La voz no volvió a hablar, eso la alivió. Entonces camino hacia el baño, despojándose toda la ropa. Una vez dentro, cerró la puerta y empezó a llenar la bañera, cuando estuvo lleno, se metió dentro de él y de metió debajo del agua, para mojarse toda entera. Muy lejos de allí, había una casa abandonada, y dentro estaba Lestat, Radu y Elizabeth, acompañados con otros tres, que eran humanos, cada uno junto a cada vampiro para ofrecerles su sangre. La casa estaba protegida por una barrera, para que así, el Conde no los detectara. – Ah… – exclamó Lestat, dejando de morder a su humana. – Me pregunto cuándo estará con nosotros esa princesa tan apetecible. – comentó relamiéndose los labios. – Paciencia Lestat… pronto iremos a por ella, pero mientras Kamazotz no se separé de ella no podemos

