El eco de las palabras de Jayden aún flotaba en el aire cuando Cataleya sintió cómo la realidad la golpeaba con la fuerza de un huracán. Su pecho se contrajo en un espasmo de angustia, y sin decir una palabra más, salió de la sala con pasos apresurados. Gael la siguió con la mirada, pero no se atrevió a detenerla. Sabía que su madre no estaba simplemente molesta; estaba reviviendo un dolor que nunca había sanado. Cataleya caminó por el pasillo de la mansión hasta llegar a su habitación. Cerró la puerta con suavidad, pero en cuanto la madera hizo un leve clic, su cuerpo se derrumbó. Apoyó las manos sobre la cómoda, tratando de calmar su respiración acelerada. Pero fue inútil. Las imágenes del pasado la arrastraron como una corriente imparable, devorándola por completo. El recuerdo la gol

