Angelo La imagen de Emiliana siendo amedrentada y acosada por Santino, no paraba de darme vueltas en la cabeza. Mi chica era fuerte y siempre estaba alerta a cualquier peligro, sin embargo nuestro enemigo era mucho más impredecible que cualquier valerosidad. Llegué frustrado hasta la cama en la que pretendían que mantuviera reposo pese a que me resultaba imposible hacerlo sin ella a salvo. Pateé una de las sillas contiguas a mí olvidando mi condición. Detestaba que Santino me ganara la partida en un juego que se supone ya tenía bien planeado con antelación. –¡Maldito Santino! –grité en un momento de debilidad. –¿Angelo? –Alonzo apareció allí, avisado por el tremendo ruido que hizo el objeto al impactar violentamente contra el suelo– ¡No hagas este tipo de esfuerzos! ¡Cálmate! –

