Capitulo 5

893 Palabras
Charlotte — Charlotte — volteo a mirar a Matt, el cual se encuentra frente a su portátil. Mientras hacía no sé qué cosa del trabajo. Como no podíamos irnos de luna de miel por el momento, debido a que estamos en mitad de semestre. Nos tomamos una semana para estar los dos en casa. Luego, arreglaríamos la luna de miel. Ambos estamos en la cocina, la amada cocina del penthouse. Un lugar que al igual que todo el penthouse es amplio. De color blanco, y con los mejores artículos que toda mujer desearía en su cocina. Él sentado en la encimera, y yo frente a él observándolo mientras devoraba unas fresas que él me había traído. Para que estuviese tranquila y lo dejaste trabajar. Palabras de él, no mías. — ¿Sí, Matt? — entrecerró los ojos. En mi dirección. Matt solía, con tan solo una mirada, estremecer a la gente. Pero, él había perdido su encanto conmigo. Porque yo le retaba con un mirada igual de "intimidante". — ¿Por qué estás vestida así? — sabía qué quería decirme. Pero decidí hacerme la que no entendía, mientras me llevaba una fresa a la boca —. No estoy jugando contigo, Charlotte. Tenía puesto un vestido cortisímo. De color rosa. Era de seda. Pero se transparenta todo, ya que no estaba usando ropa interior. — No sé de qué hablas, cielo. Y ahí estaba, mi posesivo esposo. Mirándome con el ceño fruncido. Su intención supongo era intimidarme, y al contrario solo logró que me excitara y mis pezones se pusieron alerta. Reclamando atención. — Ponte en cuatro — su orden fue acatada con lentitud. Puesto que esperaba que me llevase a nuestra habitación, incluso al sofá. —. Charlotte, sabes de sobra que detesto compartir lo que es mío. Destesto que quieras mostrar lo mío a alguien más. Sabía a qué se refería. Cómo decidimos quedarnos en casa, mi amigo David decidió traerme los apuntes de los días a los que voy a faltar a clases. Y hoy, se supone que debía venir. Eso me dijo en el mensaje que leí yo. Sin saber que Matt también lo hacía. Y ahora está un tanto posesivo por mi "vestuario". Sentí como Matt se retiraba, ladraba un par de órdenes que a mis oídos eran inconclusas — supongo que le pedía a los esbirros que se retiraran— y volvía segundos más tarde. Sabía que no debía elevar la mirada, Matt estaba furioso y yo estaba ansiosa por recibir mi castigo. Elevó la tela del vestido, y sentí un golpe seco en mi culo. Que me hizo gemir. ¡j***r! Quería más de eso. Desconocía que a Matt le fueran esos jueguitos, como la fusta, pero al parecer tendré que portarme mal siempre. Porque amaría ser castigada. — Mis hombres están por la casa, Charlotte. Lo sabes. Pero al parecer amas provocarme — sentí cómo me volvía a golpear con aquella cosa. Haciendo que, si en un inicio mi parte íntima estaba mojada, ahora siento como chorrea por mis piernas. E incluso visualizo cómo hay gotitas en el piso de porcelanato blanco del penthouse —. Tu supuesto amigo venía a visitarte hoy, cariño. Y no acepto que alguien más vea el cuerpo desnudo de mi mujer. Él único que debe verte y tenerte soy yo. Esos delicioso senos me pertenecen y en un futuro, nuestros hijos también se adueñaran de ellos. Así que, que sea la última vez que pase algo similar, mujer. ¿Queda claro, Charlotte? Trato de ignorar el hecho de que, ha afirmado que tendremos hijos en un futuro. Cosa que ya sabía, pero siempre se sentía como la primera vez. Y, sabiendo que lo que diría a continuación lo enojaría susurro. — Sí, daddy. Y así fue, lo siguiente que sentí fue como sustiye la fusta por su fuerte mano. Éstos castigos me encantan. — Charlotte Harmont — lo escucho. Atenta. Mientras lo tengo frente a mí. Elevo el rostro, y, observo que está desnudo. Con su m*****o erecto frente a mí rostro. Mientras que con una de sus manos se estimula a sí mismo. Con la otra carga un bolso que no quería que descubriese. — Has sido una chica traviesa, preciosa — del bolso, extrae uno de los consoladores que suelo usar —. Me pregunté por qué tanto misterio en impedir que alguien tocará tus pertenencias. Así que, luego de un juego s****l y que mi esposa se quedará dormida abrí su maleta. Qué sorpresa me he llevado. Al parecer mi mujer no es tan pura como me hizo creer. Quiero verte, quiero que éste vibrador que tanto amas, haga lo que solía hacer contigo cada domingo por la tarde. Supuse que, si sabía eso es porque había leído mi libreta de "vivencias candentes de Charlotte". Donde escribía, lo que hacía cada domingo por la tarde, luego de descubrir lo que eran los deseos sexuales. —En un futuro, amaría escuchar de entre tus labios todo lo que escribiste aquí. Preciosa, abre las piernas para tu esposo. Y eso hice. Matt se encargó de el vibrador. Mientras que se ponía frente a mí. Con claras intenciones. Y sí, quería que lo masturbara, quería follarme la boca, mientras sentía cómo el vibrador me consolaba. Amaba la nueva tradición de los miércoles por tarde. En la cocina del penthouse.
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