– "Ni siquiera dudo o intento negarse." – pensó ella sonrojada pero bien quieta, mientras oía el sonido de él bebiendo su sangre. – "Nunca estuvo tan hambriento. ¿Que debe haberle pasado?" – se preguntaba cerrando los ojos, no podía evitar sentir placer por eso que él hacia.
Entonces él le soltó una de las manos, para así ponerla en el otro lado del cuello, obligándola a alzar la cabeza, movió un poco la boca para poder beber mejor, aún no estaba satisfecho. Ella se sonrojo más al notarlo todo, y dejó que le sujetara el cuello. Ella cerró las manos con fuerza para aguantarlo.
– ¿Como... sabe mi sangre, padre? – pregunto ella abriendo los ojos girándose un poco a él, solo pudo ver la cabellera negra.
Ante esa pregunta él se apartó del cuello jadeando, la miró de reojo, aún con los ojos brillando de sangre. Bruscamente la giró hacia él con el brazo que aún sujetaba. Ella vio los ojos rojo sangre brillando como nunca y su propia sangre aun escurriéndose por una de las comisuras de él hacia la mandíbula.
– ¿Qué harás si lo sabes? ¿Por qué quieres saberlo? – pregunto él de una forma rara, casi aterradora y escalofriante.
Ella no entendió el modo en que él lo pregunto, pero antes de poder decirle nada, él la desplazó a la pared de al lado de la puerta y la volvió a arrinconar, para volver a inclinarse sobre su cuello. Está vez la sujetó por los hombros, y ella se sujetó por los lados de él, debajo de los brazos. Ella dejaba que se saciara tanto como necesitará, sentía esa obligación, no sabía Porque, y eso que él le dijo que no se dejara, así como así. A causa de que bebió más de la cuenta, Carmelius cayó desmayada a los brazos de él después de un rato bebiendo su sangre. Azeman estaba ya satisfecho, pero enfadado consigo mismo por lo que hizo con su hija. Con cuidado la cogió en brazos y la metió en la cama. Una vez que la dejó allí, volvió a su habitación rápidamente, se dejó caer en la silla destrozado por dentro, entonces puso dos dedos de la mano sobre su cuello.
– "Solo he podido calmarme bebiendo la sangre de Carmelius, tanta que se ha desmayado." – pensaba dolido. – "Soy lo peor." – pensaba poniendo la mano en la cara, tapándola. – “Nunca pensé que llegaría a arrepentirme de algo así, debe ser por el lazo padre– hija que nos une, aunque a veces no la vea como una hija…”
Finalmente llegó la noche. Los gitanos sacaron a los humanos encerrados con dificultad, ya que algunos intentaron huir como pudieron, ya que sabían que serían la comida de unos vampiros hambrientos. Azeman se estaba preparando, poniéndose su traje para presentarse ante el Consejo con seriedad, aunque no le hiciera gracias verlos, y teniendo en mente lo ocurrido antes con su hija.
Carmelius también estuvo casi preparada, pero con ayuda de unas gitanas y de Orleta, que también vestía de gala para la fiesta, ya que era la guardiana de la princesa. Carmelius todavía tenía la marca de la mordedura en el cuello, a causa de que no bebió sangre aún, pero eso no fue problema Porque llevaría como una especie de cinta a juego con el vestido, la maquillaron, pero no mucho Porque le incomodaba, además también mordería algún humano para demostrar que no era cobarde ni débil. Al ponerse el vestido vio que era bastante escotado, de tirantes finos, largo hasta los tobillos y no muy apretado, tan rojo que con las luces brillaba. El pelo también le brillaban por los reflejos, tan n***o como la oscura y pura noche, que pegaba con el vestido y con sus ahora ojos rojos como la sangre, al igual que su padre.
Una vez preparada, las gitanas la dejaron sola con Orleta, que iba vestida más para vigilarla a ella para que estuviera protegida, por orden de Azeman. Con ropas cómodas para correr si le hacia falta, y sencillo, si se hacia añicos no pasaba nada, pero de todas formas era elegante para esa ocasión de elegancia y modales. Carmelius se vio en el espejo, de pies a cabeza, de repente apoyó la frente en él y suspirando como estresada.
– ¿Ama? ¿Ocurre algo? – pregunto Orleta viendo el estado de ella.
– No... nada. – respondió ella con una sonrisa forzada pero amistosa. – Ve con mi padre, si los invitados han llegado avísame. – Ordenó.
Empezaron a llegar los invitados poco a poco, entre ellos Lestat, pero sin su capa negra. A causa de que llevaban humanos voluntarios para la fiesta tuvieron que venir en carros humanos, en vez que venir volando. Finalmente llegaron los 10 miembros del Consejo de Vampiros, al servició de Azeman Kamazotz. Todos trajeron prisioneros para divertirse, dos o cuatro. Unos minutos después Azeman apareció a vista de todos. Los vampiros le recibieron con una reverencia como refiriéndose a un rey, con una rodilla en el suelo, mientras las mujeres que había arrodilladas del todo con la falda del vestido cogida de los lados con las manos en alto. Azeman bajo las escaleras que tenía delante hasta estar justo delante de todos.
– Bienvenidos. – saludo Azeman con los brazos abiertos, disimulando alegría de verlos.
Con ese gesto, les decía que se pusieran de nuevo de pie. Ellos lo hicieron automática y elegantemente.
– Nuestro señor Azeman Kamazotz, es un gran honor tenerlo delante de nuevo después de tanto tiempo sin verle. – dijo el vampiro que estaba delante de todos.
– Lo mismo digo, Armand. – dijo Azeman. – Si todos tienen un poco más de paciencia, mi hija pronto se presentará. Vayan a la sala principal por favor.
Así lo hicieron guiados por un siervo humano bien vestido, Azeman espero a que pasaran todos para ir detrás y seguirlos, para que ninguno se extraviará y se pusiera a curiosear sin que él lo viera. Mientras, Orleta estaba por llegar a la puerta de la habitación de Carmelius, una vez delante picó dos veces.
– Ama, todos los invitados están aquí ya. – aviso ella delante la puerta. Carmelius salió al instante.
– Uff... bien, vamos haya. – se dio ánimos antes de dirigirse a la sala.
Enseguida estuvieron delante la puerta, Orleta se adelantó para abrirla en par para dejarla pasar. Cuando la puerta abrió, todos se giraron hacia allí, entonces la vieron, a una joven vestida con un vestido rojo como la sangre de pelo tan n***o como la noche, al igual que su padre. Azeman se acercó a ella y le ofreció la mano como un verdadero caballero, ella sonrojada acepto. Todos hicieron una reverencia al verla junto a su padre. Entonces Azeman la presentó.
– Miembros del Consejo de Vampiros, os presento a mi leal y hermosa hija, Carmelius Kamatz. Espero que la respeten igual que a mí. – presento y pidió Azeman señalando a Carmelius, que se mantenía firme y seria.
– Es un honor conocerla, princesa Kamatz. – dijeron todos en coro.
Carmelius se sonrojo al oír como la llamaban "princesa" pero intento disimularlo. Así durante la fiesta Azeman les presento a todos, sobre todo a la Condesa Elizabeth Bathory de Hungría, que era como la jefa al mando del Consejo después de Azeman. Durante toda la noche, los vampiros se divirtieron, mordiendo a los humanos y bebiendo su sangre hasta matarlos, disfrutaban con ello. Eso incomodo un poco a Carmelius, que estaba sentada en una butaca al lado de su padre, que estaba también bebiendo sangre de una humana. En un momento de la fiesta, uno de los vampiros, llamado el Príncipe Vajda, le presento a tres humana. Las tres eran muy hermosas y jóvenes, pero no tanto como Carmelius, tenían el pelo de color diferente cada una, pero todas eran rizadas.
– Amo Kamazotz, me gustaría ofrecerle están tres hermosas humana para que le hagan compañía a usted y a su hija si acepta. Sería un gran honor para mí como para ellas.
Azeman las miró fijamente, de arriba abajo, Carmelius también. Ellas le miraban deseosas, desde el punto de vista de Carmelius, las típicas humanas que se obsesión al ver a un vampiro hermosos como su padre, sin importarles traicionar a Dios. Ella miró a su padre, que estaba callado, seguramente pensando si aceptar o no.
– Muy bien, acepto tus regalos Vajda. – dijo él finalmente.
El príncipe se inclinó varias veces como agradecimiento, las humanas se alegraron enormemente, Carmelius no le hizo mucha gracia, ya que sabía que pasaría con esas mujeres. Durante el resto de la noche, Carmelius empezó a hablar con todos los vampiros uno a uno, mientras Azeman estaba en compañía de sus futuras amantes. Con quien Carmelius mejor se llevó fue con las únicas vampiras del Consejo, la Condesa Bathory de Hungría y la Condesa Dolingen Graz de Austria. También hablo con los demás, todos menos el Barón Brakola de México y el Príncipe Vajda de Polonia eran condes como su padre; Conde Karnstein de Estiria, Conde Armand de New Orleans, Conde Saint– Germain de Francia, Conde Von Kroback de Alemania y el Conde Yorga de Suiza. Mientras, sin darse cuenta de nada, el hermano menor de Azeman observaba la fiesta a una distancia segura, observaba sobre todo a Carmelius, hablando con los invitados tranquilamente. Olio el aire con fuerza, como si pudiera oler algo que deseaba oler, entonces sonrió perversamente.
– Veo que tienes buen gusto, hermano. – dijo. – Espera princesa mía, muy pronto nos veremos, y entonces estaremos juntos para toda la eternidad, jujuju.
De repente, a Carmelius le vino un escalofrío por la espalda, también notó que alguien la miraba, pero no era nadie de la fiesta. Viendo que no había nadie más aparte de los vampiros ya conocidos, lo ignoró y continúo hablando con los invitados hasta que acabará la noche. Tanto ella como Azeman no notaban que estaban siendo observados por un peligroso enemigo que pronto aparecería en escena, destruyendo la paz que la joven vampira morena empezaba a tener.
La reunión pareció una fiesta desde el punto de vista de Carmelius, se estuvo aliviada al ver que los miembros del Consejo la aceptaban abiertamente como su princesa y futura Reina No– Muerta, cosa que no deseaba que pasará pronto, por qué solo lo sería cuando su padre que era el actual rey muriera del todo, y ella no quería perderlo aún, demasiado pronto para ella. Los vampiros estuvieron toda la noche en el castillo, y si se hacía muy tarde para irse antes del amanecer, tenían permiso para dormir en el castillo, a regañadientes de Azeman.
Mientras Azeman estaba hablando con los vampiros del Consejo, Carmelius seguía hablando con las dos únicas vampiras del grupo; Elizabeth Bathory de Hungría y la Condesa Dolingen Graz de Austria, que se portaron muy bien con ella, charlaban y reían contentas, sin faltar que estaban servidas por unos humanos traídos de su país, que mostraban un rostro aterrado y lloroso. Eso a Carmelius no le gustó mucho, pero lo respeto y disimulo ignorancia.
– ¿Desea probar un poco Alteza? – pregunto Dolingen con amabilidad. – Seguro que nunca a probado sangre de mi tierra.
– No hace falta, ahora me traerán el mío. – dijo Carmelius con educación. – Pero le agradezco la oferta.
– ¡Oh vamos insisto! – suplicó la vampira, mostrando el cuello del humano que estaba lleno de sangre salida de la mordida.
– Debería aceptar Alteza, – intervino Elizabeth con una voz madura y seductora. – Nunca se sabe que se puede… saborear.
Al ver la insistencia de las dos, Carmelius se vio acorralada, y esa vez su padre no podía ayudarla por qué si lo hacía quedaría como una cobarde y una negada a la sangre humana cuando la tomaba a diario pero no en público, por eso le pareció incomodo en ese momento, pero debía hacerlo para quedar bien, entonces, aceptando al humano, que la vampira le paso sin pensar en la herida que lo estaba desangrando, y ella lo acomodo entre sus brazos, apartando el pelo de la herida, que al verla y sentirla, Carmelius mostró sus colmillos y sus ojos rojos, el humano se asustó y tuvo el corazón acelerado.
– Venga beba Alteza, antes de que pierda más. – animó Elizabeth con los colmillos a la vista. – Que su dueña desea conservarlo aún.
Carmelius no las hizo esperar y apoyó sus labios en la mordedura del humano que echo la cabeza hacia atrás al sentir que bebía su sangre, pero al final disfruto de ello, dejando de mostrar un rostro de dolor para cambiarlo a uno placentero y relajado. Todos los vampiros presentes tuvieron curiosidad y se giraron a ella que bebía sedienta, Azeman también miró, viendo que al fin se mostraba como ellos esperaban ver, una autentica vampira como él, cosa que a ella no le gustaba mostrar de esa forma, y él lo sabía de sobra, pero no debía mostrarlo esa noche, al menos, eso pensaba él.
Finalmente acabó la fiesta antes de que saliera el sol, todos los vampiros del Consejo se fueron a descansar al sótano del castillo Kamazotz con una buena despedida de aprobación por parte suya hacia Carmelius, ella estaba agradecida de ello, estuvo más tranquila. Una vez que se fueron, Orleta llevó a las futuras amantes de Azeman a una habitación para que descansaran hasta entonces, Azeman y Carmelius también se fueron a descansar, fue una noche muy movida y ambos necesitaban descansar.
Pero una vez que Carmelius estuvo en su habitación, cambiada y limpia de los restos de sangre en sus labios, estuvo sentada en la cama pensativa y dolida, por el humano que tuvo que alimentarse frente a todos, haciendo que sufriera al principio y al final cuando acabo, viendo el error en su rostro. Con eso en mente, ella no conseguía el sueño, y en ese momento apareció su padre atravesando las paredes, ella no se molestó con eso.
– Tenía la sensación de que aún estarías despierta, – dijo Azeman con ironía. – Estás así por lo que paso en la reunión, ¿verdad?
– Sí… siento que me veas así, debo parecer una cobarde cualquier que al momento que mata a un humano para alimentarse se deprime y culpe de ello, así es como me siento, por eso intento hacer que no sufran cuando bebo su sangre, pero ese ya estaba aterrado cuando me alimente de él por esa vampira.
– Ya te advertí de ellos hija, todos los vampiros de su edad son así de crueles y orgullosos, superiores a los humanos. – recordó Azeman, sentándose junto a ella para abrazarla por los hombros. – Pero tú no eres en absoluto una cobarde, solo una entre un millón que no le gusta ver sufrir a sus víctimas, es algo normal.
– ¿De verdad crees eso? – pregunto Carmelius insegura. – Tu en cierto modo eres casi igual que ellos padre, te encanta ver sufrir a los humanos si no son mujeres hermosas.
– jaja, si es cierto. – acepto él divertido. – Ya me conoces completamente, estoy orgulloso.
– Entonces, ¿Qué harás con esas mujeres que te han dado como regalo? – pregunto ella de repente, ahora sería, temiendo saber la respuesta a ello.
Esa pregunta dejó callado a Azeman, viendo cómo se mostraba su rostro, algo molesto y sin estar de acuerdo con algo en concreto, él supo enseguida a que se debía eso, y dejó de abrazarla para coger su barbilla con los dedos, girándola sin obligarla a ello. Carmelius con la mirada baja se dejó hacer, y después alzó los ojos para mirarlo.
– ¿Quieres que me deshaga de ellas? – pregunto él. – Por qué si no te gustan puedo…
– ¡No! – exclamó ella al momento. – No, son un “regalo”, y no se pueden tirar una vez aceptados… son tuyas, haz lo que quieras con ellas, solo quiero saber que vas a hacer con ella, solo eso. – aclaró ella con claridad.
– Quiero convertirlas, si es eso lo que estás imaginando. – contestó él, viendo la expresión molesta de ella. – Nos servirán para tener más protección ahora que los vampiros más poderosos del momento te conocen y saben que acepto tienes, pronto los vampiros de sus zonas te conocerán también y hay quienes querrán matarte o usarte, por eso las crearé. No tienes que confiar en ellas si no quieres hija, eres libre de pensar como quieras.
– ¿Confías tú en ella? – pregunto ella con sinceridad. – No las veo como para darles ese cargo, además… creo que ellas desean exactamente eso, quieren ser tus amantes y vivir eternamente, solo eso. Precisamente son ese tipo de mujer las que me sacan de quicio, por ser simplemente como son.
– Tal vez sea cierto, las mujeres de ahora son así, pero no debes preocuparte por nada, ellas no serán tan listas como para intentar hacerte algo estando bajo mi mando, y eso significa que tendrán que obedecerte a ti también pequeña, estate tranquila. – aseguro él, dejando ir su barbilla. – Además, ya te he dicho que no existe nada eterno en este mundo, creía que ya entendías eso.
– Aún no, lo siento. – se disculpó ella girando la cabeza avergonzada.
– Tranquila, tienes todo el tiempo del mucho… úsalo como quieras. – dijo él, cogiendo con suavidad la cabeza de ella para apoyarla en su hombro y animarla. – No hay prisa para ellos, no te preocupes.
Con eso, Carmelius estuvo más tranquila, y se acomodó en el hombro de él, dejando que oliera su pelo y sintiera su cuerpo ahora cálido por haberse alimentado, él no se alimentó mucho en esa reunión, y al oler a su hija de esa forma le entró las ganas de beber sangre. Al abrazarla mientras se arrastraba por la cama hasta apoyarse en la cabecera, hizo que Carmelius notará que estaba tenso pero controlado, y no tardó en saber la razón de ello.
– No has bebido suficiente antes ¿verdad? – adivinó ella mirándolo de reojo bajo su mandíbula. – Puedo notarlo en ti.
– La verdad es que no, y al sentirte cálida me ha entrado la sed de nuevo. – confesó él rendido, viendo que no podía engañar a su hija ya.
– Puedes saciarte ahora si quieres, así no tendrás que esperar hasta mañana. – animó ella con seguridad y firmeza, entonces, sin dudar ni un segundo, se apartó el pelo de un lado del cuello para inclinarlo y dejarlo a la vista de él. – Vamos…
Al ver como ella se ofrecía de ese modo, Azeman quiso oponerse, pero la sed que tenía lo estaba poniendo nervioso y frustrado, así que a regañadientes tuvo que beber de ella un poco, haciendo que se excitará al sentirle hincar el diente y chupar sediento su sangre. No bebió mucho y se fue de allí enseguida para no tentarse más con ella, ésta se limpió el cuello que se curó enseguida y se durmió al instante en la cama, ya que era de día ya.
A la noche siguiente, cuando todos los vampiros del Consejo de fueron con una reverencia amistosa a los reyes, dando su aceptación de nuevo a Carmelius, Azeman invitó a las humana a su habitación, ellas sin pensarlo dos veces aceptaron la invitación. Carmelius sabía lo que iba a hacer, así que decidió estar en su habitación hasta que acabará y sin interrumpirlo ni detenerlo, pero antes fue a la gran biblioteca para coger algunos libros interesantes, por el camino vio a un gitano, el que atendió a los vampiros en la fiesta, parecía estar esperándola.
– Buenas noches, ama Carmelius. – saludo él haciendo una reverencia formal y respetuosa. – El señor Radu la está esperando. – informó al ponerse recto.
– ¿Radu? – pregunto ella extrañada y mirándolo.
Entonces, en la puerta, apoyado, estaba un hombre vestido de n***o. Era un poco más joven que su padre, pero tenía cierto parecido desde el punto de vista de ella. Elegante, guapo, formal. Ella lo miró fijamente, sintió que lo conocía desde siempre. Él se acercó hasta estar a un metro de ella, el gitano hizo otra reverencia y se retiró al instante.
– ¿Tu eres Radu Kamatz? – pregunto ella alzando un poco la cabeza, ya que él era más alto que ella.
– Sí, y tu debes de ser Carmelius, la hija de Azeman, al fin nos conocemos. – dijo él amablemente, entonces, cogió una mano de ella para besarlo.
– Radu, mi querido tío. – dijo ella contenta con una sonrisa encantada.
Mientras, Azeman estaba en la cama de su habitación junto a las humanas, alrededor suyo, acariciándolo y abrazándolo, provocándole a que las mordiera ya. Él les seguía más o menos el juego, pero no quería hacerlo con prisas, quería disfrutar del momento al igual que ellas, aunque quisiera ser inmortales enseguida. Las iba seduciendo una por una, mientras ellas también lo hacían, pero a la vez con gusto y placer.
Decidió empezar por la pelirroja, que parecía la más impaciente y sabrosa, la obligó a tumbarse agarrándola por los hombros, le abrió las piernas para poder tumbarse sobre ella y seguidamente apartó la ropa de los hombros para dejarlos al descubierto, las otras dos se reían y lo masajeaban seductoramente con las manos y los labios, mientras él besaba y acariciaba a la pelirroja, seduciéndola por completo de arriba abajo, ella echo la cabeza hacia atrás mientras gemía y disfrutaba de la sensación que sentía, como nunca lo sintió con un hombre humano, viendo que al hacerlo con un vampiro era un puro paraíso.
No quería estar sin hacer nada, así que volvió a echar la cabeza hacia delante excitada, y empezó a desabrocharle la camisa poco a poco, cuando estuvo totalmente abierta, las otras dos vieron que estaba haciendo y le echaron una mano, y le quitaron la camisa a la vez, él se dejó con gusto y riendo divertido, así estaba más cómodo y concentrado. La pelirroja sintió el pecho frío de él aun estando con ropa entre los dos, pero eso la excitó más, dándole más placer.
– Aún no me habéis dicho vuestros nombres, chicas. – dijo él de repente.
Ellas vieron que tenía razón en eso, pero aun así continuaron con la diversión.
– Yo soy Aleera. – se presentó la pelirroja debajo suyo con seducción.
– Yo Verona. – dijo la morena al lado izquierdo de él.
– Y yo Marhiska – dijo la rubia al otro lado.
Azeman se quedó con los nombres al instante, entonces seductoramente besó a Aleera, después la besó por debajo la mandíbula tocando la oreja, y entonces, lenta y placenteramente la mordió por la yugular. Ella gimió con todas sus fuerzas, pero no de dolor sino de un placer nunca sentido, automáticamente se abrazó a él con fuerza, por la nuca y el omoplato. Verona y Marhiska también disfrutaban viendo como lo hacía y como lo haría con ellas también, viendo como su amiga disfrutaba de ello completamente. Azeman sintió la necesidad de abrazarla y hacerle arquear la espalda, mordía con mucha fuerza, pero a ella no le importó, deseaba ser inmortal y ser amante de ese ser, que era el rey de todos los vampiros del mundo, ese deseo hacía que resistiera el dolor total.
– OH… uahhhh… – gemía ella girando la cabeza excitada, sintiendo como su sangre se escurría por su cuello y era chupada y lamida por él. – No paré hasta que esta seca… y pueda ser como usted.
Azeman la escucho atentamente, pero sin parar con lo suyo, cumpliendo con el deseo de ella, que será el mismo de las otras dos que miraban ansiosas de ser las siguientes, él enseguida acabaría con la chica que tenía debajo suyo, pero no haría lo mismo que con su hija, no las mordería en otro punto ni les haría su sangre después, solo las dejaría medio secas hasta que murieran desangradas, así renacerían como vampiras bajo su mando, sus esclavas y amantes inmortales, como ellas lo deseaban.
En otra parte, Carmelius era seguida por su tío Radu a su habitación para poder hablar y conocerse mejor. Antes de ir a su habitación los dos fueron a la biblioteca para coger algunos libros para que ella tuviera para leer después o en otro momento. A Carmelius le supo mal que su tío, que acababa de conocer, tuviera que acompañarla a la biblioteca un momento y después ir a su habitación para hablar.
– ¿De verdad que no te importa acompañarme? – pregunto ella mientras buscaba por las estanterías de libros. – Podías haber ido a mi habitación ir esperarme allí.
– No te preocupes, estoy contento de estar contigo en todo momento, sería grosero de mi parte dejarte sola. – dijo él con amabilidad.
Carmelius no estuvo convencida de ello, por eso se apresuró a elegir los libros que se llevaría. Mientras, sin que ella lo notará, Radu se mantenía disimuladamente concentrado en algo, para que así su hermano no supiera que estaba allí con su hija. Carmelius enseguida tuvo los libros elegidos y se fueron de allí hacia su habitación, pero ella quiso coger otro camino para no pasar por la habitación de su padre, justo lo que Radu deseaba que pasará.
Una vez en la habitación y Carmelius fue a una mesa para dejar los libros, Radu puso el cierre de la puerta con cuidado de no hacer ruido, con una sonrisa maliciosa y perversa. Un rato después los dos estaba sentados en las butacas de la habitación, y empezaron a hablar, pero antes Carmelius cogió una botella de vino tinto y dos copas para tomar algo, aunque no fuera sangre, Radu hizo un gesto de agradecimiento al recibir una copa llena.
– ¿Como es que no ha venido antes a la fiesta? Mi padre no dijo nada de que vendrías a vernos. – dijo ella curiosa. – Tampoco es que te haya comentado mucho.
– Digamos que he venido cuando me he enterado de que mi hermano tenía una hija, la verdad no me imaginaba que encontrará una tan hermosa y amable. – dijo él halagándola, entrelazando los dedos de las manos entre sí. – Debe estar contento de tenerte con él, me da envidia y todo.
Carmelius se sonrojo ante el cumplido, no se imaginaba a un nuevo tío tan sincero. Radu pudo ver que la estaba conquistando con mucha facilidad, supo entonces que quizás podría ejecutar su plan esa misma noche viéndola tan confiada y vulnerable, además, al cruzar la mirada de ella con la suya, pudo hipnotizarla al momento, para que así pareciera que ya se conocían de antes y cogiera confianza fácilmente.
– ¿Por cierto, ¿dónde está él? Hace tiempo que no le veo. – mintió él con mucha facilidad. – Me hace mucha ilusión hablar con mi hermano mayor.
– Él... está ahora ocupado con unas... compañías. – dijo ella tartamudeando un poco, viniéndole a la mente lo que estaba haciendo su padre ahora. – Puede que tarde un rato bastante largo en aparecer, lo siento mucho.
– Ya veo... entonces háblame de ti, después te hablaré de mí. Quiero saberlo todo de ti, hasta el último detalle. – pidió él generosamente. – Y quizás pueda contarte algún secretito de tu padre, de cuando éramos niños.
Carmelius así quiso hacerlo, pero no supo cómo empezar al principio. Mientras ella hablaba, él la miraba de arriba abajo, seductoramente, pero sin que se notará, miró sobre todo el cuello de ella, que lo tenía al descubierto, sin que ella lo hiciera a propósito, aún con cicatrices de colmillos provocados por su padre, eso hizo excitar más a Radu, veía que su sangre debía ser única para su hermano mayor, como para beberla a menudo.
Carmelius acabó de hablar y vio que su tío estuvo callado escuchando todo sin decir nada. Notó que él la miraba fijamente, eso le dio un escalofrío, el mismo escalofrío que sintió en la fiesta, y esa vez quiso hacer caso de ello, no como paso con su padre hace tiempo. Ella pensó en levantarse, pero Radu hablo.
– ¿Ocurre algo, sobrina mía? – pregunto él, está vez con voz seductora.
– eh... nada, voy a ir a ver si mi padre ya ha acabado con sus humanas. Ahora vuel... – decía, pero cuando se puso de pie, un fuerte golpe en el estómago la derrumbo dejándola inconsciente. – ¡ah! ah...
Radu la mantuvo de pie sobre su pecho, abrazándola con deseo mientras olía su pelo liso y suave. Sonriendo, la cogió en brazos, dejando que colgaran los brazos y la cabeza, y la tumbó suavemente en la cama. Él sentó al lado de ella, y rozándole la cara con los dedos, apartaba el pelo del rostro. Sin poder aguantarlo más, se puso encima de ella, pero sin apoyar su peso. Le alzó la cabeza por la nuca hasta tenerla cara a cara.
– Definitivamente... debes ser mi mujer, a las buenas o a las malas... Carmelius. – dijo él sin dudar de sus palabras. – Además me encantará ver la cara de tu papaíto... al ver que su preciada hija está en brazos del hermano que tanto odia, jujuju. – dijo acercándose a ella hasta abrazarla apasionadamente.