ATARDECER EN EL TREN

2415 Palabras
Cuando todo esto comenzó trajo consigo al destino, quien me convirtió en una ficha de dominó que se suelta para derribar una fila interminable de fichitas paradas en un lugar específico. Si todo cae de acuerdo con lo planeado al formarlas, terminará siendo la creación deseada, pero, si por alguna razón algo cae fuera de su lugar, se regará el caos y la destrucción sobre la misma creación… K. Mi sentido del olfato me advierte de aquel aroma tan familiar para mí (huele a humo), es el mismo aroma a humo que me ha acechado desde que tengo memoria y el mismo que arrastra a su paso el peor de los augurios, por eso me rehuso a despertar con ese olor impregnado nuevamente en mi. Conozco muy bien las consecuencias de hacerle caso a mi nariz en momentos como este y es por eso que trato de recordar dónde he dejado mis calmantes, porque no quiero despertar aún y porque seguir durmiendo es lo que más me urge ahora; pero al percatarme que no los tengo cerca no me queda otra opción que la de aprovechar aquella pereza que siempre ha predominado en mí. Recurro a ella como siempre, empleando respiraciones profundas y pausadas que me tranquilizan y me aferran poco a poco al sueño nuevamente. Por alguna razón que desconozco, cada que este aroma se hace presente esa misma pereza se establece en mi interior con mayores efectos, creando en mi sistema nervioso algo a lo que yo he llamado: -“EL REINADO OMNIPOTENTE DE LA FLOJERA”-, y funciona casi inmediatamente, siempre y cuando mi cerebro no oponga resistencia, respiro profundamente una vez más y mientras inhalo me pierdo en un pensamiento que no dejé pasar. [Es tan peculiar el aroma que despide el humo de un cuerpo humano al calcinarse, pocos lo conocen y de esos casi nadie lo tolera, aún con cierta distancia a más de uno les produciría náuseas inmediatas si llegarán a olerlo, incluso he sabido de algunos médicos forenses que dejan o no toman los casos que involucran calcinaciones porque no soportan el aroma, sin contar las escenas tan escabrosas que resultan después de que el fuego arrasa con todo lo que encuentra a su paso; pero ese no es mi caso, a mí ese aroma siempre me ha provocado solo una especie de escozor en las fosas nasales, nada insoportable, con sólo aplicar un poco de crema para manos alrededor de mi nariz se elimina la poca sensación de molestia que me llega a producir, puedo distinguirlo aún si se encuentra lejos y las imágenes no me producen ni miedo, ni repulsión, ni morbo.] Fiel a mis costumbres, trato de ignorarlo para no abrir los ojos sin embargo, mi cerebro se interpone y me lo impide; cuando más me negaba a ceder ante mi nariz y a punto de vencerme en un sueño profundo, esté activa otro sentido para que me recalque la alerta. Ahora es mi oído el que reacciona, provocando una mueca descontenta en mi rostro y yo con el sueño fingido y a media vigilia, me lleno de tensión al percibir aquel sonido tan cerca de mi cabeza. -¡HOY MORIREMOS POR FIN!- Se trata de un grito doloroso y desgarrador y por la voz se que es mi madre quien lo emite. Escucharle gritar esa consigna me obliga a despertar de inmediato pero a pesar de tener tanta prisa por abrir los ojos (debido al sobresalto), me veo forzada a hacerlo poco a poco, me cuesta más de lo que pensé acostumbrar mis pequeños y cansados ojos grises a tan deslumbrante luz. Frunciendo un poco el ceño logré abrir apenas unos milímetros mis ojos y por entre mis pestañas puedo ver como una sombra amorfa se acerca muy rápido hacia mí y logra atravesar mi pecho como si de una diana se tratara, esta alcanza a estamparse certera en el centro y aunque el encontronazo no me causa molestia alguna, si me llega a sorprender un poco la velocidad con la que arremetió en mi contra y sin tener un motivo aparente. Ni bien asimilaba lo que acababa de suceder cuando ya estaba hecha un caos nuevamente, respirar es tan difícil cuando el aire te da lleno en la cara, ahora debo exigirle a mis pulmones mayor resistencia y en definitiva me olvido de las inhalaciones profundas. Apenas estaba recuperando el aliento después de ser sofocada por un incesante viento, cuando mis ojos se abrieron tanto como les fue posible. Si mis sentidos del olfato y oído no habían conseguido sorprenderme del todo, mi sentido de la vista sin duda alguna lo obtuvo de inmediato, al lograr al fin aclimatarme a la luz me quedé totalmente sin palabras por el paisaje que se abría paso frente a mí. No cabía el asombro en mi rostro al ser testigo de cómo el sol se estaba poniendo en el horizonte, tan perfectamente dispuesto para ser admirado en su totalidad, con tantos hermosos tonos rojizos, anaranjados y amarillentos que le acompañaban, al igual que unas pocas nubes blancas y esponjosas, en su camino a ocultarse de mi incrédula y fascinada mirada. Bajo ese lento juego del escondite hay kilómetros y kilómetros de tierra, está se extiende hasta las montañas que descansan inamovibles a lo lejos y que están rodeadas por variados tintes de color verde de las zonas de cultivo, son solo unas cuantas hectáreas que le han sido arrebatadas a la tierra por la humanidad en su búsqueda de evolución y progreso, de lo que en algún momento fuera una planicie silvestre que sin duda debió ser aún más formidable de contemplar. Puedo asegurar que este es el atardecer más hermoso que he visto en toda mi vida; el viento que momentos atrás me ahogaba ahora me da una tregua y alborota mi cabello jugando con él, haciendo que lo vea tan vivo como el extraordinario panorama que tengo enfrente. Después de tomarme el tiempo para admirar este espectáculo de colores, recuerdo el porque me ví forzada por mis sentidos a reaccionar y vuelvo a respirar profundamente buscando aquel aroma en el aire, agudizando mi oído en la espera de otro grito y buscando sin saber bien qué, giro mi cabeza para por fin mirar hacia abajo intentando descifrar lo que sucede con exactitud. -¿Dónde estoy?- Le pregunté a la nada, apenas audible después de ser atacada nuevamente por el aire que le propinaba a mis pulmones demasiadas rachas de un solo golpe, la constante embestida del viento me forzaba a inhalar profundamente y en repetidas ocasiones la sensación de ahogo me hizo toser. Giro mi cabeza una vez más para intentar eludirlo mientras doy una mirada sobre mis hombros, logrando esquivarlo y al respirar más calmada noto que ese aroma a humo regresa, no logro entender cómo puedo percibir con tal exactitud aquel aroma, si el aire que en ráfagas respiro en este momento se siente tan limpio. Cuando ese olor del humo se vuelve más penetrante en mi nariz, obligo a mis sentidos a volver al orden y los centro en el que me ocasionó despertar, de inmediato llegó a mis oídos el ruido de una máquina locomotora y de sus ruedas sobre los rieles, esto dispara pequeñas gotitas de sudor frío en toda mi espina dorsal que erizan cada bello de mi ser. Me veo invadida en una mezcla rara de adrenalina y terror al percatarme que estoy parada en uno de los tantos vagones de un tren de carga enorme y en marcha, con el viento dando en mí contra y sin nada que me haga una línea de vida. Al no conseguir que mi mente se turbara otra vez después de aquellas descargas de sensaciones, mi curiosidad afloro, haciendo que girara la mitad de mi cuerpo hacia la derecha y me tomara un momento de mi tiempo para poder divisar el gigante de hierro que me transportaba. Desde mi perspectiva alcanzo a distinguir que está gran bestia es jalada por un par de máquinas al frente y no logro diferenciar bien si es solo una o tal vez dos, las máquinas que al final aseguran el empuje, por eso decido moverme para tener mejor visibilidad. Sin perder el equilibrio recorro con pasos cortos sobre los lomos de este vagón, me concentro en el contenido de la carga prestando atención a algunos de los demás vagones (porque todos me parecen incontables), unos transportan granos y forraje, hay maquinaria pesada, también cemento, hierro, algo parecido a postes atados a lo largo de plataformas que casi rozan las vías, varios tanques cilíndricos como en el que me encuentro de pie, tienen una leyenda pintada -"PRECAUCIÓN PRODUCTO INFLAMABLE"-, ni bien termino de leer y… -¡Oh sí!... ¡Por supuesto que sí!- Exclame mientras hacía ademanes cargados de frustración, no puede evitar decirlo en voz alta, intentando con ello evidenciar mi queja ante el tan infortunado descubrimiento que acababa de hacer y es que, resulta que este tren está repleto de personas, mejor dicho, está lleno de personas indocumentadas. -¡Genial… lo que me faltaba… inmigrantes!-. Lo digo nuevamente para mí, despacio, ahogando mi voz y casi rogando conseguir con eso poder evitar pensar en todos los posibles escenarios desfavorables. Veo los rostros cansados y sedientos de las personas que están sobre, dentro y hasta por debajo de los vagones, son tan nítidos, que me sorprendo por la manera en que llenan estos y del riesgo que algunos corren al ir tan cerca de los rieles, presas del pánico, su determinación me asombra y aunque quisiera no puedo hablarles, se muy bien que no lograrían escucharme si lo hiciera, ni siquiera pueden verme… eso también lo se bien y tampoco importa porque no sabría qué decirles. Desde lo alto del vagón donde me encuentro caminando (precavida ante una posible caída), alcance a percatarme que conforme avanza el camino algo no me cuadra, a lo lejos parece que la vía está rota, es como si un trozo de la montaña se hubiera despeñado y en su camino cuesta abajo arrasó con todo a su paso, el riel está seccionado y le hacen faltan como mínimo, una decena de durmientes a las vías para sostenerlas, lo más lamentable es que está tan lejos que nunca lo notará el maquinista, al menos no será a tiempo. -¿Cómo es que logro verlo desde aquí? Si es tan extenso este tren que no puedo contar con exactitud todos sus vagones y máquinas, ¿Cómo es que conseguí ver lo que sin duda será el final de este viaje?-. No lo entiendo y para distraerme divago un momento… Nunca imaginé sentirme tan bien con la velocidad a la que se mueve esto, no es nada comparado con lo que he sentido antes cuando he viajado en autos o motos a toda velocidad, estar aquí me da otro tipo de hormigueo interno, es una experiencia inigualable el poder sentir como avanza un tren, es tan pesado, tan ruidoso, tan firme, tan enorme y tan ajeno a su fatal destino… recupero el hilo de mis pensamientos justo cuando mi vista comienza a ser difusa (cómo siempre, ya me está costando enfocar), siento el aire mezclarse con una fina arenilla y filtrarse dentro de mis párpados pero ni con eso hago el intento por frotar mis ojos, estoy consciente de que mientras más nublada se vuelva mi visión, más cerca estará el momento final. Esa certeza me invade y no hago nada para intentar resistir el impacto, pues ya aprendí que no tiene ningún caso hacerlo, nunca he logrado cambiar un final. Resignada a mi destino y al de todos en este animal de hierro, mi ser entero comenzó a vibrar, hubo un movimiento brusco que sacudió al tren haciendo que las vías emitieran un estridente chirrido debido a los frenos, el maquinista está intentando frenar la interminable fila de chatarra dónde estamos, eso trajo a mi pecho una chispa de esperanza, logrando sacarme del pesimismo en el que me sumía a prisa. -¡Lo vió!- Exclamé con cierto júbilo entre dientes, tratando de ignorar el rechinar de las ruedas en los rieles, que rasgaba los tímpanos de todos los que abordamos este tren. No sé cómo pero creo que el maquinista alcanzó a ver el deslave, debe suponer que el camino está obstruido, que el riel puede estar cortado o que la vía no tenga el sustento necesario de los durmientes. Recuerdo la manera en que lo ví momentos antes e imagino a todas las personas en el tren sujetándose firmemente de lo que puedan para evitar caer. Hasta que nuevamente mi nariz arde con el aroma de piel calcinada, que ahora es mucho más penetrante que nunca. Con mi visión cada vez más nublada (casi nula), mis esperanzas son barridas del todo en milésima de segundo. No sirve de nada tratar de engañarme, sé que no hay nada que hacer y me burló de mí misma por ser tan ilusa en el último momento. -No se puede cambiar un final- Es lo que recito en mi mente una y otra vez. Al entender finalmente esa ley todo en mí vuelve a la calma, ya no siento temor alguno, por el contrario regreso a mi estado de mofa iniciando una cuenta regresiva, sintiéndome como el reloj en retroceso de un cohete que se prepara para su ignición y despegue en Cabo Cañaveral, en la NASA. 10... 9... 8... No cierro los ojos… 7... 6… 5... Inhalo y exhalo sin presión... 4... 3… 2... Me entrego en la calma… 1... Siento un impacto seco en mi rostro… Escucho el ruido del fierro chocando contra más fierro, el choque entre vagones es tan brutal que logran hacerse rizos unos con otros entre rechinidos… la gente grita al salir disparada violentamente de los lugares que ocupaba… todo es opacado por una gran explosión y esta es seguida por un estruendo, después se hizo presente una onda expansiva que hizo vibrar todo a su alrededor y por último el calor abrasador que consume todo lo que encuentra mientras es alimentado por la carga. Explotan en mi cerebro descargas eléctricas, un zumbido me ensordece, me tambalea un mareo… y… dos segundos más tarde estoy de vuelta. Todo a mi alrededor se convirtió en un caos, sin previo aviso mis pies detuvieron su marcha y me quedé inmóvil a la mitad de un transitado boulevard que intentaba cruzar.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR