Angelo –¡Qué desgraciados! ¿Planeaban iniciar toda está mierda sin mi? ¿Y así dicen llamarse amigos? La repentina pero repuesta y mejorada presencia de Fernando nos sorprendió cuando abordamos los vehículos que nos llevarían hasta la misión de desocupar la casa principal Testa. La última vez que lo había visto fue mientras estaba dopado y conectado a una máquina que le ayudaría a sobrevivir tras las operación en la que le extrajeron dos balas del cuerpo. Afortunadamente el muy maldito sobrevivió y en cuestión de algunas semanas de reposo absoluto, contra el pronóstico de su médico y mi propia madre, se encontraba dispuesto a acompañarnos. –¡Hombre! –Exclamó Alonzo corriendo a abrazarlo– Mira nada más que bien te ves. ¿Pretendes arriesgar toda esa mejoría con nosotros? –Hasta las

