Capitulo 30

1937 Palabras

La luz cálida de la lámpara de escritorio iluminaba su rostro mientras sus ojos se deslizaban por la pantalla de su laptop, absorbiendo las palabras de un artículo que aún no lograba digerir del todo. La noche había caído con su habitual calma, y el sonido de sus dedos moviéndose sobre el teclado era lo único que rompía el silencio. En la ventana, la ciudad parpadeaba con luces distantes, un recordatorio de lo que ocurría fuera de su pequeño refugio personal. El repiqueteo del teléfono móvil sobre la mesa hizo que Isabella dejara de teclear. Sonrió sin aún ver de quién se trataba, pensando que se trataba de Daemon. Aunque había sido claro que no le escribiría hasta que hicieras sus tareas. Con una mirada cansada, estiró el brazo para tomar el dispositivo. El nombre de su padre brillaba e

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