Que sitio tan apacible, silencioso y antiguo se ve que es este. Con los caminos sin pavimento, los ropajes nada presuntuosos que atavian las personas, la bendita ausencia de la tecnología, la naturaleza tan cerca de todo y con los edificios de madera tan rústicos, este lugar se asemeja muchísimo a los remotos pueblos del que llaman en mi época "el viejo oeste". Incluso se puede respirar un penetrante aroma maderoso que el aire se encarga de esparcir por las calles y veredas.
Al menos parece que por fin tendré un sueño grato, aunque no debo confiarme, prefiero asegurarme de que nada fuera o dentro de lo "normal'' me puede tomar por sorpresa. Después de lo que ocurrió con mi presagio del tren nada ha vuelto a ser igual…
Voy buscando sonidos mientras camino cuesta arriba por una vereda de terracería, entre pausas inhalo profundo por si llegara a percibir algo más que este aroma boscoso; de reojo y sin mucho esfuerzo busco alguna sombra por encima de mis hombros o alguna otra señal que me resulte "familiar", quiero hallar algo que me arroje certeza y no más incertidumbre.
No quiero parecer loca pero, si algo he aprendido de mis premoniciones es que todo se puede convertir en un infierno en cuestión de segundos.
-¡Vaya que eres pesimista Katrina!- Al salir eso de mis labios sonó más burlesco de lo que planeaba.
Y es que "hablando de infiernos", la tremenda postal panorámica que tengo desde lo alto de esta loma los evoca; me bastó con ver los tonos rojizos del cielo al atardecer, eran intensos que daban la sensación de que el mismísimo infierno se estaba mudando al cielo y eso aunado al abrasador ambiente, acentuaba la advertencia de estar a las puertas del Tártaro.
Gracias a esa comparación pude notar la severa sequía que azotaba a estas tierras, de pronto el aire amaderado se sintió demasiado pesado y seco, hasta cambió el ambiente del poblado.
Continuaba sumida en las diversas representaciones y nombres del infierno, hasta que me distrajo una fuerte ráfaga de viento que elevó a su paso un trozo de tela polvorienta y desgastada, junto con un mechón de cabello que reposaba sobre mi hombro derecho, como un reflejo involuntario utilicé las palmas de mis manos para cubrir mi rostro, tratando de bloquear con ese movimiento el pequeño remolino que me pasó por encima (sin causarme daño alguno), en cuanto esté se disipó, aproveché para sacudirme un poco el polvo y también para buscar el origen de la hilacha esa, más al bajar la mirada encontré más de lo que quería...
-¿Qué clase de disfraz es éste?- Fué lo primero que pregunté al percatarme de mi atuendo.
-¿Qué es esto, el siglo XV?-
Ni bien terminaba de exponer otra duda, cuando una nueva ventisca me atacó por la espalda, interrumpiendo por un momento mi cantaleta quejumbrosa y sarcástica.
Este sueño ya está perdiendo su atractivo inicial, no me agrada la velocidad del viento, ni el ambiente seco y caluroso, pero lo que más me incomoda, son estás ropas de la era del caldo que me están cocinando desde adentro. Verlas en otras personas es muy cute, pero no lo es traerlas puestas.
-¡Es muy lindo y calmado su poblado, solo no le hagan publicidad a su clima y prosperarán en el turismo vacacional!-
Justo estaba por incluir a mi sarcástico monólogo, algo sobre el turismo eclesiástico o los campamentos de verano, cuando ví una iglesia no muy lejos.
-Pensándolo mejor, el turismo eclesiástico no es una buena opción para burlarme- Casi exhale eso, mientras detenía mis pasos para poder apreciar la arquitectura de aquella construcción.
En verdad es muy rústica, todo el edificio está hecho en madera, la pintura exterior blanca contrasta perfectamente con el árido poblado. Sin lugar a dudas hace unos 200 años estaría en tendencia. Se ve tan bonita que parece una maqueta de museo, seguramente si algún magnate excéntrico la viera no dudaría en ordenar construir una réplica exacta en su rancho o mansión, nada más por qué a la generación actual le parece "cool" lo "vintage".
-Ahss!!!... ¿Cómo pueden las mujeres andar con estás faldas?- Repliqué al recordar que mi falda se rasgó y el viento me ayudó arrancando aquel trozo de harapo volador.
Aunque la queja no es para todas las faldas, Nick me ha comprado faldas y vestidos; la verdad son prendas cómodas y frescas (aunque yo prefiero lo Levi's o los pantalones de cargo), mi descontento es solo para esta falda en particular por las exageradas capas de tela que tiene.
Se trata de una confección interminable basada en los remiendos de la retacería de todas las telas viejas posibles y que me llega a los talones, cómo mínimo debe tener unas cuatro capas de tela con un añadido de tul entre ellas, además de un delantal igual (echo de diferentes telas y lleno de parches), todo está ceñido a mi cintura tan ajustado, que me oprime el estómago, para colmo de males, debajo de todo eso también tengo puesta una especie de bermuda con olanes en los muslos que me cubre hasta las rodillas y me roza a cada paso que doy; ya para rematar el ajuar de "Cenicienta", luzco un blusón de manta, las mangas son tres cuartos con parches por doquier y está bien seguro bajo los pliegues de la falda, sujeto con una especie de pashmina echa de algún material orgánico y un paño atado en la cabeza.
-¡Happy thanksgiving day!- Más sarcasmo…
Nadie pudo oírme, pero lo cierto es, que si hoy fuera acción de gracias estaría perfectamente vestida para la ocasión.
Planeaba seguir con mi paseo campirano, hacer un tour por el poblado, visitar la iglesia y comer algo, pero mi itinerario fue suspendido por el sonido de las campanas; su repicar no parece ser un llamado a los fieles a la adoración, más bien parece que están repicando para alertar a las personas… al menos sé que no dije nada malo como para hacer que me lincharan...
#-¡Huele a humo!- Está vez no fuí yo la que lo dijo...
Sentí un leve tirón en la falta y me tope con que el dueño de aquella voz era un pequeño niño no mayor de cuatro años, de rizos oscuros y con el rostro de una hada. No supe en qué momento apareció aquí, ni porqué me sujetaba con tanta angustia. Después de escuchar sus palabras y evitar mis preguntas, giré mi cabeza un poco, solo entonces percibí el aroma, sí, era humo, pero no era el aroma de siempre, este era del humo que brota de la hierba o la leña quemándose.
#-¡Vamos a casa mamá o al río antes de que nos coma una bola de fuego!- Lo dijo mientras se abrazaba con sus bracitos debiluchos a mi pierna izquierda.
Podía sentir el miedo que tenía por todo su pequeño cuerpecito, tan delgado y tembloroso.
-¿Dónde está tu mamá o cuál es tu casa?- le pregunté.
Me dió tanta ternura verlo así de asustado, con su carita sucia y la ropa vieja tan parecida a la mía.
#-¡Corramos mami, date prisa!- él insistía.
Me tomó de la mano y le dió un tirón, al mismo tiempo que hacía por correr hacía adelante lo más veloz que le era posible. Ví sus cortas piernitas arrancar cuesta arriba y aunque no tenía la fuerza suficiente para lograr moverme lo intentaba, la dulzura de aquellas acciones me hicieron ceder y correr tras de él.
-¿Mami?- Me intrigó cómo me llamó.
A lo mejor yo debo parecerme en algo a su mamá y está tan desorientado que me confunde con ella.
Cuando llegamos al pueblo todo era un desorden, había gente corriendo a la iglesia, otros lo hacían rumbo al río, muchos se encerraron dentro de sus casas; aunque la taberna permanecía repleta de hombres que no buscaban dónde ir (ni siquiera se les notaba el interés por salir de ahí), las calles estaban atestadas e iluminadas con el fulgor de mil antorchas…
Cuando noté que había oscurecido hace algún tiempo, entendí la razón del pánico colectivo a mi alrededor.
Alguien chocó contra nosotros haciéndome caer a los pies de aquel pequeño, levanté la mirada y al mirar sus hermosos ojos negros el tiempo se detuvo para mí. Una lágrima que asomó por su ojito izquierdo me regresó al bullicio.
Nunca esperé verlo llorar y por eso lo atraje a mis brazos para evitar su llanto y consolar su tristeza, deje un beso en su mejilla y repose mi rostro en su pequeño hombro.
Al respirar cerca de su oído percibí ese aroma familiar, pero tampoco fui la única, toda gente del pueblo podía notar el cambio de aroma que tenía el humo, pronto las cenizas se hicieron presentes, cayendo desde el cielo como si fueran copos de nieve.
Se escuchó el rugir de un gran estruendo, seguido de un destello rojo que iluminó todo el pueblo, las ráfagas de viento arreciaron y formaron remolinos que se mezclaron con el fuego. Ahí fué donde el terror nos enmudeció a todos por un instante, para luego despertar reflejado en los ojos perplejos de los que aún estábamos presentes en la plaza y en las gargantas que se desgarraban entre gritos, rezos y súplicas de auxilio.
Cuando el fuego llegó al río, se desató el verdadero infierno, en tan solo unos instantes lo inverosímil sucedió, las llamas no se extinguieron al contacto con el agua. La voracidad de aquel incendio era tan excesiva que podía permanecer ardiendo aún sobre las aguas y la gente que estaba zambullida en el río buscando salvarse de ellas, ahora también estaba muriendo calcinadas o ahogadas al no soportar estar sumergidas por tanto tiempo.
Al ver cómo se acercaban más y más las llamaradas y que los remolinos eran tantos que no se podían contar (por primera vez), sentí angustia desesperación y miedo.
#-¡Mami no quiero irme con los tornados de fuego¡- me suplicaba el pequeño.
Al oírle decir nuevamente "mami", mi corazón casi abandono mi pecho. Entendí que aquellos sentimientos no eran por mí, eran por él.
-¡No te va a pasar nada!- Le aseguré mientras lo cubría con mi cuerpo para protegerlo de las llamas.
Sintiendo el demonio del fuego hervir desde mi interior, cada respiración que tomaba llenaba mis pulmones con aire caliente, mi nariz estaba ya repleta de hollín y el humo me sofocaba, los brazos y piernas me ardieron y mi espalda despidió ahora aquel aroma tan particular, tan conocido y mientras me quemaba viva con mi cuerpo aún trataba de proteger al pequeño, no me importó lo que sucediera conmigo, lo único en lo que pensaba era en salvarle la vida a mi hijo, que él viviera… escuché unos pasos acercarse, traté de ignorar el dolor que sentía, al intentar levantar la vista sentí como algo cayó sobre mi cabeza, me golpeó tan fuerte que me obligó a doblar el cuerpo buscando no hacerle daño a mi niño, después de eso solo pude percibir oscuridad, con mi último respiro, conseguí distinguir que el aroma del humo se estaba mezclado con metal... eso fué lo último que mis sentimientos lograron rescatar antes de que mi conciencia regresara...
Cuando Tomas entró en la habitación y se llevó a Violet, esa misma conciencia me abandonó definitivamente y para cuando reaccioné nuevamente no reconocía nada.
Al abrir los ojos, la luz y el calor eran similares pero ya no estaba encerrada en la alcoba, ahora tenía un panorama desértico al frente y a mí lado estaba Tom conduciendo… ya no había más fuego, ni estaba aquel pequeño.
No pudo ser una premonición, estoy casi segura de que se trató de algún recuerdo antiguo. Necesito información para saciar está interrogante, solo quiero saber si él se salvó. Giré buscando a Vio pero no venía con nosotros, ella era la única que podía entenderme y ayudarme...
-¿Traes tu celular?- le pregunté a Tom arrastrando las palabras.
Él acercó la mano al bolsillo del pantalón dónde lo tenía, tan pronto extrajo su iPhone le colocó su dedo índice izquierdo para quitar el bloqueo y me lo dió sin hacer preguntas, una vez que lo tuve en mis manos no supe cómo hacerlo funcionar.
-¡Oprime la pantalla!- me dijo Tom algo serio y mirándome de reojo.
Yo hice lo que me dijo y muchas imágenes pequeñas la ocuparon.
-¿Qué es lo que buscas?, Si quieres hacer alguna llamada, asegúrate de que no sea al estúpido de Mark y si es a Violet, debo decirte que no te va a poder responder-
Vaya, si que tiene el tono mandón de su hermano.
-Necesito buscar información sobre un sueño que tuve, ¿Cómo hago que el móvil me lo diga?- nunca había manejado uno de estos yo sola, por eso debía preguntar.
-En el navegador escribes lo que quieres saber y te da opciones, supongo que algún libro o página de significados de los sueños bastará- mientras Thomas me decía eso le dió un par de toques a la pantalla y activó un teclado.
No podía pedirle un teclado en braille, ya mucho hizo al explicarme, por eso no hice ni el más mínimo esfuerzo por formular más preguntas, la verdad es que Tom se notaba que estaba algo impaciente y para no molestarlo más me las tuve que ingeniar con el aparato ese.
Buscar en el navegador no fué tan complejo como pensaba, escribí la palabra incendio, y una lista interminable con información sobre incendios se desplegó, tenía que encontrar algún incendio que correspondiera, calculé la época (de acuerdo a la vestimenta) y por último puse mi país como referencia. Los resultados nuevamente eran extensos, pero estaban más cerca de lo que trataba de encontrar.
Leí varios artículos hasta que un par de eventos (con fechas diferentes), me llamaron la atención, me decidí a abrir el que se repetía más, uno del 8 de octubre de 1871, sobre la del noche en la que América ardió, en esa fecha ocurrieron tres incendios importantes a lo largo de las orillas del lago Michigan... Leí unas cuántas líneas pero la información y las noticias sólo se enfocaron en la cuidad Chicago y no concordaban con lo que yo ví.
Hice una nueva búsqueda con respecto a los otros dos siniestros de aquel día, hasta que encontré un libro escrito por un párroco.
-¿Qué es PDF?- otra vez tenía que preguntar, porque lo que quería leer decía que era eso.
-Es un formato para archivos, no te compliques, al tocarlo se descarga en automático y lo puedes leer en otra app, el móvil lo hace solo- respondió mi acompañante.
Creo que le dí un poco de lastima a Thomas, porque me explicó todo sin molestarse.
Hice todo como él me dijo y festejé al ver que funcionó.
Comencé a leer entre líneas...
-El incendio consumió la ciudad de Peshtigo, Wisconsin y mató de 1200 a 2500 personas-
Mi concentración fallaba por instantes...
-Familias enteras fueron encontradas unidas en montones-
Me sorprende mucho el estado actual de Tom…
-Se dice que 200 hombres murieron en una sola taberna-
Después de leer eso fije la vista en el móvil… el relato contaba con algunas imágenes en blanco y negro...
-Allí, una madre yacía boca abajo, apretando a su hijo contra el pecho mientras lo intentaba salvar-
Es fué todo lo que encontré… la última imagen era la de un cuerpo calcinado por la espalda, un pequeño estaba entre sus brazos y la campana de la iglesia estaba a su lado, después de eso cerré el navegador y puse el aparato sobre mis piernas. Esa urgencia por saber si aquel pequeño vivió o no, la hacía más difícil de entender.
Fijé la mirada en el desierto, mientras me intentaba convencer de haberlo salvado y recordando que no se puede cambiar un final y antes de enfrascar mi cordura en la descabellada idea de tener hijos o de dirigir mi culpa hacia mi madre, opté por resignarme.
Para no continuar buscando opté por devolver aquel aparato a su dueño, quien lo tomó sin más y lo guardó nuevamente en su bolsillo para después examinar muy detenidamente mi rostro y me provocó hacer lo mismo con el suyo.
Cuando él llegó a la alcoba no puede verlo a detalle, mi conciencia estaba muy perdida ya y lo primero que hizo fué ir con Vio. Pero ahora, a tan solo un metro de distancia es imposible no percatarse de que su estado es deplorable.
Tiene heridas en el rostro y las manos, su ropa se ve sucia y con manchas de sangre seca, le urge una ducha y afeitarse tanto como dormir y comer algo, luce muy demacrado y no lo recordaba tan delgado.
-¿Qué fue lo que te pasó?- le pregunté sin sutileza.
-Jason no aparece- y él me contestó sin tacto alguno, permitiendo a la ansiedad apoderarse de mí.
-¡Te quieren a tí Katrina!- Thomas continuaba hablando, pero la poca información que mi cerebro retenía era confusa, por más que me esforzaba solo podía captar fragmentos de lo que me decía...
-Te dejaré lo más cerca que pueda pero aún así estarás sola a la mitad del desierto, debes llegar a la montaña Hopi antes del anochecer para que liberen a J- Eso es lo que más se adhirió a mis neuronas, desde el momento en que lo escuché de los labios de Tom.
-Debo llegar a la montaña de la tribu Hopi- este es mi nuevo mantra.
Obviamente no sería fácil la travesía, me siento agotada y por momentos tengo alucinaciones; no puedo asegurar si se deben al calor, al hambre, a la resaca de las pastillas que aún tengo en mi sistema… todos los deseos que tengo por qué se oculte el sol se desvanecen inmediatamente al recordar que ese es mi tiempo límite… y por si fuera poco, no estoy segura de ir en la dirección correcta o si la famosa montaña existe o no, tengo dudas… no se si entendí bien lo que dijo Tom de la tribu…
…Mi caminar es lento, pesado y deja una estela en la arena conforme se arrastran mis pies, todo lo que veo es más desierto y no me queda nada que sudar o salivar…
…Hace mucho que perdí la noción del tiempo y lo único que aún me mantiene "andando" bajo este infernal clima es la esperanza de hallar la montaña y conseguir la libertad de Jason…
…Un nuevo espejismo de la montaña, por momentos la veo a uno o dos kilómetros de distancia y en otros me parece tenerla tan cerca… si en verdad fueran solo cien metros, exigiría a mi cuerpo un último esfuerzo pero ya no puedo más…
Mis rodillas ceden y el equilibrio obedece a la ley de gravedad, arde mi piel al contacto con el suelo, me muero de sed y por momentos mis párpados se cierran, estoy tan exhausta que temo no poder abrirlos nuevamente…
-¡Nací en agua y moriré en un desierto!- exhale y mis labios probaron la arenisca.
#-¡Bienvenida al infierno, Katrina Smoke, tercer aroma mortal!- alguien me hablaba…
…Esa voz… creo que ya perdí la cordura por completo…
#-¿Dónde estabas?- habló nuevamente, no es una ilusión, lo que me resulta aún más terrible porque no sé de dónde proviene esa voz.
#-¡Bien, ya tendremos tiempo de conversar, por ahora llegó tu hora de dormir Smoke!- después de aquella orden, una sombra se detuvo al lado mío, regalándome un poco de paz, alejó con su presencia el castigo que recibía del sol.
Aquella voz tan grave me provocaba algo… me resultaba familiar, justamente cuando se dispararon las alarmas internas en mi seco cerebro, sentí el impacto de un puño en mi cara…
-¡K.O.!-