Daniel.
Cuando mis hombres me alertaron de lo que sucedía, en primera instancia no les dí importancia, me reía porque estaba seguro que no darían con su paradero. Mi esposa estaba del otro lado del mundo haciendo su vida lejos mío porque todos sabíamos que era la mejor opción, pero todo se fue al carajo cuando me enviaron esa foto de ella caminando distraída por la calle, vulnerable y no dude en dejar todo para ir a su búsqueda. Chicago ya no era segura para la esposa del jefe de Camorra, aunque seamos un matrimonio de papeles no iba a permitir que nadie le haga nada, porque ella es inocente de todo, fue mi culpa hacer lo que hice y usarla para llevar a cabo mi venganza, Rachel no tiene la culpa de los problemas del pasado, pero ahora estaba atada a mí y no la voy a dejar ir hasta que resolvamos todos los asuntos con la mafia irlandesa.
Le había dado mi palabra, después de esto nos íbamos a divorciar, solo somos un matrimonio de papeles que hizo una estupidez hace tres años atrás y debemos darle fin.
— Te llevaré a tu cuarto — dice Marga sacando a Rachel del problema que se vendría.
Mis hermanos y su estúpido dramatismo.
— Imbécil — escucho que me dice Brandon.
Me levanto de la mesa, ellos vienen detrás mío y nos metemos en el despacho que tengo en la casa. No debería darle explicaciones, pero está vez necesito primero a mis aliados, a ellos y después ponerme a conversar con la Bratvá y 'Ndrangheta, no nos vendrá mal ayuda de otras mafias.
— Habla — sisea Giovanni.
— Como siempre cagandote en todo, Daniel — agrega Brandon bufando.
Francesco caminaba, como tratando de meditar sus palabras o tratar de no explotar su mal genio, porque si los cuatro nos poníamos a discutir, todo terminaba en una golpiza donde nuestros guardaespaldas intervenian antes de que nos matemos nosotros mismos.
— ¡Maldita sea! — espeta cabreado.
Suspiro resignado ante sus miradas de puro enojo. — Me casé con ella hace tres años atrás — reconozco.
— Cuando fuimos a Las Vegas — me interrumpe Francesco. — La usaste a esa pobre chica para dañar a Jessica, ¿Para qué? Para una absurda venganza sin sentido porque si algo le sucede cargaras con la culpa de otro inocente, ahí te pones a la misma altura de la mierda que fue Finochiarro — agrega haciendo que me rabie y lo empuje.
— No me parezco a esa mierda — mascullo mientras forcejeamos.
— Están a la par, para que Rachel acepte casarse contigo es porque seguro estaba borracha y tú no, la manipulaste en su condición, usaste su vulnerabilidad a tu favor para vengarte de su hermana como si Jessica tuviera la culpa del padre que le tocó — dice dándome un fuerte empujón.
— Ella no te merece, Daniel — declara Vanni negando su cabeza.
— Maldito, hijo de puta — masculla Francesco dando una golpe que impacta en mi pómulo, cabreado le devuelvo el golpe y Brandon como Giovanni no separa uno en cada punta para impedir que desatemos una pelea de puños innecesaria en este preciso momento.
— ¡Me importa, Rachel! — exclamo siendo sincero.
— No te creo, egoísta — me contesta mi hermano agitado.
— ¡Basta! — sentencia Giovanni tratando que paremos.
— Daniel — me presiona contra la pared Brandon impidiendo que vaya a golpear de nuevo a Francesco.
— Me casé con ella por venganza, si estaba ebria, pero todo cambió cuando ví lo hermosa persona que es ... — hablo. — Me alejé tres putos años de su lado, con la intención de cuidarla de nuestros enemigos y de mi mismo, ahora no puedo dejarla ir porque debo ponerla a salvó y lo estará a mi lado — afirmo pasando mis manos por mi cabello tratando de tranquilizarme.
— Egoísta — acota empujando a Vanni, Brandon me impide que me acerque y lo vemos salir del despacho azotando la puerta.
— Si en verdad te importa esa chica, cuídala, ahora es una Salvatore, es una de las nuestras y la vamos a proteger hasta de tí si es posible — habla Giovanni saliendo detrás de Francesco.
— Eres un desastre, hermano — asegura Bran soltandome.
— No miento cuando digo que me importa, se que fue un error casarme con ella, una locura, pero huí de su lado esa mañana para mantenerla a salvó — digo.
— Solo te diré que la cuides, Dan. Rachel no merece esto que le hiciste, parece una buena mujer ...
— Es una buena mujer — afirmo.
— Y tú un hijo de puta — agrega suspirando.
— Soy el hijo de una puta después de todo — acoto suspirando.
— Los cuatro somos hijos de putas — dice mi hermano encogiendo sus hombros al decir que son nuestras madres.
— Rachel, merece un hombre que la ame — murmuro mientras me acerco para mirar por los grandes ventanales.
— Si sacarás toda tu mierda, dejaras el pasado atrás, serías ese hombre — me aconseja.
— No puedo ...
— No poder es diferente al no querer y tú no quieres avanzar. ¿Qué pasará con Rachel después de que terminemos con los que la acechan? — inquiere.
— Le daré el divorcio, me alejaré de ella para siempre — declara con seguridad.
Se ríe. — Al parecer no vez las cosas como son — se burla.
Brandon es el menor de mis hermanos y podía ser el más idiota de los cuatro.
La puerta del despacho se vuelve abrir y nuevamente entra Fran con Vanni, al parecer ambos se tranquilizaron, necesitaba su apoyo para poder proteger a Rachel.
— Como hermano te digo que eres una mierda de ser humano y no le des esperanzas a esa chica si solo la vas a tener como un trofeo para molestar a su hermana — comienza hablar.
— Ella no es ningún trofeo, es mi esposa — siseo con una fulminante mirada.
— Y es una de las nuestras. Ella es parte de nuestra familia — agrega Giovanni.
— Como consejero de Camorra nos pondremos a trabajar para protegerla, haré contacto con los Sokolov, con Ferrara y Cairo, para que nos ayuden, en este último tiempo la mafia irlandesa está tomando demasiado poder — declara Francesco.
— ¿A tí en verdad te importa ella? — pregunta Brandon tratando de confirmar mis palabras de hace unos minutos atrás.
— ¿Qué pasa si me importa? — digo a la defensiva.
Mis hermanos se miran entre ellos y luego a mí, no miento cuando digo que Rachel me importa. Se que la jodí cuando me casé en Las Vegas para solo molestar a su hermana, pero después de la noche de bodas que tuvimos, ese pedido que me hizo que la cuide y no juegue con ella, ya bastante la habían lastimado, sus ojos verdes esa noche hablaron más que ella en sí y justo en ese preciso momento me dí cuenta del desastre que hice, por eso la abandoné sin ninguna explicación, eso no significa que no sepa de su vida en estos años, que no haya muerto de celos al verla con otro hombre, pero no tenía derecho de nada porque después de todo somos un matrimonio de papeles.
— No te creo — comenta Fran suspirando.
— Yo si le creo — me apoya Brandon palmeando mi hombro.
— También le creo, esos minutos que estuvimos compartiendo en el desayuno, ví como la mirabas así que te creo, Daniel — acota Vanni también dándome su apoyo.
Después de calmarnos, hablar como líderes que somos, pusimos a trazar nuestro plan, primero para cuidar a mi esposa, segundo invitando a nuestro principal aliado a qué se nos una y por último empezando a buscar el cabo suelto para destrozar esa mínima mafia que está acechando sobre mi mujer.
— ¿Dónde está? — le pregunto a Marga cuando nos cruzamos en el pasillo.
— La dejé en tu habitación — la miro con desaprobación. — Es tu esposa y deben dormir juntos — agrega como si fuera una obviedad.
Es mi esposa, pero quería que tenga su espacio, sobre todo esos días que no me soporto ni yo mismo.
— Amore — digo entrando a nuestra habitación. El sol filtraba por los grandes ventanales, ella miraba hacia el gran jardín perdida en sus pensamientos, por eso me acerque para abrazarla desde atrás sintiendo esa calidez que solo ella puede darme desde el día que la conocí.
— Si tus hermanos no quieren que este aquí por ser policía, pudo irme a otro lado — dice haciendo que gruñe.
— Ellos no tienen poder de decisión en esta casa, este lugar es solo nuestro Rachel y si a mis hermanos le molesta que seas policía, que se jodan, no es mi problema — declaro.
— Pero Daniel ... — se gira entre mis brazos. — ¿Qué te pasó? — pregunta tocando seguro la marca del golpe que Francesco me dejó en mi pómulo.
— Intercambio de palabras con uno de mis hermanos — contesto dejando que su mano se apoye en la zona.
— Esto es mi culpa — asegura apenada.
La atraigo a mis brazos, su diminuto cuerpo se aferra al mío y debo reconocer que es una de las mejores sensaciones de la vida.
— Nada es tu culpa, solo mía — afirmo dejando un beso en su frente.
Rachel me importa mucho más de lo que todos imaginen y daré mi vida si es necesario para cuidar la suya.