Los meses pasaron como hojas arrancadas de un calendario que no quería mirar. Dejé todo. El apellido Brooks. La empresa. La rutina. Los trajes. El sushi caro. Las miradas lujuriosas. Las puertas de vidrio y las oficinas silenciosas. Me fui. No a Canadá. No podía volver allá. No con el corazón así de hecho pedazos. Me quedé en algún lugar perdido entre estados. Una ciudad lo suficientemente pequeña como para pasar desapercibida, pero lo bastante viva como para no sentirme sola. Aquí nadie me conoce. Aquí no soy la asistente de Scarlett Brooks. No soy la chica que llevaba archivos confidenciales ni la que caminaba por la alfombra de mármol de K&E ENTERPRISE. Aquí soy solo Sophie. A secas. Trabajo en una librería, algunas tardes ayudo en el café de la esquina. Vivo en un pequ

