Capitulo 11
Brenda se pasea en todas las tiendas y yo la sigo. La ayudo a escoger, me emociona hacer eso, es como si tuviera una hermana menor y viniéramos de compras. Salimos del centro comercial y nos dirigimos a la mansión, Brenda ha comprado muchas cosas, le gusta mucho comprar. En cambio yo no he comprado nada.
Llegamos a la mansión y nos bajamos de la camioneta y algunos de los hombres suben las bolsas de Brenda. Yo subo a la habitación y me doy un baño, hemos pasado la mañana y parte de la tarde en el centro, ya son las tres de la tarde.
Me baño y me pongo ropa, salgo del vestidor y me encuentro con el pelinegro sentado en la cama, me acuesto en un mueble que hay en la habitación y espero a que el hable.
—Brenda me ha dicho que no has querido comprar nada -me dise.
—No quería nada y aparté cuando me secuestraron no sé qué hicieron con mis tarjetas. Cuando llegue a Italia sacaré una nueva -le digo y cierro los ojos.
—Toma -me dice y abro los ojos.
Me entrega una tarjeta de crédito y yo me quedo mirándola y después lo miro a él, le sonrió y se la devuelvo.
—No necesito tu dinero -le digo y vuelvo a cerrar los ojos.
Escucho que sale y da un portazo, si se cree que me puede domar con dinero, como lo hace con las otras, esta muy equivocado. Estará muy bueno y todo lo demás, pero no me va a manejar con su estúpido dinero de mierda.
Estoy muy cansada y me quedo dormida.
Siento que alguien me mueve y abro los ojos, el pelinegro esta ahí parado en frente de mi, no digo nada y me paro del mueble.
—¿Que quieres? -le preguntó entregándome los ojos.
—Te vine a buscar para que bajaras, vamos a cenar -me contesta.
—Deja cambiarme la ropa y bajo -le respondo.
—Te espero -me dice y se sienta en la cama.
Voy al vestidor y agarro un vestido sencillo, entro al baño y me aseo para ponerme el vestido. Cuando estoy lista salgo del baño y el pelinegro me está esperando ahí.
—Ya estoy lista, vamos -le digo y este se para.
Se acerca a mi y me agarra de la cintura, no protesto y bajamos hasta el comedor donde están todos sentados. Saludo a todos y me siento al lado de Carsten. Comenzamos a comer y platicamos.
—¿Cuantos años tienes, Hadley? -pregunta el señor Benjamín.
—Tengo veinte, señor -le respondo.
—¿Que estudias? -interroga.
Narra Carsten
—¿Que estudias? -le pregunta mi padre a Hadley.
Veo que está nerviosa y mueve su pierna y juega con sus dedos.
—Todavía no estoy en la universidad. Justo hace unas semanas iba a entrar -le respondió ella mirando sus manos.
—Que raro, pensé que ya casi estabas terminando -le dice mi padre y yo lo miro extraño.
Mi padre está haciendo muchas preguntas cuando casi ni habla, veo que los ojos le brillan un poco y baja la cabeza sonriendo.
—Tuve problemas personales y no pude estudiar -le responde y puedo ver que sus ojos oscurecen y aprieta el cuchillo que tiene en sus manos.
Lo baja y veo como se corta en la pierna y ni siquiera pone cara de dolor. Bajo mi mano a su pierna y siento la sangre, le quito el cuchillo y agarro una de las servilletas que hay encima de la mesa y se la pongo en la cortada que tiene.
Pero, ¿que mierda?
Ella no me mira ni dice nada, mira a todos con una sonrisa y me sorprende con la habilidad que cambia de humor y no pone cara de dolor por la presión que le estoy poniendo en su herida.
Ella baja su mano y la pone encima de la mía, me agarra la muñeca y quita mi mano de su pierna. Continuamos comiendo y platicando normal, mi padre y mi madre cuentan anécdotas de su vida cuando estaban más jóvenes, veo de reojo a Hadley y esta sonríe.
—Carsten, ¿iras con nosotros a Francia? La próxima semana se cumplen cuatro años de la muerte de los Bonatti, iremos a la iglesia y luego al cementerio, Evan y Amber Bonatti, nos han llamado -me dice mi padre.
No confío para nada en ese hombre y su hija es muy intensa, desde que me vio en el funeral de los Bonatti, se me acerco y me intentaba sacar plática, cosa que yo nunca le respondía y acumulaba raro. No confío en ninguno de ellos.
—No lo sé, sabes que ese hombre no me cae bien y su hija está loca -le respondo con seriedad.
—Sí cambias de opinión los estaremos esperando allá -dice mi madre.
Seguimos hablando hasta que mis padres se despiden y suben a su habitación, mi hermana también se va y me quedo solo con Hadley. Ella está algo nerviosa y no me explico por qué, muerde su labio y juega con sus dedos mientras tiene la mirada puesta en la nada, está sumergida en sus pensamientos.
—¿Que te pasa? -le preguntó con el ceño fruncido.
—¿Que? -pregunta mirándome.
—¿Que te pasa, por qué estás tan nerviosa? -le preguntó otra vez.
—No me pasa nada -responde con una sonrisa. Se para y veo la línea de sangre que tiene en su muslo.
—¿Por qué te cortaste? -interrogó.
—No es nada, lo hice sin querer -responde bajándose más el vestido para que no se vea la herida.
—Vamos a la habitación, te voy a curar -le digo y me paro de la silla.
La agarro de la mano y me pongo en marcha hacia nuestra habitación. Subimos las escaleras y entramos a la habitación, cierro la puerta con seguro y nos conducimos hacia el baño.
Enciendo la luz y busco el botiquín de primeros auxilios, veo que Hadley está recostada del tocador, me acerco y la agarro de la cintura para subirla encima de este. Ella me agarra de los hombros y nos miramos fijamente a los ojos, cojo en botiquín y saco agua oxigenada, alcohol, algodón y vendas.
Subo su vestido un poco más y ahora que veo de cerca, tiene cortadas en los dos muslos, las marcas no se notan mucho pero si tiene muchas. Ella se da cuenta de que estoy mirando sus cicatrices y baja un poco su vestido para que ya no las pueda ver.
Yo la miro y ella tiene la cabeza agachada para que no la vea. Le curo su herida y nos quedamos en silencio por un largo rato hasta que decidí hablar.
—¿Por qué te haces esas cortadas? -le preguntó y ella sigue con la cabeza agachada.
Le agarro el mentón y alzó su cara para que me mire, veo que sus ojos están más oscuros de lo normal y eso me causa más curiosidad. No se qué problemas haya tenido pero lo quiero saber.
—¡Responde! -le ordenó y ella me mira enojada.
—No te importa, además no tengo por que contarte mi vida personal -me responde quitando mi mano de su mentón.
—Si me importa y quiero saber, si no me lo dices tú, averiguo a mi forma. Ya me conoces -le digo lo ultimo con una sonrisa.
—Me las hice hace tres años, tenía depresión y muchos traumas y problemas, me cortaba porque necesitaba calmar el dolor de mi corazón y me daba placer cortarme y ver sangre, me intente matar más de cinco veces y mi mamá me encerró en un psiquiátrico, ahí duré casi dos años y por eso no entré a la universidad y tengo estas cortadas. ¿Contento? -respondió llorando. Luego de unos segundos se dio cuenta de lo que me había confesado y se pasó las manos bruscamente por la cara —. ¡Maldita sea! No tenía por qué decirte todo esto.
Salió rápido al balcón y se paró en la barandilla, desde aquí puedo escuchar sus sollozos. Salgo al balcón y me le acerco por detrás, pongo mis manos en su cintura y la abrazo fuerte, la apego a mi y ella se da vuelta. Me abraza y entierra su cara en mi pecho.
—Perdón -le susurró.
—No importa, no es tu culpa, solo… no me gusta hablar de eso -me responde.
Después de un largo rato abrazándonos, yo agarro su mentón y subo su cara para que me mire. Veo sus hermosos ojos gris verdosos y sus hermosos labios, acerco mi cara a la de ella y la beso. Nos besamos apasionadamente y ella sube sus manos a mi cuello y posiciona sus manos en este.
Yo la agarro de sus caderas, la levanto y ella enreda sus piernas en mi cintura. Entro a la habitación sin romper el beso y la dejo en la cama, nos separamos y nos miramos a los ojos, en sus ojos puedo ver el fuego y el deseo.
—¿Estas segura de esto? -le preguntó.
—Si -me responde en un susurro.
Me quito el traje mientras Hadley me mira mordiéndose el labio, cosa que me excita más de lo que estoy. Cuando me quito todo voy donde está y le quito su vestido, lo tiro por algún lugar de la habitación y luego le desabrocho el sostén y este cae, liberando sus hermosos senos.
La acuesto en la cama y admiro su cuerpo entero, veo sus tatuajes y después la miro a los ojos. La beso y luego bajo hasta su cuello, reparto beso y le hago varios chupones -eso dejará marca-. Sonrió y bajo hasta sus senos para meterme uno de sus rosados pezones a la boca y acariciar el otro con mis dedos. Escucho como gime y yo sonrió.
Agarro sus bragas y las rompo, bajo a su feminidad y le doy un beso en su clítoris, esta se estremece y gime, me agarra del pelo y jala. Comienzo a hacerle sexo oral y la penetro con dos dedos, juego con mi lengua en su clítoris y siento como intenta cerrar sus piernas y me jala del pelo.
Su cuerpo se tensa y después de unos segundos llega al clímax y me da sus jugos que tienen un exquisito sabor. Subo hasta su boca y la beso con desesperación, posiciono mi polla en su entrada y la entro despacio, siento como rompo algo dentro de ella y sonrió.
—Soy el único hombre de tu vida, el único que te puede tocar y hacerte mía. Eres mía -sussurro lo ultimo con una sonrisa.
—Soy tuya -me responde y yo la beso.
Comienzo a moverme y Hadley gime, arquea su espalda y me agarra del brazo, yo la agarro de la cintura y comienzo a moverme más rápido. Ella gime y dice obscenidades, yo le hablo en alemán y eso la excita mas, salgo de ella y luego la penetro de una sola estocada, ella grita y yo la sigo follando duro.
Después de unos minutos llegamos al clímax juntos, me vengo dentro de ella y luego de unos segundo salgo de su interior. Me tumbo al lado de ella y duramos unos minutos así hasta que ella se sube a mi regazo y me mira con una sonrisa maliciosa. Comienza a moverse sensualmente y su trasero hace fricción con mi polla, logrando que esta se ponga más dura que un tronco. Ella agarra mi polla y mueve su mano de arriba a abajo y yo gimo y le hablo en alemán.
Ella se levanta un poco y con su mismas manos posiciona mi polla en su entrada, baja lentamente y cierra los ojos mientras gime. Mi polla entra por completo en ella y comienza a moverse en círculos, la agarro de la cintura y ella pone sus manos en mi torso. Comienza a montarme y da pequeños saltos en mi polla, gime y se mueve más rápido yo aprieto mis manos en su cintura y ella se agarra de mis antebrazos y echa su cabeza atrás dándome la mejor vista de sus hermosos senos.
—Soy tuya -dice entre jadeos.
—Eres mía -respondo.
—Tú eres mío -afirma y yo sonrió.
—Soy todo tuyo -le contestó.
Después de unos movimientos más nos corremos y Hadley se quita de encima de mi regazo y se acuesta a mi lado, nuestras respiraciones agitadas es lo único que se escucha en la habitación. Después de un rato nuestras respiraciones se tranquilizan y Hadley sube un poco su cuerpo y se afinca de sus codos. Me mira con una sonrisa y puedo ver el fuego en sus ojos -no se rinde-.
—¿Round tres? -pregunta con una sonrisa.
—Lo que tú quieras -le respondo con una sonrisa y agarro su cara y la beso apasionadamente.
Le doy la vuelta y la arrastro hasta la esquina de la cama y la pongo en cuatro, obtengo la magnífica vista de su hermoso trasero. Veo el tatuaje que tiene en la espalda y pasó mi mano por el, agarro su largo pelo y lo envuelvo en mi mano. La penetro de una sola estocada y comienzo a moverme, jalo su pelo y ella gime y se agarra de las sábanas mientras yo la penetro y jalo su pelo.
Le doy un azote en su nalga y ella ahoga un gemido de placer en las sabanas, le doy otro azote mientras la penetro duramente y ella pide que le dé más duro y eso hago. La penetro duro y ella grita y gime, le doy azotes en sus hermosas nalgas que ahora han adquirido un tono rojo y tienen mis manos marcadas, ella llega a su cuarto orgasmo y yo le sigo con mi tercer orgasmo. Nunca había cogido tan bien en mi vida, esta mujer cada vez me está envolviendo más.
Suelto su pelo y salgo de ella, nos acostamos y Hadley pone su cabeza en torso, nos abrazamos y le doy un beso en su cabeza, acaricio su espalda. Se que se hizo ese tatuaje para tapar algo porque siento cicatrices, pero no voy a preguntarle nada, ella me lo dirá cuando se sienta preparada para ello. El sueño me llega y cierro los ojos.