Capítulo 4.

1688 Palabras
Rachel. No tengo idea cuando caí rendida, mi cuerpo me estaba pasando facturas y debía reconocer que recién estaba tratando de procesar todo lo que había sucedido en las últimas horas, empezando desde esa noche que Landon me dijo que me amaba, era irónico que lo haga justo cuando definitivamente había cerrado mi ciclo con él, luego tenemos que mi esposo de papeles, al cual no veía hace tres años se apareció en mi departamento diciéndo que estaba en peligro, me esposó a él y para completar me dijo que es líder de una mafia, me trajo a Napoles para cuidarme así que ahora estoy en un país que no conozco al lado de un mafioso, el cuál no tiene apariencia a lo que me imaginaba y está más bueno que cualquier modelo de Armani. Pero volviendo al punto, no se en que momento llegué a la cama y terminé durmiendo en los brazos de Daniel, porque estaba abrazada a su torso, con clara intención de no soltar nada, mirando sus tatuajes. — Buongiorno, amore — murmura y me sobresalto al escucharlo. — Hola — susurro avergonzada. Quiero salir de su agarre pero lo impide acercándome más a su cuerpo y jadeo sorprendida. — ¿Por qué estamos durmiendo juntos? — pregunto mirando su piel bronceada, los números romanos que llevaba en su pecho llamaban mucho mi atención. — Eres mi esposa ... — De papeles — le recuerdo. Gruñe y nos gira quedando encima mío. Mis ojos se abren grande al sentirlo de esa forma. — Rachel — dice. — Eso de papeles no me gusta para nada, mientras estemos juntos seremos marido y mujer, lo que significa que habrá demasiado sexo entre nosotros — sentencia generando una perfecta fricción entre su entrepierna y la mía. — Daniel — jadeo sintiendo no solo la fricción sino cuando su pelvis choca con la mía. — No nos dejaron cerrar nuestro trato en ese avión y los negocios siempre hay que cerrarlos, así se cumplen — dice con una sonrisa pervertida. — ¿Y como se cierra el trato? — pregunto mordiendo mi labio inferior. — Con muchos orgasmos de por medio — afirma volviendo a chocar su entrepierna con la mía y robándome jadeos por ese maldito movimiento. Levanta mi mano y abro los ojos para observar como pone en mi dedo anular un anillo con una esmeralda. — ¿Qué haces? — — Mi esposa debe llevar una anillo que afirme que es mía. Las esmeraldas me hicieron acordar al verde de tus ojos — comenta haciendo que sienta como vibra mi corazón. — Eres romántico y sexy — digo con una gran sonrisa. — Sobre todo sexy — acota dejando un beso en mi mano. La verdad que debía reconocer que tengo un esposo muy sexy, su bronceado perfecto, esa barba, su cabello, sus brazos llenos de tatuajes y esos ojos color aqua, dejan sin aliento a cualquier mujer. Vaya afortunada me sentía en este momento. — ¿Vamos a cerrar el trato, esposo? — lo desafío usando una de mis manos para recorrer su torso. — Todo el día lo haremos — sentencia subiendo sus manos por mis piernas para dejarlas sobre mi cadera de forma posesiva. Se escucha un fuerte ruido y como si un helicóptero estaba cerca de nosotros, obligando a Daniel que salga de encima mío para acercarse a la ventana, dice algo en italiano para luego mirarme a mí. — Tenemos visitas, así que está noche no te salvas, Rachel — declara mientras lo veo meterse a su vestidor. La verdad no se cuánto tiempo me quedo sentada en la cama mirando mi anillo, observando mi alrededor y pensando que no tenía nada que ponerme porque no traje ni una muda de ropa. Por eso decidí levantarme de la cama, para seguir por dónde Daniel se había ido, vaya con mi sorpresa porque no me esperaba encontrar a mi esposo literalmente desnudo buscando su ropa en el armario, juro que quise no ver, pero mis ojos se negaban a hacerlo, sus piernas, esa espalda, su trasero y me quedo sin palabras viendo su pene. Más de una le gustaría está en mi lugar. — Deberíamos estar en igualdad de condiciones, puedes sacarte la ropa así también puedo observarte — dice al mirarme. — Me fue imposible — reconozco avergonzada. — Si no estuviera la visita del líder la Sacra Corona Unita, ahora mismo te estaría follando en cada rincón de nuestra habitación — declara al acercarse así desnudo a dónde estoy parada y me quedo si aliento al quedar pegada contra la pared. — Me provocas demasiado, Rachel. No tengo idea como voy hacer para no pensar en tí mientras estoy trabajando — agrega. Toma mi mano para bajarla directo a su m*****o y ambos jadeamos cuando mis dedos se envuelven en su pene. Mis ojos conectan con los suyos, mi mano empieza a subir y bajar por su longitud, gruñe en cada suave presión que hago mientras lo masturbo, él me presiona más contra la pared y su mano va a mi jean, muerdo mi labio mientras espero que sus dedos toquen mi entrepierna. — Daniel — jadeo cuando sus dedos llegan a mi clítoris y empiezan a trazar suaves círculos que me obligan a sostenerme de él sin dejar de masturbarlo. — Estás mojada, amore mío — gruñe y un fuerte grito de placer sale de mi boca en el preciso momento en que uno de sus dedos ingresa en mi v****a sin olvidar a los que están en mi punto de placer haciendo que me retuersa al follarme con sus dedos mientras mi mano se sigue moviendo sobre su pene con más fuerza. Sus labios bajan a mi cuello dejando suaves besos y otro gemido escapa de mis labios cuando otro dedo entra en mi interior haciendo que las paredes vaginales se compriman sobre su mano. — Daniel — jadeo tratando de recuperar el aliento y siento como se corre en mi mano gruñendo. — Voy a sacar a toda le gente de nuestra casa y vamos a follar todo el día — murmura escondiendo su rostro en mi cuello. — Tienes visitas — le recuerdo dejando un beso — Tenemos, quieren conocer a mi esposa — dice dejando un beso en mi mejilla. — No tengo ropa, salí de casa sin nada y ... — ¿De quién pensás que son todas esas bolsas? — inquiere divertido mientras marca la cantidad de bolsas que había en el piso de su vestidor. — Gucci, Prada, Versace, Dolce & Gabbana, Armani y muchas marcas, no sabía cuál era tu favorita por eso mandé a comprar todas — agrega dejándome anonadada. Mi sueldo como perito forense nunca me había permitido usar ninguna de esas marcas. — Esto es una locura — musito. — ¿No te gustan? — me pregunta frunciendo el ceño. — Daniel — lo miro a los ojos. — Esto es mucho... — ¡Daniel! — se escucha el grito de uno de sus hermanos. — Prepárate tranquila, te esperamos para desayunar — dice dejando un beso en mis labios antes de volver a buscar ropa. Ante mis ojos lo veo vestirse y sale volviendo a besarme antes de dejar sola dentro de ese vestidor. Tratando de recuperar el aliento, sentía mis piernas débiles, agradecía estar apoyada sobre la pared en ese preciso momento. Esto parecía irreal. *** Luego de revisar las bolsas, darme un baño, seguir sorprendida por la cantidad de cosas que tenía, no solo había ropa casual sino que elegantes vestidos o zapatos que nunca usé, hasta ropa interior de las mejores marcas y me ponía en duda si él eligió todo esto para mí. — Amore — dice cuando me ve bajar por la escalera. — ¡Al fin conocemos a la Dama de Camorra! — exclama una mujer de pelo rosa. — Buenos días — saludo algo avergonzado por la mirada de las dos mujeres que no conocía y la de los hermanos de mi esposo. — Rachel — me habla Francesco. — Te presentamos a Josefina Cairo, la líder de la Sacra Corona Unita — agrega marcando a la mujer de pelo rosa. — Dilo bien Fran, Josefina Cairo, tu futura esposa — acota la mujer al acercarse enfrente mío. — En tus sueños, loca — masculla él molesto. — Ella es Pía Cairo, la consejera de la Sacra Corona Unita — comenta marcando a la chica de pelo n***o que miraba a Francesco como si fuera lo más maravilloso del mundo. — Les presento a Rachel Salvatore, mi esposa — habla Daniel llevando la mano donde tengo el anillo a sus labios dónde deja un beso. — Un gusto conocerte, dama — dice Pía. — Imposible de creer que después de todo lo que pasaste te casaste de la noche a la mañana — comenta la líder la mafia. — Cierra la boca — masculla mi esposo. — Ups, ella no tiene idea de nada — acota divertida. — El desayuno está listo, vamos a la mesa — interviene Brandon. ¿Qué esconden? — Ni me toques — masculla Francesco cuando la mujer de pelo rosa quiere aferrarse de su brazo, pero él le esquiva para pasar delante de todos molesto. — ¿Estás bien? — pregunta Daniel algo preocupado. — Siento que esto es mucho, entiendo que es tu mundo y necesitas aliados de otras mafia, pero en mi mundo es totalmente diferente — contento suspirando. — Rachel, amore — toma su rostro entre mis manos. — Solo unas semanas y juro que te dejaré ser libre, nunca más nos volvemos a ver si es lo que quieres — agrega haciendo que sienta una punzada de dolor en mi pecho. Si quería divorciarme de él, pero eso de no verlo más no me gustaba para nada y me hacía sentirme angustiada por eso. Definitivamente parecía una loca bipolar, seguro el tema del jet lag, no ayudaba a mis cambios de humor en estos momentos que me sentía abrumada por toda la situación de ser la esposa de un mafioso.
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