Capitulo 2

2915 Palabras
 Simplemente no lo podía creer, ese idiota fue el mismo que me ensució en la mañana… simplemente no dejaba de pensar en eso, pero al llegar al tercer piso dirigí mis pensamientos en lo que realmente importaba en este momento: mi entrevista. Faltaba poco tiempo para las 13:30, unos 15 minutos exactamente, me senté en los sillones blancos y eran realmente cómodos, cerré mis ojos y comencé a relajarme, tenía que estarlo, no quería lucir nervioso o inseguro, frente a esos viejos ricachones que posiblemente serian mis próximos jefes, tenía que demostrarles que era una persona segura de mi misma, aunque en el fondo no era del todo cierto, pero eso era algo que ellos no podían enterarse.   Los minutos faltantes para mi gran momento habían transcurrido, y sorprendentemente puntual apareció el mismo hombre adulto de cabello canoso, con traje elegante junto con otro hombre parecido a él, ambos me observaron y yo nerviosamente les sonreí de una forma que en días normales jamás lo haría.  — Tu debes ser el último chico, ven acompáñanos, aunque falta otra persona, pero vayamos adelantando, Robert siempre llega tarde — Explica el hombre canoso que no conocía.  Yo asentí con la cabeza y los seguí como oveja yendo al matadero, tragué saliva, mis manos comenzaban a sudar, sin dudas me estaba poniendo nervioso, la pequeña persona que está dentro de mi salió para darme ánimos diciéndome:  — Vamos Alex, tú puedes, no te dejes intimidar, demuéstrales que eres capaz de trabajar en este lugar — me decía mi mismo imaginándome que estaba en un cuadrilátero, listo para boxear mientras otro yo, me daba agua y masajes preparándome para la pelea que se avecinaba. Al entrar a la oficina, tampoco me sorprendí por lo lujosa que era, parecía ser un salón de conferencias, en el centro de la oficina había una larga mesa negra con muchas sillas que parecían tronos de cuero del mismo color de la mesa, el lugar tenía una enorme ventana de vidrio de pies a cabeza, dando vista a la ciudad, las paredes eran color crema decoradas con el mismo arte contemporáneo, y en la parte derecha de la oficina, estaba una hermosa biblioteca con libros ordenados por color.   El viejo que ya conocía me invito a sentarme en uno de los tronos de cuero, o seguramente como ellos las llamaban vulgarmente: en una de las sillas. Obedientemente, me senté y busqué en mi bolso mi síntesis curricular, me aplaudí a mi mismo por haber impreso 5 ejemplares, les entregué un documento a cada hombre, ellos sonrientemente los recibieron y comenzaron a hojearlo, constaba de tres hojas, de las cuales 2 consistían en estructuradas mentiras sobre mis supuestas experiencias en el ramo de la publicidad, pero eso no tenían que saberlo, uno de los viejos arqueo una ceja mientras leía.  — Muy bien Alexander, me parece que eres un chico muy preparado y con mucha experiencia para tu corta edad, eso es algo muy imprescindible en el cargo que posiblemente ocupes, veras…— el viejo es interrumpido por el ruido de alguien abriendo la puerta, todos nos quedamos expectantes para ver de quien se trataba.  — ¡Oh! Robert… creí que llegarías más tarde, apenas comenzamos, él es el último postulante para el cargo, su nombre es Alexander — comenta el anciano que conocí en la mañana haciendo un ademán para que me presentara formalmente.   Robert, busca asiento en la parte superior de la mesa y me observa de forma un tanto burlona, se trataba nada más y nada menos del idiota, el que me ensució en la mañana, también en la hora del almuerzo, y con el mismo que tuve un pequeño roce en el baño, ese  cuando le comenté que podría disfrutar torturarlo, era claro que mi futuro en ese lugar ya estaba sepultado, no tenía esperanzas, pero aun así seguí en la lucha, como si fuera la primera vez que veía su vomitivo rostro perfecto, extendí mi mano y con una sonrisa forzada me presenté.  — Mucho gusto Sr. Robert, mi nombre es Alexander, como ya pudo haber escuchado — me presenté de la manera más amable que pude lograr, Robert extendió su mano y apretó la mía con fuerza.  — El gusto es mío Alexander — agregó sentándose en su “silla”, haciendo un incómodo contacto visual conmigo, y yo sin titubear hice lo mismo, sentándome en mi lugar casi de forma sincronizada con Robert. El idiota le quitó mi síntesis curricular a uno de los ancianos, y lo comenzó a hojear sin mucho interés, luego lo lanzó en la mesa y me dirigió una mirada esta vez muy penetrante, en el fondo hizo que temblara de los nervios, pero en mi exterior estaba tan estable y sereno como una roca.  — Ok Alexander, ¿estás dispuesto hacer absolutamente todo lo que mi padre y yo te pidamos?, de eso se encarga un asistente por si no lo sabes — dice en un tono altanero. Yo asiento con la cabeza.  — Claro, puedo hacer todo lo que me pidan, además soy una persona que no se rinde fácilmente por las dificultades, y se que dispongo de las aptitudes y actitudes físicas, para cumplir las metas que me propongo — recité con un tono seguro y tranquilo en mi voz. Robert, o como prefiero llamarlo, “el idiota”, ladeó sus labios formando una mediana sonrisa.  — Además, tu horario son las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Solicitaremos tus servicios en cualquier momento que lo pidamos — explica el idiota cruzando los brazos, sin pensarlo levanto mis hombros para restarle importancia.  — No tengo ningún problema, como dije anteriormente, puedo hacer todo lo que me pidan …— expuse acercándome a la mesa y levantando una ceja.  — Veras Robert y también me refiero a ustedes viejos, soy jodidamente eficiente y responsable en todo lo que me propongo, y malditamente obsesionado cuando algo me interesa, así que…— me detuve, por un momento estaba hablando como lo hago usualmente, rápidamente carraspeé mi garganta, y no pude evitar sentir un calor en mis mejillas por la vergüenza.  — Quiero decir… que soy un chico muy dedicado señores — terminé de exponer mis puntos a favor, regresándome a mi lugar y carraspeando mi garganta nuevamente, miré de reojos a los ancianos y ambos me observaban con expresiones de sorpresa, y el idiota parecía que en cualquier momento iba a estallar en risas.  —Es el fin, yo mismo cabe mi propia tumba — pensé encogiéndome de hombros internamente.  — Muy bien, eso es todo, te llamaremos, de ser posible tu admisión a nuestra empresa, si no lo hacemos, es porque lamentablemente no cumpliste con nuestras expectativas — recita uno de los ancianos, levantándose de su lugar. De esa forma, todos comienzan hacer lo mismo y yo me uno a la manada, algo desanimado, pero como es usual no lo demuestro, salgo “de la habitación del terror”, despidiéndome de todos, sin dar apretones de manos, simplemente me despido de ellos con una sonrisa forzada y poniendo mi mano en mi frente para luego extenderla, casi un saludo militar informal, me maldigo a mi mismo por despedirme de esa forma y voy directo al ascensor.   Cuando estoy dentro y la puerta está a punto de cerrarse el idiota aparece y entra, yo trago saliva e intento seguir sereno, firme como roca, imperturbable, pero por poco salgo de mi catarsis cuando veo que Robert comienza a reírse a carcajadas.  — “Jodidamente eficiente y malditamente obsesionado”. Definitivamente, fue lo mejor que pude oír en el día de hoy, parecía que estabas a punto de decir: “y mi tarifa es 2 billetes por hora” — bufó el idiota claramente burlándose de mi patética entrevista, yo sonreí también, aunque en el fondo quería golpearlo y bailar una danza de flamenco en su rostro.   — No… es muy barato, normalmente cobraría 10 billetes la hora, y se duplicaría si tuvieran que usar “artefactos” para una mayor estimulación — expliqué cruzado de brazos, de forma sarcástica.  Pero el único que sabía que mi comentario no tenía ni una gota de sarcasmo, era yo, el idiota estalla en risas nuevamente, y no puedo evitar contagiarme, sin querer sonrió, pero esta vez de forma sincera, cuando me doy cuenta regreso a mi rostro serio de siempre.  — Estás loco pequeño — dice el idiota secándose una lágrima del ojo,  Yo ladeó mi boca formando una mueca ¿Me acababa de decir pequeño?, sé que estoy loco pero pequeño no soy, mi estatura es de 1.70 metros estoy en el promedio como toda mi carne, el anormal es él, que quizás mide 2 metros. Lo observo de soslayo rogando llegar a planta baja, el idiota se voltea observándome, parece que intenta decirme algo cuando las puertas del ascensor se abren, como alma que lleva el diablo salgo del pequeño cubículo, pero cuando recuerdo que quizás si llegaba a tener suerte podría ser mi jefe, algo que sería terrible porque el tipo sin dudas es irritante, volteo mi cuerpo, pero sin dejar de caminar. — ¡Adiós Sr. Bell! — Grito despidiéndome, cuando de repente choco con una chica, ambos caemos al suelo, sin querer con mi brazo la golpee y ella gimió de dolor, rápidamente me arrastre hasta la desafortunada.  — ¡Lo lamento en serio, por favor déjame ayudarte! — Grito desesperado por la culpa, la chica me da una fuerte bofetada, quizás con todas sus fuerzas y otro chico la ayuda a levantarse. — ¡Eres un idiota!... ¡Ve por donde caminas grandísimo imbécil! ¡Ahh! — chilla la chica ya estando de pie, mientras las personas que pasan alrededor se ríen, y otros me observan como si hubiese abusado sexualmente de la histérica mujer.  Con toda la vergüenza del mundo, comienzo a levantarme tocando mi adolorida mejilla y me dispongo a largarme de ahí, ya nada más podía ocurrirme, volteo mi rostro al escuchar una carcajada al fondo, y sin sorprenderme observo que el idiota estaba a punto de orinarse en los pantalones por la risa sin control que tenía, yo no puedo evitar mirarlo con odio, quito la mano de mi mejilla y camino hasta la salida.   Cuando ya estoy a una cuadra de distancia suspiro muy desanimado, el día de hoy había sido uno error tras otro, solo quería llegar a mi departamento y emborracharme hasta perder la conciencia, no me importaba, tenía meses sin beber una gota de alcohol, pero tenía ganas de echar mi sobriedad a la mierda el día de hoy.   Después de un largo y fastidioso viaje en autobús por mas de 1 hora, llego a casa. En el camino pasé por la licorería, y me compré una botella de ron, que, juzgando por el precio, parecía ser el preferido por los indigentes, porque ni etiqueta tenía; sin perder el tiempo arrojé mi bolso en alguna parte de la sala, y comencé a desvestirme, quedando solamente en ropa interior, busqué mi ron y empecé a beber directamente de la botella, caminé hasta el sofá y me lancé rebotando un poco, bebiendo como si no hubiese un mañana, no había ni una pizca de ruido, y el silencio me atormentaba, así que me levanté para poner algo de música, busqué en mi repertorio y coloqué el álbum de mi grupo favorito Nirvana, perfecto para esta ocasión, necesitaba escuchar rock depresivo para auto compadecerme un poco, y que mejor grupo que Nirvana, subí el volumen más alto que mi reproductor de los 90s podía soportar, y me eché nuevamente en el sofá, me sentía realmente mal, era un completo fracasado, se que había echo mi mejor intento, pero no fue el suficiente, recordé al idiota ricachón burlándose de mi cuando me tropecé con aquella chica, mi patética y corta entrevista, al tener todo esos bochornosos recuerdos paseando por mi mente, cubrí mis ojos con una de mis manos mientras seguía bebiendo ese alcohol que quemaba mi garganta con cada trago que ingería, me gustaba esa sensación.    Sin darme cuenta me había tragado toda la botella de ron, aun no estaba lo suficientemente ebrio, el álbum de Nirvana había terminado y yo seguía tirado en el sofá semidesnudo, al estar en silencio otra vez comencé a rememorar el día de hoy.  — ¡Ya basta, sé que soy un fracaso no tienes por qué estarme recordándolo todo el puto día! ¡SOY UN FRACASADOO, LO SE! — me grité a mí mismo y luego comencé a reírme. — “¡Si, si si…ya sabemos que eres un fracaso, pero ya cállate y apaga esa maldita música!” — Grita alguien desde el piso de arriba, seguramente uno de mis vecinos, yo me levanto del sofá y caigo al suelo, realmente estaba ebrio y me dispongo a contestarle levantándome diciendo:  — ¡Ya apagué la maldita música acaso no te das cuenta tarado de mierda! — Grito al techo y sin perder mucho tiempo escucho la respuesta:  —“¡Ahh, ya púdretee!” — escupe mi cariñoso vecino a todo pulmón, quizás al día siguiente no iba a tener voz, por el semejante grito que me lanzó.  Sabiendo que él no me ve, muestro mi dedo medio elevándolo al techo, rasco mi trasero y despeino mas mi cabello caminando a paso lento hacia la nevera, buscando la cerveza a medio tomar que había dejado hace dos días, al encontrarla, siento un fuerte dolor en el estómago, no había comido nada en todo el día, y eso es la muerte para alguien que bebe, dejo mi bebida a un lado y hurgo en mi refrigerador, y sin mucho entusiasmo comienzo a prepararme un sándwich con queso y mantequilla, trago mi alimento de pie, y bajo el pan con la cerveza, al terminar arrastro mis pies hasta el sofá nuevamente, cuando de repente escucho mi celular a lo lejos, con el mismo ánimo que me dirigía al sofá, camino hasta mi bolso que está en el piso, busco mi celular y tengo tres llamadas perdidas, levanto una ceja sin dudarlo marco al número que estuvo intentando contactarme insistentemente, después de tres tonos alguien me contesta. — Por fin atiendes, te habla Robert Bell, CEO de la empresa Art &Co, comienzas a trabajar el lunes… pequeño psicópata golpea mujeres… — dice el idiota de la otra línea, yo estoy paralizado con la boca entre abierta aun sorprendido. — ¿Sigues ahí, hola? — Sí, si aquí estoy— carraspeo mi garganta — entonces si quedé como asistente… no es para menos. — alardee tratando de ocultar mi estado de shock y ebriedad, puedo escuchar como el idiota se ríe en la otra línea — Wow, me sorprende tu modestia… veremos que tan bueno resultas ser… Yo comienzo a bufar porque sentí que su respuesta fue claramente un sarcasmo.  — Estúpido… por supuesto, seré el mejor asistente que en tu puta vida habrás presenciado.  — Eso espero… aunque está muy mal visto ofender al jefe ¿no crees? y si no me equivoco suenas ebrio —Asume el idiota, sin darme cuenta le había dicho exactamente lo que estaba pensando, tapo mi boca y luego me doy un golpe en la cara por tonto.  — L-Lo siento…y-yo…— Carraspeo mi garganta nuevamente. — Es simplemente una expresión no me tomes en serio, además, aun no eres mi jefe... y no estoy ebrio... — explico estirando cada palabra, no podía ocultar mi obvia ebriedad. — Ok... lo que digas... te veo el lunes, no sabes lo que te espera… — amenaza el idiota en la otra línea, cuando me disponía a responderle escucho el sonido: Pii pii pii indicándome que ha colgado la llamada. Al darme cuenta de esto, quito el teléfono de mi oído y lo observo con el ceño fruncido mientras maldigo a ese imbécil por haberme colgado, luego sin tener control sobre mi cuerpo, o posiblemente por el alcohol que corre por mis venas, comienzo a sonreír y a saltar cono un niño pequeño. — ¡Conseguí el maldito empleo, soy el mejor, lo logré!, ¡lo sabía, sabía que era mejor que todos esos idiotaaas! —  grito a todo pulmón. — ¡Oh ya cierra la boca! ¡Estúpido crio bipolar escandaloso! —  responde mi vecino ¿acaso ese viejo no tiene nada que hacer en su casa?  — ¡Muérete viejo decrépito! — exclamo sin saber a ciencia cierta la edad de mi entrometido vecino. — ¡chúpame la v***a, imbécil! — — En tus sueños ¡No chupo vergas tan pequeñas como la tuya! — ¡Ni siquiera me la has visto, marica! —  ¡Ya basta! Dejen de hablar de vergas, ¡Y lárguense a un maldito motel! — grita esta vez una mujer con una voz más lejana, seguramente la vecina de mi conversador vecino.   Cuando ya creo que es necesario, termino mi entretenida conversa, y busco algo para vestir, tenía que salir nuevamente a comprar más alcohol, esta vez el motivo era para celebrar mi nuevo empleo, rebusco mi billetera y sin percatarme que no tengo zapatos, salgo de mi departamento corriendo animado, para embriagarme un poco más, recordando lo último que escuché de Robert: " no sabes lo que te espera" ¿Qué quiso decir con eso ese idiota? en fin... por los momentos no importaba, ya el lunes tendré el tiempo suficiente para enterarme.                
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