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1633 Palabras
Hades Ross: Frente a mí, estaba la misma chica pelirroja con la que hable hace un tiempo. Tenía un vestido n***o y un moño ordenado, sus ojos derramaban lágrimas y veía la foto de Jock como si alguna vez lo hubiera amado. «Que estúpida» Aún no entiendo como una mujer podía amar a alguien así. Una persona que se burla de ti, de tus gustos y actitudes. Era simplemente asqueroso. Me senté en la silla junto a Harry y empecé a mover mi pierna, tenía ansiedad, quería salir corriendo de este lugar. Los entierros, o las cosas parecidas a los entierros nunca me habían gustado. —Debes calmarte—susurró—Es raro que muevas tanto la pierna —¿Y eso que importa?—murmuré de vuelta—Cualquiera puede hacerlo. —Si, Hades—rodó los ojos—Pero, tu no lo hagas. Y ya está. Al parecer Harry había activado el modo mamá. Le hice caso por primera vez en mi vida y dejé de mover mi pierna. Cuando me tocó introducir algo a la caja, metí un anillo. Uno que era de mi madre y que mentiría diciendo que el gran Jock me lo había regalado. Las personas le lloraban a la caja vacía que estaba frente a mí, algunos metieron fotos, otros metieron objetos y una en especial metió una vela. Aquella chica pelirroja me vio con una sonrisa, sus labios se habían curvado hacía arriba de tal manera que me hacía sentir extraño. Toqué los anillos que se encontraban en mis dedos y los moví con nerviosismo. Harry lo notó y puso su mano en la mía. —Todo está bien ¿Recuerdas?—susurró. —Lo sé—respondí quitándome. Luego de estar por un buen rato en ese ácido lugar. Nos fuimos al apartamento de Harry, todos estarían ahí, o al menos algunos chicos que conocimos mucho tiempo atrás. —Me asusté—confesé entrando al apartamento. —Lo sé, fue una mierda. Deberías controlarte Hades, pensé que todo está bien—hizo comillas. —Todo está bien—afirmé—Pero hay algo que me inquieta. Ese estúpido vecino está empezando a alterarme. —Hablemos después de esto —¡Chicos!—Dante se levantó y sonrió junto con los demás. Habían cuatro personas en la habitación. Dante el chico de vestimenta formal, con cabello blanco platinado y ojos miel. Isaac con ojos grises y cabello n***o, la pelirroja de ojos azules y por último Owen, el castaño con ojos de diferente color. Uno de sus ojos era n***o y el otro era gris, siempre le dio ventajas con las chicas. O al menos era así cuando estábamos más jóvenes. Me senté en el sofá junto con Dante y estiré mis piernas. —Han tardado—mencionó Owen lanzando las llaves del apartamento. Harry la atrapó en el aire y se sentó. —Estábamos resolviendo algunos asuntos. —Harry—llamo Betsy—¿Por qué ha venido Hades? —Estoy aquí por si no lo notaste—Bufé—Acaso el rojo de tu cabello no te deja ver bien. —Hablar contigo es una mierda Ross. —No me digas—mencioné con sarcasmo—La última vez no te pareció tan malo. —¡Estaba dolida por lo de Jock! —¿Acaso eran novios en secreto pelirroja? Sus ojos estaba llorosos y mordió su labio inferior. No me importaba que llorará, al fin y al cabo ella no me interesaba. —¡Íbamos a casarnos! Me sorprendí. Owen detuvo la música y todos nos quedamos en silencio. Había matado al prometido de Betsy. —Una lástima—susurré. —Hades es mi mejor amigo—suspiró Harry—Y a quien no le guste puede irse. —¿Desde cuando? ¿Por qué ahora? —Siempre lo fuimos—la fulmine con la mirada—Pero habíamos tenido algunos problemas. —Deben dejarlo hasta aquí, Betsy Hades no tiene la culpa de que Jock haya muerto. Independiente de que su relación no haya sido buena, no es su culpa—recalcó —Extraño a Jock —Todos lo hacemos—mentí—Ya no tengo a quién querer fastidiar. Suspiró—Lo siento —Da igual Betsy, mejor búscate a alguien con quien follar. Te hace falta amiga. Dante sonrió—Puedo ser yo sí quieres, llevo una semana sin diversión de ese tipo. —No digas tonterías. Se encogió de hombros. La tarde paso fácil, me sentí bien en compañía de ellos. En especial de Owen, sus rasgos me hacían sentir en confianza, la manera en la que hablaba y se desenvolvía me decía que ocultaba algo, que estaba nervioso por algo. Y eso me gustó. Me levanté para ir a buscar una bebida y cuando la serví apareció Dante. —No crees que ha sido bueno vernos. —Nos hemos visto antes—respondí indiferente —Mataste a Jock Hades. Lo miré con sorpresa y el tenía una sonrisa en el rostro. Mi corazón se había acelerado y mi pulso aumentaba con rapidez. —¿Que dijiste? —Que si extrañas a Jock —Lo extraño, después de todo no era tan malo. —Pienso lo mismo, espero que atrapen a ese desgraciado. La señora Marbella piensa que ha sido alguien de su círculo de amigos. —¿Y eso?—pregunté viéndolo. —Es lo que cree, pero no sé lo digas a nadie, podría ser cierto y lo arruinaría todo que el se enteré. —Tienes razón—bebí un poco—¿Sabes algo más? Me preocupa este tema. Dante se puso nervioso y cerró los ojos. El no pensaba decir nada más, sin embargo, no iba dejarlo ir tan fácil. —Jock y yo nos llevábamos bien ¿Sabías? —¿De verdad? Pero siempre discutían —Era nuestra forma de amistad. Es como con Harry—mencioné—Nunca vas a escucharme alagar a Harry, pero siempre voy a quererlo. —Comprendo—murmuró—La madre de Jock está muy triste, ella piensa que fue uno de sus amigos, por envidia quizás. —Puede ser—reflexione junto a él—¿No han sabido nada más? —Han intentado hablar varias veces con el vecino. Pero hasta ahora no ha querido decir nada, según el pueden encontrarlo. —¿Quién? —El monstruo de los ojos color miel. Intenté recordar que lentillas había usado esa noche y Harry entró a la cocina. Nos vio y se retiró sin decir nada, el chico frente a mí puso una sonrisa y me dio una pequeña palmada en el hombro. Las cosas habían salido peor de lo que esperaba, la madre de Jock pensaba que había sido uno de sus amigos, el vecino me había visto y Betsy amaba tanto al estúpido chico que iban a casarse. Quizás al momento no lo pensé, pero matar una persona conllevaba más cosas de lo previsto. Me quedé viendo el suelo mientras bebía mi maracuyá y recordé a Bella, aquella chica con cáncer que aún no lograba vivir la vida. Y que nunca llegaría a hacerlo o al menos eso pensaba. La primera vez que la vi me quedé tan quieto observándola que había sentido una corriente eléctrica envolverme. Parecía como un rayo, uno de esos que caen y te matan en su totalidad. Así lo había sentido, la chica que miré era preciosa. Quería que nos viéramos. Quería verla más de cerca. Ella era lo más parecido al desastre. Y yo amaba el desastre, algo tan puro como eso no tenía comparación. Me fui nuevamente a la sala y me despedí de los chicos. Todos asintieron, no me dijeron nada y salí con el móvil en las manos. Hades: ¿Ya estás muerta? Bella: Eso quisieras. Hades: Quisiera verte. Bella: El sábado. Me quedé viendo su mensaje, el sábado. Repetí en mi mente. El sábado podía ver a la chica con cáncer que le gusta leer el periódico, aún no entendía porque me parecía menos desagradable que las demás personas. Pero su forma de hablarme, la manera en que dice las cosas y como se expresa. Me decía una cosa. «Tengo que conocerla» Tomé la perilla de la puerta y entré, todo estaba como lo había dejado. Visitaría hoy al supuesto vecino del que todos hablan, le pedí a Harry que me mandará una descripción por mensaje y se antojó de venir conmigo. No me quedé, no dije nada. Solo accedí. El maquillaje estuvo listo a eso de las siete. Harry no había llegado y cuando iba a salir apareció vestido de n***o y unas lentillas verdes. Lo miré de arriba abajo y le hice una seña para que se montará en el auto. El camino fue placentero, las calles se veían iluminadas, los árboles estaban más verdes de lo usual y tenía una gran vista del panorama. —Es él—un señor mayor, sin nada de cabello y una barriga mediana apareció. Estaba frente a la casa de Jock regando las plantas. Me preguntaba que hacía ahí. El sabía que Jock estaba muerto y aún así se tomaba la molestia de realizar semejante idiotez. Me bajé del auto y le indique a Harry que se quedará adentro, no era necesario que lo vieran. Necesitaba un comodín y el podía serlo. Con delicadeza me acerqué a él y le toqué el hombro. —Señor—su vista subió hasta mis ojos y los cerró, con miedo, con pavor. —Eres tu —No se de que habla —Tu mataste al chico, jamás podré olvidar tus ojos. —¿Como se llama?—ignoré su pregunta. —Lucas —Bien Lucas, entremos a su casa. —¿Me matará? —Ya lo veremos—sonreí.
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