Capítulo 11

564 Palabras
Narra Nathaniel. Presente. ¡Oh! Estoy sorprendido. No puedo dejar de observar a la hada que está tomando notas en su libreta, mientras mueve la nariz y se muerde el labio inferior. Diosito, ¿Me he muerto y ahora estoy en el cielo? Porque ahorita estoy viendo un ángel. He tenido a muchas mujeres de pelo castaño y ojos claros. Pero es que esta mujer me tiene casi con la boca abierta.  No he tenido esta reacción con ninguna mujer, con ninguna sumisa. Ni siquiera en mis años de adolescente con Charlotte. Escucho que Jessie, mi hermana, le pide lo que quiere de comer a la mesera. Ella asiente y anota rápidamente en una pequeña libreta.  Yo sigo viéndola. Como idiota. Es que estoy anonadado con su belleza. Ella dirige su vista hacia mí. Y hasta aquí llegué. Tiene ojos azules. Pero es un azul que te atrapa. Ni siquiera sé como describirlo. De repente quiero cargarla sobre mi hombro y llevarla a un lugar seguro, lejos de todo hombre que pueda verla.  Estoy impactado. No sé qué me pasa. De verdad, no recuerdo un momento así. —¿Nathaniel? —Jessie me habla y es ahí donde regreso a la normalidad. —Lo siento. Estaba pensando en otra cosa. —Doy una pequeña sonrisa. Jessie me mira confundida. Y luego se ríe. Obvio nota de lo de mi interés hacia esta cosita preciosa, con cabello castaño. Jessie sigue riendo La muchacha, Daphne, me vuelve a ver con una ceja levantada y con indiferencia. Oh vamos. Cada mujer del puto planeta que me ve cae rendida a mis pies. Y en este momento soy yo el que estoy babeando. Debería ser al revés, ella debería de estar babeando por mí.  —¿Su orden? ¿Señor? —Dice con una dulce voz. Oh por Dios. Su voz. Al decirme señor, mi polla se levanta. Ni me acordaba que existía. Llevo tantos meses sin una sumisa que ahora toda esa tensión quiere explotar al ver a esta mujer. El trabajo me mantuvo ocupado y por eso no recurrí a que Charlotte me buscara a otra mujer. Tengo que pensar en algo más y dejar de ver a esta chica si no quiero tener una jodida erección frente a mi hermana. Que incómodo.  —Eh, por favor dame una lasaña de carne. —Le digo mientras la observo apuntar rápidamente. —Buena elección. Para mí es el mejor platillo que hacen aquí. —Dice la mesera con una sonrisa. —Si no necesitan nada más. Me retiro. Lo que quiero es darte unos bonitos azotes por decirme señor. Y después compensarte por lo educada que eres. En ese trasero que rebota cada vez que camina rápidamente. Oh sí, la estoy observando. Y me sigo empalmando. Como un jodido adolescente. Cálmate, Hudson.  —¿Qué fue todo eso? —Jessie pregunta y empieza a dar aplausos como una pequeña niña. —¡Te gusta!  Y ahí vamos de nuevo. Por eso no me gusta mostrar mis emociones frente a mis familiares. Ahora Jessi estará detrás mío exigiendo saber respuestas. Es la primera vez que muestro interés en una mujer frente a mi hermana o a cualquier persona de mi familia.  Estoy seguro que apenas vaya al baño, mi hermana le contará a mamá y a toda la familia que no soy gay. Porque ellos también lo creían.
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