El tiempo pasó con rapidez, Jaime y Luisa no habían dejado de bailar en toda la noche y solo se acercaban a la mesa para agarrar otro trago, en poco tiempo mi mesa se llenó de copas, vasos, botellas de cerveza vacías, y botellas de alcohol. Mario, aunque estaba a mi lado, sabía qué hacía tiempo no estaba sobrio, se había hecho amigo de uno de los chicos de una mesa cercana y ahora hablaban de cosas de borrachos, balbucían cosas incoherentes y reían escandalosamente. Parecía que a todos se les había olvidado el verdadero motivo por el que estábamos ahí. “¿Entonces Agustín se encuentra bien?” me preguntó Raquel a través de un mensaje. Confirmé que él se encontraba bien, que nunca había corrido peligro y que mañana le contaría todos los por menores de la noche. La mandé a descansar y yo me

