Terminaba mi septima semana de embarazo y las nauseas comenzaban a aumentar. —No puedo más —me quejé abrazada al wc. Ian me sobaba la espalda sin saber que hacer. —Preciosa, es mejor que vamos al hospital. —No —me apresuré a responder. —Es todo muy normal —murmuré con la voz ronca. Me ayudó a ponerme de pie y fui a lavarme los dientes. —No sabes lo mucho que te agradezco que estes aquí... Mis padres vuelven mañana y sin ti no se que hubiera hecho. —Ya sabes que voy a estar contigo siempre. Eres mi amiga y ese bebé que viene va a ser mi ahijado. Me reí ante su ocurrencia. —Esta bien... —acepté. Él celebró. —A todo esot, ahora que me acuerdo... ¿Como va todo con la chica que conociste la semana pasada? —Muy bien... estoy yendo lento con ella, quiero que salga todo bien. Sonreí e

