Narra Nathaniel.
Presente.
Mi hermana y yo estamos en un restaurante italiano. Es de mi gran amigo Luigi. Lo conocí en Italia y le ayudé a abrir su primer restaurante aquí en Seattle. Soy otro silencioso socio que le ayuda a sus amigos. Él tenía mucho potencial y después de que lo despidieran, le salvé la vida y le di la oportunidad de ser un famoso chef. Eso sí. En mi ciudad, donde soy el rey del mundo. Bueno, del lugar.
Desde que probé su comida, quedé encantado y sabía que podía ayudarle a crear ese restaurante con el que tanto soñaba. Eso me hizo sentir mejor. Ayudé a alguien talentoso y ahora es un chef reconocido. Me siento orgulloso por él y por mi instinto. Significa que donde sea que pongo el ojo, eso será un buen negocio.
Luigi no me debe nada. En los primeros meses pudo devolverme todo el dinero que le presté. Me impresionó bastante.
—¡Nathaniel! ¿Cómo estás? ¡Bienvenido! —Dice con su acento italiano.
No puede dejar de hacerse notar, además, llama la atención por todo el ambiente del restaurante y eso.
—Hola Luigi. Bien, bien. Hoy traje a mi hermanita, para que probaras tus delicias. —Le presento a mi hermana.
Luigi no pierde el tiempo y saca su lado galán con un familiar mío. No puede ser que le eche el cuento frente a mí. Ruedo los ojos mientras siento como la furia crece en mí.
—¡Oh! ¡Señorita Hudson! Un gusto conocerla. — Le da un pequeño beso en la mano con coquetería.
Jessie sonríe tontamente. Luigi es un hombre atractivo. Y no pierde el tiempo cuando ve a una muchacha bonita. Y ahora estoy molesto por esas acciones. Y está viendo a mi hermana. Eso es lo malo.
Malo para él.
—No coquetees con mi hermana, Luigi. —Gruño.
—¡No coqueteo! Sólo soy amable. —Le guiña un ojo. —¿No conoces la hospitalidad de un italiano, Nathaniel? —Se burla.
Sé qué me está tomando el pelo. Ellos no son tan cariñosos y galantes. Solo Luigi, y porque se aprovecha de su nacionalidad.
—Bueno. Vamos Jessie. —La tomo del brazo mientras ella sigue hablando con Luigi.
Me voy a enojar si salen. Luigi no la merece. Mi hermanita es de las personas más importantes de mi vida.
Nos sentamos en una mesa apartada de todos. Es un poco más privada. Aunque sea una salida informal de hermanos, no me gusta que las personas tomen fotografías o que la prensa comience a molestar. Tienen una imaginación muy extraña y siempre buscan afectar a los demás.
Pero es el trabajo de ellos, cada quién gana su dinero, aunque sea bueno o malo.
Comenzamos una conversación amena. Le pregunto sobre sus estudios y ella me dice que está muy emocionada con su curso de ballet en la universidad. A ella le gusta lo artístico y es muy buena en lo que hace. Así que me explica lo movimientos que está aprendiendo, con nombres en francés.
Yo hago como que le entiendo pero, obviamente no conozco nada de su especialidad. Le ayudé en su primer año para pagar su costosa escuela.
Aunque ella quiere trabajar para devolverme lo que gasté. Y no lo gasté en vano. Es una inversión porque a ella le gusta lo que hace.
Minutos después, una mesera se acerca y nos entrega el menú. No le presto tanta atención hasta que abre su boca para hablar. Una dulce y suave voz sale. Dejándome aturdido, como si estuviera en otra dimensión.
—Buenas tardes. Soy Daphne, con gusto los voy a atender.
Levanto la cabeza y me quedo petrificado. ¿Quién es ella? ¿Acaso salió de un cuento de hadas y ahora está atendiendo mesas? No puede ser. Debo de estar soñando, es eso.
Me volví a quedar dormido encima de los papeles en mi oficina.
Por supuesto que es eso. Porque sino, ¿De donde salió?
¡Dios mío! Que mujer más bella.