POV Morgan Wright
Los minutos de espera solitaria en la sala del hospital fueron haciéndose largos, cargados de incertidumbre, hasta que se extendieron para hacerse una hora en la que estuve con los nervios al borde. He pensado en todo y en nada a la vez; mi mente es un lío porque la preocupación por el hermano de Rino me tiene en vilo. Además, él mismo, Rino, no ha regresado a decirme algo; pero lo que me ha dejado más desconcertada fue aquel efímero intercambio que tuve con la señora Susane.
Miro por el pasillo por donde se fue y aún recuerdo sus palabras como si las estuviera susurrando en mi oído: “La admiración terminó en el momento en que mencionaste tu vulgar apellido”. Nunca había escuchado a nadie expresarse así de mi familia. Al contrario, todas las personas que se encuentran con mis primos se convierten en súbditos o, dicho de formas más vulgares, unos lameculos orgullosos. Qué decir del abuelo Enzo, la última vez que me pidió que lo acompañara al club Golden, hubo personas que lo compararon con el mismísimo rey de Inglaterra. Pero ahí está Susane Blossom, acusando a mi apellido de vulgar.
Sin duda, esto causaría diferentes reacciones: Denver lo ignoraría; Aidan se enojaría con la ofensa escrita en la cara, mi madre se reiría de ello, diciendo que al fin y al cabo los Wright somos unos mortales a quienes la sociedad les ha dado el derecho de creerse reyes; pero el abuelo Enzo miraría a Susane Blossom con odio y, luego de golpear su bastón en el suelo, como suele hacer, encontraría la forma de burlarse de ella.
Desde que el abuelo nos confesó que aquel accidente, donde perdió la memoria por un largo tiempo, fue provocado por su rival, su odio hacia ella no pasa desapercibido. El verdadero misterio en todo esto es que no nos ha dicho por qué su rivalidad es tan letal. No es algo que le pueda sacar al abuelo; ni siquiera Aidan lo ha hecho (creo). Estoy segura de que el único que lo sabe es Denver, ya que a ese demonio, a pesar de ser el más callado, no se le escapa nada.
Me echo hacia el respaldo de la silla, sintiendo demasiado frío por el aire acondicionado. Esta noche ha sido una locura. Definitivamente no creí que terminaría en la sala del hospital Hillman esperando noticias de Garrett Blossom, mientras me pregunto sobre la rivalidad de mi abuelo con su familia. ¿Es tan malo lo que haya pasado como para que el abuelo me prohiba acercarme a ellos?
Quizá. El abuelo es un hombre duro, pero cuando se trata de la familia es más sensible. Incluso le permitió a Aidan volver con Samara cuando creyeron que ella era una impostora. ¿Me perdonaría si se enterara que me atreví a besar a Rino? Estoy pensando demasiado y mi conclusión es que no sé cómo debería reaccionar.
—¡Garrett no se hizo esto solo!
Me levanto de golpe al escuchar la voz de Rino. La recepción sigue vacía desde que la chica grosera se fue por petición de la señora Susane. No hay ninguna otra persona aquí y solo he visto a dos enfermeras que desaparecieron hace rato. Sí, he estado sola en un lugar frío, incapaz de irme.
Avanzo hacia donde escuché la voz y veo a Rino de espaldas, hablando con una mujer que reconozco como Karina Blossom, su madre. Lleva un conjunto color ciruela, un moño apretado y una cara de quien está a punto de ceder ante el dolor.
—Se rompió el brazo, madre. Esto no fue en las escaleras… —le dice Rino.
—Synók —se dirige a él con un tono cansado. No entiendo lo que dice porque parece ser otro idioma. Rino sí lo hace, porque deja caer los hombros y se acerca más a su madre, quien le susurra un par de cosas en aquel idioma que creo es ruso, pues se sabe que ella es una mujer rusa que encontró el amor con un importante político londinense—. Ambos sabemos lo que pasó, pero finjamos que fue en las escaleras.
—Estoy cansado de que se desquite con Garrett… Está llegando muy lejos.
—Estaba enojado porque te escapaste del evento. Ya lo conoces, odia cuando lo desobedeces.
—No soy un niño, madre.
—Pero eres el pilar de esta familia, solo quiere que cumplas con tu rol. —Ella lo toma por las mejillas y lo mira con lágrimas en los ojos—. Sé que es difícil, pero hazle caso por ahora.
—Ya me estoy cansando de esto. Garrett no puede volver a salir lastimado...
—No lo hará si haces lo que debes —la voz de la señora sale en una súplica parecida a un sollozo.
—Lo que debo hacer es hablar con la abuela Susane. Ella es más racional… No dudará en ayudarme si se lo pido.
—No deberíamos meter a tu abuela en esto.
Mi cuerpo se tensa ante la nueva voz que se une a la conversación, Susane Blossom:
—¿Por qué no deberían meterme en esto? —Ella se acerca a ellos con pasos seguros, y cuando se detiene, apoya su bastón en el suelo con un sonido imponente que retumba en el pasillo—. ¿Piensas dejarme por fuera de los asuntos familiares, para que no me dé cuenta de la incompetencia de mi hijo?
—No debería hablar así de Roland —pide Karina, sin atreverse a mirar a su suegra.
—Soy su madre, más que nadie tengo derecho a mencionar su incompetencia a la hora de cuidar de sus hijos. No puedo creer que Garrett esté en el hospital de nuevo por unas estúpidas escaleras, mientras él se pelea con medio mundo por averiguar el paradero de Rino. —Susane responde sin gracia, con una mueca irónica—. Ya no me sorprende que los dos sean unos pésimos padres, porque tú eres una inútil que no ha podido cuidar a sus hijos.
—Mum… —interviene Rino, dirigiéndose a su abuela—. Por favor…
Susane se vuelve hacia Rino con una expresión más suave. Por poco desaparece esa expresión dura que la caracteriza.
—Solo porque me lo pides, lovie.
Me quedo consternada por un momento, ella incluso se dirige a él con un apodo demasiado afectuoso. Ya no parece la abuela gruñona, y me recuerda mucho al abuelo Enzo. Es un gruñón con todos, pero conmigo es un ángel.
—No te preocupes, Rino. Me llevaré a tu hermano a mi casa hasta que se recupere, no confío en el inútil cuidado de tus padres.
—Preferiría que Garrett se quedara en casa con nosotros —comenta Karina, con un poco de valor.
—Y yo preferiría ser la reina de Inglaterra, pero no se nos da todo, nuera. Me llevaré a Garrett y, dile al incompetente de mi hijo que necesito hablar con él. —Luego se inclina sobre Rino para darle un beso en la frente—. No te preocupes por Garrett, lovie.
—Gracias, mum.
—No me agradezcas, no hay nada que no haría por mi querido nieto.
—Lo tengo en cuenta, cualquier cosa.
—Cualquier cosa —Susane se aleja, luego mira hacia mí y su sola mirada oscura hace que me congele—. Cualquier cosa, excepto acercarnos al vulgar apellido Wright.
Y luego se retira, dejando a su nuera temblando y a su nieto un poco más tranquilo. Yo, en cambio, sigo sintiendo el peso de su mirada arrastrándose por mi piel.
—Me quedaré aquí con Garrett hasta que la abuela se lo lleve —le dice Rino a su madre, luego la abraza—. Sé que la abuela es dura, pero hace lo mejor para nosotros.
—Siempre estás de su lado, hijo…
—Y tú siempre estás de lado de tu esposo, madre. Estamos en bandos diferentes, pero no quiero discutir contigo.
—Ya tebya lyublyu —le dice ella. Gracias a las clases de ruso que he tomado con Denver, sé que le acaba de decir “Te amo”.
—Y yo a ti. Llamaré a Jonny para que venga por ti.
Karina trata de formar una sonrisa. Las lágrimas se dispersan de sus ojos y mira a su hijo como si él fuera la esperanza de su vida. Rino hace una llamada al tal Jonny y, mientras él habla, su madre mira al suelo con tristeza. A pesar de lo linda que es, su semblante parece el de alguien que ha sufrido toda su vida. Es tanta la aflicción que refleja que se me hunde el corazón, sintiendo una fuerte empatía por ella.
Avanzo dos pasos hacia adelante. Mis botines rechinan en el suelo, lo que llama su atención. Su mirada se concentra en la mía, sus ojos parecen de una miel apagada, triste. Aunque toda aquella melancolía se ve reemplazada por una repentina agitación, parece asustada al verme. Ella toma el brazo libre de Rino, como buscando refugio. Instintivamente, retrocedo.
—¿Qué suce…? —La voz de Rino se corta al verme. Baja el celular y se lo mete en el bolsillo—. Vino conmigo.
—Es la chica Wright… —murmura su madre, negando con la cabeza.
Rino le alisa el cabello, luego le dice algo al oído que la hace asentir. Él avanza unos pasos hacia mí y yo también lo hago.
—Pensé que ya no estabas aquí… —me dice con una mirada apagada.
—Quería saber cómo estaba tu hermano. No podía irme…
—Garrett está bien —me interrumpe—. Ya puedes irte a casa. Nuestra noche espe… —Se interrumpe, cierra los ojos como si le costara decir la palabra "especial"—, la noche terminó para nosotros.
Por alguna razón siento que no se refiere únicamente a esta noche. Sus palabras suenan a una despedida… definitiva.
—¿Volveremos a hablar? —En aquella pregunta pongo toda la esperanza que me queda.
Rino busca mi mirada y en ella puedo encontrar una respuesta que no me gusta. Él mantiene el contacto visual, mientras el pasillo se llena con el sonido de pasos detrás de mí, y al reconocerlo, mi corazón se aprieta.
—Señorita Mozart, fue la mejor noche de mi vida, pero nunca podremos tener más que eso… —su tono baja, arrastrando las sílabas con dificultad. El escozor empieza a formarse en mis ojos y aclamo toda mi fuerza para no dejar caer las lágrimas—. Lamento que haya sido tan fantástica y tan terrible a la vez. Me quedaré con el recuerdo de la chica más increíble…
Un nudo se forma en mi garganta, como si alguien estuviera apretando con fuerza. Sé que, si no logro controlar mi respiración, las lágrimas vendrán solas. El problema es que, aunque no quiero deshacerme frente a él, aquí, en medio de un pasillo de hospital donde tenemos testigos, no creo poder detener lo inevitable…
—¿Tiene que ser un recuerdo? —Me acerco a él, acabando con la distancia, a la vez que escucho los pasos detrás de mí acercarse. Sé de quién es esa presencia tan arrasadora—. Esta noche puede terminar, pero lo especial puede durar más…
—Morgan —la firme voz de mi primo Aidan me llama.
Lo ignoro, concentrándome en Rino, quien parece tener una batalla consigo mismo.
—Qué más me gustaría, señorita Mozart —susurra Rino, cerca de mi rostro.
—Entonces, no renuncies… Yo siento…
—Sé lo que sientes y es por ello que debemos detenernos ahora. Yo no puedo corresponderte, no puedo lastimarte.
—Morgan, vamos ahora —insiste Aidan.
—¿Qué es lo que sientes por mí, Rino? —le pregunto con la voz impregnada de miedo.
Él levanta una mano para tocar mi cabello, lo acaricia suavemente hasta que Aidan se acerca para apartarle la mano y tomarme del brazo.
—Dime, Rino… —le pido, cuando la primera lágrima baja por mi mejilla.
—Anhelo… —murmura Rino—, el anhelo de…
—Basta, Blossom —le dice Aidan, notoriamente enojado—. No te acerques a ella.
Rino avanza hacia mí, pero ahora siento la presencia de Denver a mi otro lado. Él, como siempre, no necesita muchas palabras para expresar lo que quiere, tan solo se limita a regalarle una mirada indecifrable a Rino.
El pecho se me hunde cuando Rino retrocede, me regala una sonrisa triste y dice:
—Es meus desiderium amarissimum et dolor dulcissimus, bellachaos. —Son las mismas palabras que me dijo cuando estábamos en el restaurante de Hope y sigo sin entenderlas. Al parecer, el único que las entiende es Denver, ya que veo cómo su mandíbula se tensa. Aidan solo me aleja—. Qué tengas una buena vida, mi señorita Mozart.
Él se aleja de una vez por todas y, no soy tan masoquista para ver cómo se marcha. Me suelto del agarre de mis primos y, mientras mis ojos se nubilan por las lágrimas, salgo corriendo sin rumbo.