***April***
- ¡Oye Blake! - Llamé parándome de frente a ellos - ¿Por qué no lo dejas entrenar conmigo? Sería un buen compañero – le digo entusiasmada con la idea de aprovechar el entrenamiento como excusa para darle una paliza.
Realmente iba a disfrutar mucho poder humillarlo.
- No creo que sea una buena idea - me replicó Blake mirándome dubitativo. Sé que cuando me mira de esa manera significa que lo está considerando.
- ¡Vamos! - Le insisto suplicante - sabes que no hay nadie mejor que yo para entrenarlo - en eso al menos tengo razón. En este caso estoy segura que soy la mejor para entrenar al novato.
- Aun así, no creo que…
- Esta bien, déjame ser su compañero - pidió el chico nuevo y eso me hizo sonreír sorprendida a la vez que estaba fascinada por su reacción. No esperaba que él estuviera de acuerdo más que Blake.
- ¿Estás seguro de esto? - Le pregunta Blake mirándolo con preocupación y el novato le pone cara de consternación - ¿Sabes por qué no tiene compañero de entrenamiento? - Le vuelve a preguntar - al último lo envió directo al hospital - advirtió y él lo miro aterrado. Que divertido.
- Bu… bueno… - titubeo - estoy dispuesto a correr el riesgo - ¡Eso es! ¡Así me gusta muchacho!
- Esta bien muchacho, si es lo que quieres, es tu elección – dice Blake finalmente resignado y me mira para asentirme.
Logramos lo más difícil que era convencer a Blake. Ahora a divertirme con el novato. Pobre de él. Ni se imagina lo que le espera.
Le vi elegir una de las espadas de entrenamiento. Aunque eran de madera, eran realmente pesadas, y por lo que sabía de él, no tenía ni idea de cómo usarla. No pude evitar reírme. Qué bueno que traía la mascarilla, así no se notaba tanto que me estaba riendo. Pobrecito.
Mientras intentaba empuñar la espada lo menos mediocre que le fuera posible, me miró pensativo, casi como si tuviera ganas de preguntarme algo y lo miré asustada y con inquisición.
- ¿Qué sabes sobre lobos enormes? - Inquirió con una mirada de consternación, y… ¿Acaso estará hablando de los Huargos? Si es así, me sorprende que ya haya visto uno tan pronto. Los Huargos son criaturas muy territoriales y no suelen acercarse a la ciudad. Y si lo hacen no se dejan ver en sus formas lobunas..
- ¿Lobos enormes? – Confirmé confundida, no me parecía demasiado probable que realmente hubiera visto un Huargo tan pronto, ya que ellos normalmente son muy prudentes y como dije, no se muestran en su forma lobuna ante nadie ante nadie. Aunque…
- Si. Son como de mi tamaño o quizá más grandes – dijo y sí. Definitivamente hablaba de Huargos, pero por lo que oí, estos no eran Huargos normales. Por su tamaño, han de ser otra cosa más que un Huargo. No he visto nunca uno que sea tan alto. Nicholas es un muchacho alto en realidad.
- ¡Hablas de los Huargos! - Afirmé todavía sorprendida con el hecho que hubiera visto Huargos y que fueran tan grandes.
- ¿Los qué? – Confirmó con la cara hecha un poema y me rea de su inocencia.
- ¡Los Huargos! - Repetí mirándolo divertida - son hombres lobo - expliqué - solo que muy diferentes a los que conocemos como licántropos. Los Huargos son menos salvajes y más racionales que los licanos, y aunque son un poco más débiles en comparación, las primeras dos cualidades los hacen más peligrosos que un licano.
Si… los conocía bien, los Huargos habían sido el mayor problema de la orden junto con los vampiros y los licántropos desde el inicio, pero sobre todo los Huargos. Aunque actualmente estamos en paz con la gran mayoría de su especie.
- ¿Ya viste uno? - Pregunté con cautela todavía tratando de confirmar que en verdad hubiera visto un Huargo, mientras comenzábamos a entrenar. Iría suave para no presionarlo demasiado, es un debilucho, solo porque no ha tenido el entrenamiento adecuado. Pero estoy segura que muy pronto será uno de los más fuertes en este lugar. Puedo sentirlo en su aura. Se nota que él es especial.
- Si… de hecho vi a dos – contestó y lo miré con grandes ojos. Ya era una sorpresa enorme que hubiera visto uno. Ver dos no podía ser ninguna casualidad - y eran enormes, creo que eran más grandes que yo.
- Eso es raro - comenté mientras preparaba mis dagas de entrenamiento - normalmente el tamaño promedio de un Huargo es equivalente a tu estatura. Además nunca se muestran en sus formas lobunas ante nadie. No suelen frecuentar las ciudades. Son criaturas que disfrutan de la privacidad que el distanciamiento de la civilización les brinda.
Estábamos listos para iniciar y él se quedó pensativo, a lo que lo ataqué sin tregua alguna y él reaccionó mejor de lo que esperaba, aun así fue patético. Su intento por defenderse terminó siendo inútil.
- ¿Qué te pasa? Aun no estaba listo - replicó molesto y lo miré con seriedad. Lo que estábamos no era ningún juego.
- Nunca bajes la guardia en una pelea - regañé con el ceño fruncido y me miró sorprendido - un Darker no esperará a que estés listo, y eso puede costarte la vida. Así que no te distraigas nunca - sentencié y volví a levantar mi guardia y lo invité a hacer lo mismo.
- ¡APRIL! – Escuché el grito ensordecedor de una voz muy enojada y ronca, mucho más fuerte de lo normal que me llamaba detrás de mí. Sabía bien quien era y también sabía que no significaba nada bueno - ¿Qué demonios hace ese sujeto aquí aun, y que hace entrenando contigo? – Era mi hermano y estaba muy enojado conmigo, más de lo normal.
- Aiden yo…
Un golpe seco resonó por todo el lugar, y atrajo las miradas de todos. Odiaba ser el centro de atención, y ahora que la bofetada de mi hermano mayor me había arrebatado la capucha y la máscara anti polución con las que cubría mi rostro, terminé siéndolo. Todos estaban mirando mi cara volteada por aquel puñetazo que me había roto el labio y escurrí un par de gotas de sangre que cayeron al suelo.
Me encontraba tirada en el suelo, con una mano sobándome la mejilla que me dolía, producto del golpe que me había dado mi hermano. Me levante intentando recuperar la compostura, cuando otro golpe venia hacia mí. Nicholas estaba anonadado, no podía hacer nada, yo tampoco. Mi hermano siempre me golpeaba. Esto era algo rutinario.
Otro golpe seco se oyó, pero no sentí absolutamente nada. Tenía los ojos cerrados cuando pasó. Abrí mis ojos y miré sorprendida la escena suscitada. El otro chico nuevo, ese que seguía con la mirada a Nicholas a donde quiera que fuera, desde que llegó, estaba frente a mí.
Su cuerpo estaba entre mi hermano y yo, su rostro estaba ladeado hacia mí. Le vi sonreírme con tanta calidez y ternura, mientras de su labio salía una gota de sangre. Mi hermano desde el otro lado estaba quejándose, se había roto la mano al golpearlo.
Ese chico me había protegido del golpe, se había usado a sí mismo como escudo, pero… ¿Por qué? Él era un Huargo, uno que no debería estar aquí, sin embargo lo estaba por diferentes motivos, como que su madre fue alguna vez una cazadora y él y sus hermanos son portadores de su sangre.
Miré con especial atención su extravagante cabello rojo con destellos blanquecinos, y sus ojos intensamente azules. Esos que miraban de una forma tan penetrante y dulce que parecía que te envolvían en ese color tan ávido.
- ¿Qué… mierdas…? - Masculló mi hermano al otro lado - me rompiste la mano niño imbécil. Aléjate y no te metas si no quieres que…
Le vi voltear el rostro para mirarlo, y sujetarlo por el cuello con demasiada fuerza, tanto que lo estaba asfixiando, cortándole el habla al instante. Volvió a mirarme otra vez con esa sonrisa, lo miré algo confundida y regresó su mirada a Aiden.
¿Por qué él me estaba defendiendo? ¿Por qué un Huargo haría algo así por un cazador que no conocía?
Sus hermanos se pararon frente a él a cada lado de Aiden.
- Ya déjalo hermano, creo que ya captó tu mensaje - pidió la hermana. Él la miró y suspiró con pesadez para tranquilizarse al instante.
Suspiró de nuevo dejando a Aiden caer al suelo de rodillas, mientras se sobaba el cuello magullado con la mano que no tenía rota. Lo vi darse la vuelta y alejarse lentamente, pero se detuvo en cuanto sus hermanos gruñeron con ferocidad porque mi hermano sostenía su Soul Reaper, dispuesto a atacarlo y matarlo. Lo cual por cierto no era una buena idea considerando quien era el padre de ese pulgoso.
- Mi hermano se abstuvo de hacerte daño a pesar de tu insolencia ¿Y aun así te atreves a desafiarlo? – Gruñó la chica devolviéndose hacia Aiden junto con el otro hermano. Ambos parecían estar ardiendo en ira. No me sorprendería. Después de todo los Huargos seguían siendo bestias sanguinarias.
- Voy a hacerte sufrir niño - sentenció mi hermano. En lo absoluto era una buena idea lo que Aiden pretendía hacer, pero en este aspecto creo que lo apoyaba. Los Huargos son una plaga.
Entonces la chica fue la primera en transformarse en una Huargo, enorme, mucho más que cualquiera que hubiera visto antes. Era blanca como la nieve y su pelaje era esponjoso haciendo de ella una Huargo realmente hermosa.
Su otro hermano la siguió y mostró a su lobo. Un Huargo del mismo tamaño que el de ella, pero de color n***o brillante. Ambos eran realmente impresionantes y sus tamaños eran atemorizantes. Nunca había visto Huargos tan grandes. Solo había oído hablar de uno. Era una completa leyenda y resultaba ser nada más y nada menos que su padre.
No comprendía lo que sucedía.
- Shaun, Angie vuelvan a su forma humana - ordenó y ellos voltearon a mirarlo llenos de ira, para volver a gruñirle a Aiden luego - ¡AHORA! - grito con una fuerza descomunal. Era una voz de mando. Una voz solo oída en los Alfas, y nos hizo estremecer a todos con aquel impetuoso grito. Sobre todo a sus hermanos, quienes acataron su orden y retrocedieron aunque no volvieron a su forma humana. Pero mantuvieron la cabeza agachada casi con temor.
En todo el tiempo que llevaban aquí, jamás los había visto pelear a ninguno de los tres, pero sabía por sus auras, que eran muy peligrosos. En especial él. El más extravagante de los tres y por la manera en que sus hermanos le obedecían, creo que él era el mayor. Sabía que ese chico iba a ser un problema para nuestra orden desde el primer momento en que puso un pie en esta cumbre. Nunca estuve de acuerdo con que lo aceptaran. Pero la decisión no me correspondía a mí lamentablemente.
Nicholas miraba todo desde la distancia con grandes ojos, tan sorprendido como atemorizado. Yo también lo miraba con terror. Jamás había visto a alguien como él. Parecía tan pacifico, pero pude ver que no era bueno tenerlo de enemigo. Esa cara de que no rompe un plato era claramente una fachada. Él era poderoso y muy peligroso.
- Aiden, ya basta - Blake apareció luego de unos instantes detrás de él, deteniendo todo el embrollo que habíamos causado, y el muchacho se desapareció al instante con sus hermanos.
Blake se llevó a mi hermano quien sabe a dónde, para reprenderlo por lo que había sucedido, por haberse metido con ese Huargo, pero en realidad era él quien se había metido donde no lo llamaban, en todo caso era culpa de él y no de mi hermano. Eso me produjo rabia. Me dieron ganas de hacerle lo mismo que mi hermano pretendía hacerle. Asqueroso y pulgoso Huargo de pacotilla.
Aunque Aiden fuera un idiota bravucón, era mi hermano y yo lo quería, y me molestaba que hubiera sido reprendido por algo que no era su culpa. Él era mi única familia. El único que recuerdo haber estado conmigo durante toda mi vida. Me debo a él. Por eso no me importa cuando viene y me golpea porque según él hice algo mal.
Después de eso detuvimos los entrenamientos y al cabo de unas horas fuimos al gran comedor. Nick me acompañó al almuerzo y al sentarnos se me quedó viendo con inquisición.
- ¿Quién era ese chico? - Investigó Nicholas mientras almorzábamos en el gran comedor. Sabia de quien me hablaba, lo podía ver desde mi asiento, almorzando solo, puesto que sus hermanos estaban en quién sabe dónde.
- Es un Huargo - respondí con molestia mientras devolvía la mirada hacia mi comida y Nick me seguía mirando inquisitivo. No me agradaba para nada ese niño, ni sus hermanos - él y sus dos hermanos son Huargos, y por lo que vi hoy, son realmente poderosos.
- Así que eso son los Huargos - comentó pensativo.
- Si, pero normalmente no son tan enormes como ellos. No sé qué clase de Huargos sean, pero quizá se deba a su linaje - acoté mientras le daba un bocado a mi ensalada de tomates, lechuga y zanahorias con mayonesa.
- ¿A qué te refieres? - Preguntó confuso sin dejar de mirarme.
- Ellos tres son los hijos de un Huargo muy poderoso - le respondo con fastidio y sigo - su nombre es William Crimson, quizá lo has escuchado, el hombre es muy amigo de tu papá - conté.
- No… jamás lo menciono. Ya sabes que papá nunca me habló sobre nada que tuviera que ver con esta parte de su vida.
- Bueno… da igual, el punto es que William Crimson, o… el Crimson Snow, es el Huargo más poderoso que ha existido en mucho tiempo. Es el Alfa de una, sino de la manada más numerosa y poderosa, y todos lo respetan, sobre todo aquí en la orden ya que tenemos un tratado de paz con él y su manada.
- ¿El tratado de paz incluye que sus hijos estén en la orden aun siendo Darkers? – Pregunta con el ceño fruncido. Lo miro y bufo mientras niego.
- No, pero su madre… ella era una cazadora, y debido a un accidente que todavía no alcanzamos a comprender, terminó convirtiéndose en una Huargo…
- ¿Cómo así? ¿Te puedes convertir en Huargo, como cuando un vampiro te muerde?
- Mmm no… no exactamente. Es muy complicado de explicar, nadie aquí en la orden lo entiende, pero el punto es que… ella era una cazadora cuando quedo embarazada, y aunque ellos nacieron como Huargos cien por ciento puros, porque su madre ya era una Huargo cuando lo hicieron, heredaron sus poderes de cazadora, y por eso están aquí. Ellos pueden usar las Soul Reaper.
- ¿Conoces a ese muchacho? - Preguntó señalando con su mirada al mayor de los tres Crimson. El grandísimo idiota que se metió donde no lo llamaron - te defendió como si te conociera de toda la vida - comentó tras su ridícula especulación.
- Su nombre es Jeargo Crimson, pero aparte de eso y de que es hijo del Crimson Snow, no sé nada más sobre él, no lo conozco, y no quiero, no me agrada - le respondo molesta.
- ¿Segura que no te agrada? - Cuestionó y lo miré con una ceja alzada - por tu mirada, pude ver que te agrada más de lo que podrías admitir.
- Estas equivocado - repliqué soltando mi tenedor sobre la bandeja de comida - no me agrada, no podría, los cazadores y los Darkers, sobre todo con los Huargos, no nos llevamos bien, no nos agradan, él no es la excepción, soy adversa a él y lo seguiré siendo, no importa que se haya usado a sí mismo como escudo para protegerme del golpe de mi hermano. Es un idiota y por su culpa Aiden está en…
- Aguarda… no, no le eches la culpa al muchacho, tu hermano se lo busco, en primer lugar no debería golpearte, te juro que yo quería hacer lo mismo que ese tal Jeargo. Aunque por ahora sé que me es imposible enfrentarlo.
Nick tenía parte de razón, pero yo no le había pedido a ese idiota que me defendiera. No me gustaba la idea de estar en deuda con él por lo que hizo, porque seguramente eso era lo que iba a terminar siendo. Estaba en deuda porque el Huargo de porquería me defendió. No me gusta esa idea.
Me levanté de la mesa exasperada, y fui caminando hasta donde él se encontraba. Me senté a su lado con una mirada de desprecio, dispuesta a decirle sus cosas en la cara, pero… ¿Qué le iba a decir? ¿En serio le reclamaría por defenderme?
Claro que lo haría, él no tenía derecho a meterse, no me conoce, es un Huargo, yo una cazadora, no puede hacer eso, éticamente es incorrecto.
- ¿Por qué demonios hiciste eso? - Lo vi dibujar esa hermosa sonrisa apacible que pese a admitir lo hermosa que me resultaba, en serio me irritaba. Me molestaba tanto su actitud, y no sabía por qué.
- Él iba a golpearte - afirmó con esa sonrisa tan marcada en su rostro mientras achinaba los ojos.
- Eso no te incumbía – rebatí molesta, pero él siguió mirándome con esa sonrisa. Es un estúpido - no vuelvas a hacer algo así, porque la próxima vez, te romperé la cara y te quitare esa estúpida sonrisa del rostro.
Me levanté furiosa de la mesa, y él intento hablarme, pero ya iba muy lejos como para escucharlo.
Estaba entrenando otra vez con Nicholas, y sentí una presencia poderosa acercarse a mí, conocía esa aura, era un Huargo. Era la hermana de ese idiota. Venía hecha una completa fiera y esos instintos asesinos que se sintieron desde que entró a la habitación me estremecieron el cuerpo de la rabia que sentí.
- ¡Oye tú! - Llamó detrás de mí, y voltee a mirarla confundida - ¡Si, tu! - Afirmó, parecía molesta conmigo, y yo también lo estaba con ellos. Sobre todo con el estúpido de su hermano mayor - ¿En verdad eres tan estúpida como para amenazar a mi hermano? - ¿Estúpida? Su comentario me hizo estallar y saqué mis Soul Reapers.
- Escucha niña, mejor vete si no quieres que… - un golpe venia justo contra mi rostro, no lo vi venir, fue demasiado rápida, jamás un Darker me había sorprendido de esa manera. No me iba a dar tiempo de levantar mis dagas, ni siquiera tendría tiempo de activar el poder especial de estas.
No sentí dolor ni nada, mi cuerpo seguía en su lugar, y no había recibido golpe alguno. El puño de aquella Huargo estaba siendo sujetado por la mano de su hermano.
- Suéltame Jeargo, voy a darle su merecido a esta tarada - pataleó la chica y levanté mis dagas preparada para activar sus poderes. No me iba a tomar por sorpresa de nuevo.
- ¿Tarada? Ven aquí y te muestro quien es la tarada – repliqué desafiándola con mis dagas y mi guardia levantadas. Estaba muy molesta, estos idiotas me ponían los pelos de punta.
- Suéltame Jeargo - chilló de nuevo mientras que él solo me miraba a mí con una sonrisa nerviosa - voy a despedazarla.
- ¡BASTA ANGIE! - Gritó girándose a verla, de nuevo con aquella poderosa voz de mando de un Alfa y ambas nos estremecimos con su grito. Nick miraba todo con grandes ojos. La aludida se tranquilizó de inmediato y retrocedió tres pasos agachando la cabeza mientras que el otro pelirrojo aparecía para mirar todo con bastante sorpresa - si quieres pelear con ella significa que quieres pelear conmigo, ¿En serio quieres atreverte a hacerlo? - Parecía una advertencia. Una de la que ella tuvo miedo y él se giró para mirarme de nuevo - lo siento - dijo dedicándome esa estúpida e irritante sonrisa que… debo seguir admitiendo lo hermosa que es, pero… ¿Qué diablos le pasa? - Mi hermana es algo descontrolada, pero ya no te molestara más - lo vi darse la vuelta y marcharse tan tranquilo que parecía como si no hubiera estado molesto en ningún momento. Esto decía de él que era mucho más peligroso de lo que parecía. Me di cuenta en ese momento que todo lo que había visto era una demostración de autocontrol, incluyendo el no haber enfrentado a Aiden pese a que él lo había golpeado y que lo había retado.
Ningún Huargo tenía tanto autocontrol. Se decía que ni siquiera su padre hubiera perdonado semejante ofensa. Esa fulana actitud pacífica era una razón bastante obvia para temerle a ese idiota. No podíamos bajar la guardia. No podíamos darnos el lujo de pensar que no sería un problema.
***
- Ese niño en serio me desespera - comenté cuando caminaba de regreso a los vestidores para cambiarme de ropa. Ya habíamos terminado los entrenamientos. Los que seguimos totalmente en silencio después de eso.
- Creo que hace mucho más que molestarte April - molestó Nicholas a mi lado y lo fulminé con la mirada, casi con ganas de golpearlo en la cara para que dejara de decir babosadas.
- ¿Quieres que te golpee? - Repliqué deteniéndome de golpe y levantando mi puño, y él levantó las manos en rendición.
Yo solía ser muy agresiva. Como cazadora, y como hermana de Aiden, la vida me había enseñado a serlo, y no me importaba si fuera hombre o mujer, todo el que se atreviera a molestarme - con excepción de mi hermano - lo madreaba, no iba a dejar que se burlaran de mí, Aiden me golpearía más si lo hacía.
- Aun así, me parece sumamente impresionante que sean tan enormes - comentó a mi lado con la mirada perdida en la nada. Cambiando el tema, pero sin cambiar el objeto de este. Estaba interesado en Jeargo y sus hermanos quien sabe por qué.
- También a mí - admití de mala gana. Nick tenía razón. Ellos eran los Huargos más grandes que había visto en toda mi vida como cazadora - son los primeros Huargos que veo de ese tamaño - le comento y él me mira sorprendido.
- ¿Dijiste que mi padre y el suyo eran amigos cierto? - Verificó posicionándose a mi lado y asentí algo confusa por su pregunta. De pronto su curiosidad con respecto a ellos era mucho más extraña de lo que yo hubiera podido pensar.
- ¿Qué con eso? - Investigue con recelo. Algo no me generaba buena espina en toda esa curiosidad que Nicholas mostraba por estos Huargos, en especial por quienes eran ellos.
- Bueno es que… él…
- Te ha estado observando, lo sé - adelanté al darme cuenta que era lo que estaba sucediendo. Me había dado cuenta estos dos días que Jeargo lo había estado mirando en todo momento. No había despegado la mirada de él.
Eso tampoco me generaba confianza. No podían tener ninguna buena intención con Nicholas. Algo se traían entre manos y Nicholas era parte de sus planes sin que lo supiera.
- No solo eso - dijo, y lo miré desconcertada – anoche… - comenzó - después de que llegue a casa, apareció con sus hermanos, aunque no sabía que eran ellos, porque estaban transformados - explicó ante mi mirada inquieta - dijo que debía alejarme de la orden, parece como si me conociera – ya sabía yo que algo se traía entre manos ese idiota.
Ya quiere poner a Nicholas en nuestra contra, pero… ¿Por qué?
- Quizá si te conoce Nicholas, recuerda que tu padre y el suyo se conocen desde hace mucho - dije mientras miraba al frente pensativa. Pensando de nuevo en esa sonrisa. Ash soy una estúpida ¿Por qué estoy pensando en él? Debo concentrarme - debes tener cuidado novato. No creo que tenga buenas intenciones haciendo una advertencia como esa. Sobre todo sabiendo que él es un Huargo.
Me miró pensativo y luego se sacudió - no importa… por cierto ¿Por qué te golpeo tu hermano? - Preguntó mirándome con desconcierto.
Su pregunta me hizo estremecer, no quería hablar de ello, no me gustaba, y lo peor era que no podía hacer nada para detener a Aiden. Llevábamos más de doce años de abusos y maltratos, pero era la única familia que tenía y de no ser por él, estaría muerta desde hace mucho. Todos sus abusos y maltratos me hicieron más fuerte que cualquiera de los que están aquí. Hicieron de mí la cazadora letal que soy.
- Él… no es malo, solo que…
- ¿Es por ese estúpido prejuicio machista cierto? - Interrogó y me sorprendió.
- Si… bueno… pero él… no es tan malo - repetí intentando defender al idiota de mi hermano.
- ¿Qué no es tan malo? - Confirmó y parecía indignado - April, te golpeo, intentó hacerlo otra vez y de no ser por ese tal Jeargo lo habría hecho ¿Y aun así dices que no es tan malo? Puede que seas irritante y molesta, que no te soporte y que te considere una negligente…
- ¡Hey…!
- Si, si, tranquila, calma, lo que quiero decir es que, aunque seas todas esas cosas, no mereces ser golpeada por ese gorila inepto que tienes por hermano. Di lo que quieras, pero no has hecho nada como para merecer que ese idiota te golpee, y mientras más lo hace, más malo es a mi parecer. Sin embargo es tu vida, y me importa muy poco, ya debes saberlo.
- Lo sé - replico fastidiada.
***
Salgo de la cumbre y me separo de Nicholas. Apenas son las tres pm, tengo clases en la universidad, estudio en Oxford, una universidad prestigiosa y muy reconocida. Al llegar me encuentro con mi hermano, y lo miro con un poco de miedo, parece molesto por lo sucedido esta mañana. Su mano ya ha sanado gracias a sus habilidades de cazador.
Mientras estoy fuera de la cumbre, me permito no usar la capucha y la máscara anti polución, porque nadie me conoce fuera de la cumbre, y los que me conocen en la universidad, son solo humanos comunes que no saben nada respecto a mis poderes.
Todos saben muy bien lo mal que me trata Aiden, sin embargo, nadie se mete porque saben lo violento que es cuando está molesto. La última vez que alguien se atrevió a desafiarlo para defenderme, esa persona termino en el hospital con la mitad de los huesos rotos.
Además yo tampoco permito que me defiendan, no me gusta que lo hagan, soy una chica fuerte, independiente, solo que… con mi hermano no puedo hacer nada, y no me gusta que se entrometan.
- Lo que ocurrió esta mañana no se va a quedar así - gruñó agarrándome por el cuello de la camisa que llevaba, me estaba haciendo daño y todos nos miraban.
- Aiden ya basta, estamos en público, si quieres arreglarlo lo haremos por la noche cuando salgamos a cazar… - me agarró por el cuello y me hizo gemir ahogada - A…id…en bas…ta… - gemí otra vez, me estaba asfixiando.
De repente su agarre se volvió más suave, no entendí nada, miré abajo y ahí lo vi, otra vez, mirándome con esa sonrisa apacible ¿Pero qué rayos le pasa?
Aiden me soltó y caí al suelo. El trasero me dolió tanto que no pude evitar quejarme.
Le vi soltar el brazo de mi hermano. Sus hermanos observaron todo parados detrás de mí, como si fueran mis guardianes ¿Ahora qué?
- ¡Así que viniste a resolver lo de esta mañana! - Afirmo Aiden con una mirada sádica - gracias por facilitármelo.
- Escucha, no quiero hacerte daño, solo…
Miré sorprendida como él era derribado por un imponente puñetazo que mi hermano le dedico tan rápido que ni siquiera él pudo ver, y sabía bien que Jeargo era muy rápido. Solo el hecho de ser un Huargo muy poderoso me era suficiente para saberlo.
Sus hermanos seguían detrás de mí, inmutables esta vez, pese a que pude sentir su sed de sangre.
- ¿Quieres más niño imbécil? - Inquirió mi hermano cuando lo vio levantarse mientras se limpiaba la sangre de los labios con el dorso de la mano - pues ven por más.
- No seas insensato tarado, mira tu mano - reprocho Jeargo. Eso me hizo fijarme en la mano con la que mi hermano lo había golpeado. Estaba como abollada. Seguro se la había roto de nuevo, pero a mi hermano no le importó - por favor ya detente - pidió Jeargo con amabilidad. En serio ¿Qué le pasa? Me miró y sonrió de nuevo. De verdad no comprendía su actitud. Le dejé claro que no se metiera.
Mi hermano no hizo caso de su petición, y se le lanzó como bestia salvaje a atacarlo aun con la mano destrozada, pero la actitud de Jeargo fue diferente. Espero a mi hermano, y lo recibió con un puñetazo que fue lo suficientemente para desmayarlo tras conectarle en toda la cara y tumbarle todos los dientes.