— Son las 12:00 ya puedes ir a tu hora y media de descanso — ordena el imbécil que había estado explotándome toda la mañana.
Había transcurrido una larga semana desde que comencé a trabajar con Robert Bell, era el CEO e hijo del dueño de la empresa Art &c Co, su padre estaba de viaje y él estaba al mando del imperio publicitario en su ausencia, tenía muchas personas a su cargo, yo estaba en la escala más baja, ya que era su esclavo, pero preferían llamarme “asistente”. Su trato hacia mí era algo violento, estuve a punto de renunciar, pero luego cuando descubrí que mi paga era el cuádruple de mi salario anterior, dije que jamás me iría de ahí por cuenta propia, y menos iba a permitir que me despidiera, si ese imbécil quería que le lamiera el culo lo iba hacer sin refutar, ya lo había hecho en el pasado, así que no me importaba si me lo llegase a pedir.
Todo el día transcurría corriendo de aquí allá para cumplir con las peticiones del idiota, que consistían en caprichos para su propio beneficio, y trabajos de oficina variados, suspiré aliviado por mi hora y media de libertad, bajé hasta el comedor, donde estaba ese sexy cocinero, que era una alegría para mi vista, hago la fila y llega mi turno.
— Hola… quiero el pollo con arroz y ensalada por favor — le explico al moreno sexy, el asiente con la cabeza sirviéndome lo que pedí.
— Creí que ya te habías ido… los asistentes del Sr. Bell nunca pasan de dos días, sin dudas eres el único que ha durado mas tiempo — me explica la lindura de piel morena, yo emito un bufido y le sonrío.
— Es porque soy único… además necesito el dinero — comento de forma amable, y al instante veo como el chico sonríe.
— Esas son buenas razones, me llamo Marcos. Mucho gusto — se presenta el moreno que ahora tiene nombre, le extiendo mi mano para saludarlo.
— Me llamo Alex, el gusto es mío— Marcos sostiene mi mano y me observa con una sonrisa ladina, lo suelto rápidamente y salgo de la fila.
— Nos vemos luego — le prometo mientras camino hacia una mesa.
Busco la que esté sola como de costumbre y me dirijo hacia allá, cuando me siento el chico asiático que me había estado saludando desde estos días, aparece de improvisto y me acompaña en la mesa, yo lo observo con mi expresión asesina habitual, prefería comer solo así que intento ignorarlo, pero es imposible.
— Todo un record eh…— dice el chico, lo observo y no entiendo lo que quiere decir.
— ¿Disculpa? — pregunto mientras trago mi delicioso pollo asado, el muchacho de ojos rasgados sonríe diciéndome:
— Es todo un record que estés aquí, has resistido más que cualquier otro asistente… desde que el Sr Bell padre se fue, ningún asistente de su hijo dura más de dos días…yo fui su asistente por un día… no aguante tanta tortura — comenta de forma lastimera y exagerada.
Yo arqueo una ceja… realmente no me importaba su pasado o lo que pasó antes de mi llegada, pero al parecer todos si…
— Que mal… — balbuceo mientras trago una cucharada de arroz.
Sin dejar de comer, veo disimuladamente, como el chico cambia su expresión a una seria, pero segundos después vuelve a sonreír… que extraño es, digo mentalmente, lo primero que pasa por mi cabeza.
— Me llamo Sakura… ¿tu nombre es?... — explica mientras espera que termine su pregunta en una respuesta, yo no puedo evitar comenzar a burlarme de su nombre.
— ¿Sakura?... no sé mucho de cultura japonesa… pero ese es nombre de chica…eres…una…chica? — Pregunto sin saber a ciencia cierta el sexo de esa persona.
Y ahora si o miraba con más detalle, el chico/chica tenía una apariencia algo andrógina, así que ya no sabía en que pensar.
Luego, mientras continuaba pensando en eso, veo que Sakura hace una expresión exagerada en su rostro, mostrándose ofendido, detalle que me tuvo sin cuidado.
— ¡Soy hombre!... pero mi madre decidió ponerme ese nombre… prefiero que me llamen Sak, como te llamas… te pregunté — me comenta el japonés con mucha curiosidad, yo suspiro, realmente me molestaba estar acompañado sin querer, deseaba comer y descansar en paz.
—Soy Alexander, pero puedes llamarme Alex…— le explico sin mucho entusiasmo.
Sakura o como prefería hacerse llamar Sak, me sonríe amablemente.
— Mucho gusto Alex… ¿Qué tal te está yendo con el sádico de Robert? — Pregunta, muy curioso, yo suspiro y revoloteo los ojos.
— ¿Qué tal si me dejas comer en paz? — contesto de forma ácida, no me interesaba hacer amistad con el chico, y menos responder a sus preguntas chismosas.
Como ya estaba terminando mi comida, sostengo la pieza de pollo que me queda y la meto en mi boca.
— Debo irme — le explico con el pollo en la boca, levantándome de la mesa el japonés se levanta también.
— Espera no te vayas, ¿Por qué eres tan odioso? — pregunta caminando detrás de mí.
Que molesto es este tipo…
Y ahora bien, termino de comer mi pollo y me volteo, el chico que estaba sonriente cambia su expresión a una totalmente seria, diría que algo asustada.
— Si te interesa saber… me está yendo de maravilla con mi jefe — comento mostrando una sonrisa, que juzgando por la expresión que hizo su rostro después de esta, fue algo perturbadora.
— Me... alegro…— tartamudea Sak, yo me volteo y sigo caminando.
— ¡Fue un placer conversar contigo Alex, mándamele saludos a los chicos de la prisión estatal! — grita el japonés, no entiendo su sarcasmo y me dirijo hasta la salida.
Quería descansar, la mañana había sido muy agitada, a pesar de estar en el medio de la ciudad y ser un edificio, el lugar disponía de un parque trasero muy grande, a veces sospechaba de la prosperidad de esa empresa, quizás demasiada para ser una agencia de publicidad ¿Posiblemente lavaban dinero y esta era tan solo una fachada? ¿Los Bell eran mafiosos? ¿Tenían más empresas parecidas alrededor del mundo o del país? Muchas preguntas pasaron por mi cabeza, mientras caminaba hasta los jardines busqué un lugar donde hiciera sombra y me reposé sobre un árbol; prendí un cigarro y comencé a fumar apenas eran las 12:30, tenía una hora para descansar, cerré mis ojos mientras inhalaba y exhalaba mi cigarro, minutos después siento que alguien me quita mi vicio de la boca, automáticamente abro los ojos y me pongo en posición dispuesto para pelear con quien sea, cuando me doy cuenta que es el imbécil de Robert ¿Qué hace aquí? ¡Estoy en mi momento sagrado de relajación! Momento que él no puede perturbar, me siento y reposo mi espalda sobre el tronco, observando al idiota.
— ¿Ocurre algo señor? — le pregunto cruzando los brazos, el idiota se cruza de brazos al parecer imitándome.
— ¿Qué edad tienes? — pregunta, yo hago una expresión de duda en mi rostro.
¿Qué pregunta es esa? me digo a mí mismo.
— 21 — contesto con un rostro serio, sacando otro cigarro de mi bolsillo, pero automáticamente el idiota me lo arrebata de las manos.
¡¿Pero qué demonios le sucede a este imbécil?!
— Estas muy joven para fumar tanto, casi una caja de cigarros al día, demasiado para mi gusto, mientras estés aquí no quiero verte haciéndolo… puedes fumarte toda una fábrica de cigarros mientras no estés trabajando conmigo, ni siquiera en tu horario libre, levántate necesito algo — me explica sosteniendo mi brazo y levantándome con mucha facilidad de un solo jalón.
Sin querer me suelto violentamente de su agarre, ya estaba furioso por prohibirme fumar… mi única medicina para relajarme, me la estaba quitando el muy maldito… ¿Qué le importaba? no era su problema… además ¿Cómo sabia que fumaba tanto?… normalmente lo hacía en mis ratos libres y en las mañanas… y cuando salía… ¿Quiere decir que se daba cuenta de ello?
— ¿Que quiere?… todavía tengo quizás unos 45 minutos de libertad…— le explico de forma cansada, entrecerrando los ojos, el idiota comienza a bufar.
— No me interesa, como te dije no tienes horario, si quiero puedo quitarte tu tiempo libre, y por supuesto tu paga aumentaría un poco más, nadie pierde… y es obvio que necesitas el dinero… puedo verlo a simple vista — confiesa mirándome de pies a cabeza con una sonrisa contenida.
Ese idiota se estaba burlando de mi, intento no pensar en mi irritación y suspiro diciendo:
— ¿Qué tengo que hacer? — pregunto arqueando una ceja, y hablando de manera obstinada.
Robert me toma del brazo y luego me empuja para que camine delante de él ¿Ese tipo trataba así a todos sus asistentes? o quizás ¿Se aprovechaba de mi obvia necesidad de dinero? Pensando en eso, me volteé para mirarlo con odio y seguí caminando sin decir una palabra. Luego, llegamos hasta el ascensor y en vez de subir, nos dirigíamos hasta el depósito de la empresa, ese era el lugar donde guardaban todo lo que usaban para realizar las sesiones de fotos, para las campañas publicitarias.
Nunca había estado ahí, pero había escuchado de ese lugar, en el ascensor íbamos en un incómodo silencio, pero luego como era habitual, el idiota lo rompió mientras me tocaba el hombro, luego metió uno de sus dedos en un pequeño orificio que tenía mi camiseta, abriéndolo más, a tal punto que hizo un enorme hueco ¡Ese maldito! El tipo comenzó a reír a carcajadas, yo me alejé para quitar su estúpida mano de mi camiseta, y así dejara de arruinarla aun más de lo que estaba.
— ¡¿Pero qué mierda está haciendo?! Maldito hijo de…—me detengo automáticamente, sintiendo como todo el poco color de mi rostro desaparece…
Acababa de maldecir a mi jefe, entre otras malas palabras habituales en mi vocabulario, es por eso que, sintiendo como mi corazón comenzó a latir con fuerza por el nerviosismo que se apoderó de mí, trago saliva.
— Qui-Quiero decir…y-yo… — balbuceo palabras sin sentido.
Carraspeo mi garganta e intento calmarme, tenía que ocultar el miedo que sentía, pero no puedo, hasta que veo cuando el idiota se acerca a mi completamente serio.
—¿Qué dijiste?... ¿Me dijiste o intentaste decirme maldito hijo de puta? — me pregunta retándome.
Su cuerpo me aprisiona en el pequeño espacio del elevador, acorralándome sin salida. Mierda, no podía ocultar que estaba asustado, realmente la había cagado con mi léxico de camionero, pero a pesar de eso, tragué saliva y lo miré sin titubear diciéndole:
— Intenté decirlo, pero no lo terminé… cómo pudiste escuchar… arruinaste mas mi camiseta, no lo pude evitar — le digo claramente retándolo.
Aunque en mi defensa, tenía razón, el idiota esta vez mas lunático que de costumbre, da un golpe justo al lado de mi rostro, rozándome levemente ¿Realmente esto era legal? ¿Esta era la forma de tratar a un inocente trabajador como yo?
—Respuesta equivocada —exclama el demente tomándome por la camiseta, y empujándome dentro del depósito.
Inevitablemente caí al suelo, pero rápidamente me levanté ¿Qué intentaba hacerme?... todo mi cuerpo se pone alerta esperando cualquier ataque, mientras observo que el hombre camina hacia mí, sin retroceder un paso lo espero, el imbécil camina con las manos dentro de los bolsillos, sin desearlo comienzo a transpirar descontroladamente por el miedo que, sin querer recorría mi cuerpo. Las gotas de sudor se deslizaban por mi rostro, al punto que goteaban como si me hubiesen echado agua en la cara, aunque el lugar no ayudaba demasiado, el ambiente estaba caliente, no tenía aire acondicionado ni ventanas y la luz incandescente empeoraba la alta temperatura de esa área, pero para mi sorpresa el idiota de Robert, estaba completamente sereno sin una gota de sudor ¿Es que acaso ese hombre era humano? ¿Quizás era un androide y por eso era tan fuerte y tan asquerosamente apuesto? El tipo ya está a escasos centímetros de mi y vuelve a empujarme y a empujarme, ¡Que le ocurría a este desquiciado! Llega un momento donde lo detengo, no puedo contenerme más.
— ¡Basta! que es lo que quiere ¡¿Qué hacemos aquí?! — pregunto finalmente.
Mi voz sonó más desesperada de lo que quería, pero ya estaba contra la pared, temía lo peor, el estúpido comienza a reírse, sin dudas este hombre era un sádico… el japonés tenía razón.
— ¿Vez todo este lugar? — pregunta conteniendo una risa.
¿Acaso es estúpido? yo asiento con la cabeza el tipo sostiene mi rostro con una de sus manos y me mueve la cabeza de un lado a otro, haciendo que observe todo con más detalle, esta vez no soporto mas y lo empujo, haciendo que el retroceda un par de pasos.
— Si vuelve a tocarme yo…—me detengo y muerdo mis labios… no podía hacer nada era obvio, el hombre levanta una ceja.
— ¿Tú qué?... que vas hacerme… quiero escuchar — pregunta poniendo su mano dramáticamente en el oído para “oír mejor”.
Yo, lo observo con odio y suspiro bajando mi mirada… estaba atado, mi paga era demasiada, más que cualquiera otra que haya tenido jamás ¿Qué importa si me humillaba? Él también sabía eso y se aprovechaba de mi situación… es un maldito, no había duda alguna.
— Nada… no haría nada — me resigno cabizbajo.
El hombre se aparta de mí y vuelve a su posición serena y engreída de costumbre. Yo lo observaba, estaba completamente e inhumanamente perfecto, sin una gota de sudor, sin una arruga en su estúpido traje, sonriendo con sus labios y rostro prepotente, sintiéndose Dios del mundo, ¿y yo? un completo desastre, con mi camiseta más rota de lo normal por su culpa, bañado en sudor, por su culpa, y mi rostro desfigurado por la frustración y el odio que sentía en esos momentos hacia ese hombre, que era mi jefe, el cual para mi mala suerte, resultó ser un sádico con claras tendencias psicópatas.
— Vas a limpiar este lugar, mañana temprano necesitaremos utilería para varias sesiones de fotos importantes que tendremos, y esto es un desastre, no tanto como tu — confiesa haciendo un bufido — nunca encontramos nada, normalmente tenemos que comprar equipos constantemente a causa del desorden y el extravió de material, es una perdida innecesaria de dinero, quiero que hagas un inventario de cada lámpara, cámara fotográfica, maniquí, que encuentres aquí, y ordenes todo alfabéticamente, es para hoy — me ordena alejándose del lugar.
¿Acaso ese imbécil estaba bromeando? ¿Tenía que ordenar eso por orden alfabético? es una locura, el lugar era enorme y estaba repleto de basura, que al parecer era servible, suspiré y la seguridad volvió a mi cuerpo, solo por recordar mi paga a fin de mes.
— Esta bien, ya me pondré manos a la obra ¿Se quedará a mirarme o quiere ayudarme? explico quitándome la camiseta que el imbécil me destruyó y comienzo a ver por donde comienzo.
Luego de eso, le regalo una sonrisa, Robert arquea una ceja y no se mueve de su lugar por unos minutos, al parecer estaba observándome, lo ignoro completamente y comienzo por lo que me parece más fácil, los maniquís que estaban por todo el lugar, me dispongo a juntarlos en un rincón para luego buscarles un sitio.
—Qué tatuaje tan horrible tienes.... ¿Qué significa? — me pregunta con un tono que deseaba saber el chime.
Al parecer se había percatado de la mancha que tenía en el hombro izquierdo, seguramente ya lo había visto cuando me vio en el baño el día de mi entrevista, pero al parecer no aguantó la curiosidad, y me preguntó aprovechando que estábamos los dos solos, en ese sofocante lugar, incluso se atrevió a voltearme para verme. Cuando lo hizo, quedamos cara a cara, y, esta vez pude ver que una fina capa de sudor cubre su rostro ¡Es humano! el Dios transpira, fue lo primero que pensé.
— No significa nada… un amigo que tenía, practicó con mi piel cuando estaba comenzando a aprender a tatuar personas. Normalmente usan piel de cerdo, pero no disponíamos de eso, así que le permití usarme como su lienzo — explico tranquilamente mientras recojo los brazos, y piernas de los maniquís.
Mi jefe al escuchar mi respuesta, emite una pequeña risa diciendo:
— Espero que no haya seguido porque realmente no tiene nada de talento — se burla el idiota, yo me detengo por un momento — No siguió… murió de una sobredosis de heroína dos meses después — comento, al parecer Robert intenta decir algo, pero se detiene, al ver que no va a decir nada mas sigo mi trabajo.
— Vendré en un par de horas, espero que hayas adelantado lo suficiente — dice saliendo del lugar dirigiéndose al ascensor.
— ¡Estará listo cuando regrese! — grito, como es de costumbre cavando mi propia tumba.
Suspiro viendo todo el trabajo que me espera, la pequeña persona que está dentro de mí, esa que siempre me da ánimos aparece en mi cabeza vestida de porrista dándome porras, alentándome de forma muy cursi, sonrío, y comienzo a juntar las cámaras fotográficas, pensando en lo demente que estaba ese Robert... además al parecer me observa cuando no me doy cuenta...