Bueno, tampoco es que nos cuente su vida, por así decirlo. –  Ya... bueno, con su permiso me voy a descansar, buenas noches. –  se despidió el hombre con otra reverencia, pero inclinado medio cuerpo. Orleta lo miró hasta que se perdió de vista por un callejón, entonces volvió a mirar al castillo, dubitativa e inquieta. –  Algo... no me cuadra. –  se dijo a sí misma seria y desconfiada. –  Tengo un mal presentimiento. Sin pensarlo dos veces, cogió un caballo que tuvo más cerca y fue rápidamente hacia el castillo desesperadamente, rezando Porque su ama estuviera bien en ese momento. Mientras, Radu había tumbado a Carmelius en la cama. Él se puso sobre ella, inmovilizando las piernas de ella con las suyas, y apoyando las manos a cada lado de la cabeza de ella. La miró fijamente, dormida debajo de él, observaba su cuello, ojos cerrados, y sus rojos labios con los colmillos un poco a la vista. Sin poder contenerse más, la besó apasionadamente sujetándola por debajo de la mandíbula. Eso hizo que Carmelius empezará a despertarse confusa, parpadeo varias veces para aclarar la vista. Entonces notó que estaba en la cama de su habitación, debajo de su tío, que estaba besándola con deseo y contra su voluntad. Ella sonrojada se apartó de él, girando la cabeza. – ¿Pero ¿qué está haciendo? –  pregunto ella toda roja de vergüenza. – ¡Salga de encima mío! –  exigió en alto. Él hacía como si no la escuchará, y sin pensarlo dos veces, abrió con violencia la camisa de ella, mostrando por completo los hombros y el pecho, pero sin mostrar mucho los senos. Ella asustada, lo abofeteó fuertemente, y aprovechando que él cayó hacia atrás saltó de la cama y corrió hacia la puerta. Intentó abrirla, pero estaba cerrada sin forma de abrirla, intento atravesar la pared, pero tampoco nada, era como si ya no fuera humana allí dentro, atrapada en su propia habitación. –  No te esfuerces. – dijo Radu caminando hacia ella. Carmelius se giró asustada hacia él, y se apoyó defensivamente en la pared, sin perderle de vista mientras se cerraba la camisa con la mano cerrada, ya que los botones de la camisa fueron arrancados al abrirse violentamente por él. –  Está habitación está rodeada de una barrera mía, por eso tu padre no sabe que estoy aquí contigo, ni tú puedes salir, como una pequeña ratita de laboratorio. Así que se una buena sobrina y compórtate. ¿entendido, princesa? – dijo empezando a desabrocharse la chaqueta negra con una sonrisa perversa y sonriente. – ¿Qué vas a hacerme? ¡Tú eres mi tío! – dijo confusa y asustada al verle hacer eso. – ¿Y qué con eso? – dijo él quitándose la chaqueta y dejándola caer al suelo. –  Para nosotros los vampiros, eso no tiene importancia. Algunos hermanos, o incluso padres e hijos se acuestan mutuamente. –  Pero eso es... – decía ella sorprendida, en ese momento Radu aprovecha su distracción y rápidamente se acerca a ella y la vuelve a besar. Mientras la besaba, la coge en alto con fuerza y la llegó a la cama de nuevo mientras ella forcejeaba intentando liberarse. El tumbo sobre la cama bruscamente y se puso encima de ella, abrió sus piernas para poder apoyarse y ató sus muñecas por encima de su cabeza. – ¡N– No! ¿Qué haces? ¡Suéltame! ¡Eres mi tío! ¡Padre, Orleta! –  gritaba ella mientras se movía desesperada y aterrada. –  Es inútil que grites, nadie de fuera puede oírte gracias a mi barrera. Solo cállate y disfruta del momento, princesa mía. –  decía él apoyándose más sobre ella. Entonces empezó a besarla con placer y deseo, bajando por su pecho mientras le desabrochaba la camisa lentamente, después volvió a subir, lamiéndola seductoramente. Ella hecho la cabeza hacia atrás al notar la lengua de él en su cuerpo, gimió un poco, pero evitando que se oyera para hacerle creer que la estaba conquistando con eso, ni tampoco quería hacer que viera que le gustaba esa sensación. Con toda la irá que tenía, consiguió liberar las muñecas y agarrar a su tío, intentando apartarlo de él. De repente, sus brazos se quedaron paralizados en la sabana, estirados hacia abajo e inmóviles del todo, como si tuviera algo muy pesado sobre ellos, incapaz así de defenderse. Ella entendió entonces que ese era el poder de su tío, sorprendida y paralizada de ello, ya que, ese poder era muy parecido al suyo que tuvo en humana. Él la miró divertido, y se inclinó sobre su pecho para lamerlo, ella se sonrojo, cerró los ojos y hecho la cabeza hacia un lado. –  No te resistas, vamos disfrútalo, debes disfrutarlo. –  le animaba él como si nada mirándola a la cara excitado. –  A todas os gusta esto, sobre todo cuando sois vampiras hermosas y poderosas. – ¡Nunca lo disfrutaré! ¡No con alguien que me obliga! – dijo ella sin mirarlo, hablando con valentía. – ¡No tengo por qué ser como tú crees que son todas! –  Entonces significa que sufrirás más. –  advirtió él. –  Te aconsejo que intentes hacer lo que te digo. Entonces él se inclinó más hacia ella, la cogió de la mandíbula, obligándola a girarse a él y la beso bruscamente, metiéndole la lengua en la boca. Ella no lo soportaba, pero intentaba aguantarlo a toda costa. Viendo que no cedía, bajo hasta su cuello y empezó a lamerlo con deseo. Ella se agarraba a la camisa de él con fuerza, era lo único que podía hacer con los brazos inmovilizados. – ¿Por qué haces esto? ¡Basta! –  pregunto ella, queriendo una respuesta a todo eso. – ¡No ganas nada bueno haciéndome esto! –  Te equivocas… – contradijo él susurrante, entonces se inclinó en el oído de ella, dejando que sintiera su aliento para seducirla. –  Gano lo que quiero en verdad, a ti… a la hija de mi odioso hermano mayor, a su hermosa hija, que quiere proteger a cualquier precio, me cuesta creer que no te hablará de mi… cuando me encontré con él ayer mismo. – ¿Qué estás diciendo? –  pregunto ella al oírle decir eso. – ¿De qué hablas? –  OH, ¿no te lo ha contado? –  pregunto él sorprendido separándose de ella para mirarla a la cara. –  Antes de que se celebrará esa fiesta en tu honor, durante ese día nublado donde tu padre volvía al castillo, nos encontramos para charla, donde acabo herido, seguro que viste al menos la ropa desgarrada y manchada de sangre ¿verdad? Ella lo recordó sin mucho esfuerzo, ya que, justo en ese momento su padre se alimentó de ella con desesperación, cosa que nunca antes paso, ahora entendía el motivo de aquel estado de sed cuando había vuelto de alimentarse en la ciudad, fue por culpa de él, y eso la hizo enfurecer. Radu disfruto de esa mirada suya, odiosa y rencorosa en honor a su padre, le volvía loco de placer. –  Respóndeme a una pregunta princesa. –  pidió él, extrañando a Carmelius. Entonces, él se inclinó hacia su oído de nuevo. – ¿Qué hizo él… al estar contigo en ese estado de sed y frustración? Dímelo. Esa pregunta hizo que Carmelius recordará lo ocurrido aquella vez, y eso hizo que se sonrojará sin poder evitarlo girando la cabeza con los ojos cerrados, evitando la mirada de él. Con eso Radu tuvo la respuesta que quería, y se río de ello con ganas. –  Entiendo… veo que él no cambia nunca, por muchos años que hayan pasado y ya no seamos humanos. – dijo Radu con ironía y sarcástico. Carmelius entre abrió los ojos sin dejar de estar sonrojada por lo que tenía en su mente ahora, intentaba quitárselo, pero era imposible en ese momento. De repente, él la alzó de la cama por la espalda bruscamente y pegándole a él con fuerza, la agarraba por la nuca, enredando así los dedos con el cabello n***o de ella, y por la cintura arqueando un poco la espalda de ella hacia él. Ella no se rindió e intento liberarse de él, pero Radu seguía usando su poder para inmovilizar sus brazos y piernas en ese momento, estaba en sus manos completamente dominada y vulnerable. –  Ahora, mi futura esposa, voy a hundir mis afilados colmillos en tu hermoso cuello, voy a chupar tu pura sangre hasta que este sediento de ella... tu deliciosa sangre. – dijo él en el oído de ella, seductoramente. Ella abrió los ojos al máximo, oyendo cada palabra de él en su oído, sentía rabia de no poder defenderse de él así, y si le bebía la sangre, estaría completamente a su merced. Radu estaba inclinado sobre el cuello de ella, exhalando su aliento sobre la piel de ella para hacer que su piel se rizará, eso le encantaba en las mujeres, excitarlas con eso, y lo consiguió con Carmelius también. –  Después te daré un poco de la mía para que la tomes, así podrás pertenecerme sin que puedas negarte. – dijo agarrándole la nuca con más fuerza, ella apretó los dientes con odio y rabia. –  Tu destino es ser mi amada esposa inmortal. Qué maravilla ¿verdad que sí? – ¡N– No puedes hacer esto! ¡Los vampiros no pueden tomar la sangre de otros, es como tomar veneno o agua bendita! –  detuvo ella en alto. – ¡Tanto tu como yo acabaremos muertos si lo haces! –  intento convencer ella temblando asustada. –  No puedes engañarme, mi pequeña princesa. – dijo él calmado y seductor. –  Se por tu mirada de antes… que Azeman bebido de ti después de convertirte, y sigue en este mundo como si nada, eso demuestra de que tu sangre tiene algo especial, y yo tengo que descubrir que sangre tiene mi futura esposa… – ¡¡YO NO SOY TU ESPOSA BASTARDO CHUPA– SANGRE! –  Exclamó ella con rabia y odio. –  Aún… pero eso va a cambiar ahora, juju.
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