Rachel.
Nunca imaginé que cuando llegamos a Nápoles y bajaramos de ese avión, un helicóptero nos estaría esperando para acercarnos a la casa, sin olvidar el hecho que al bajar había demasiados hombres vestidos de negros protegiendo al jefe de la mafia y a su esposa, es decir a mí.
Pensaba que si mi padre supiera de esto, le daría un infarto, sigo diciendo que parece irreal que una chica que viene de una larga historia familiar de policías fue y se casó con un peligroso mafioso, ni quiero imaginar la reacción de mamá a todo esto, sin dudas tengo que buscar la forma que nada de esto llegue a sus oídos, no quiero estresarlos con mis estupideces de borracha, solo unas semanas y luego volvería con mis papeles de divorcio, para hacer como que nada pasó.
— ¿Tú casa está muy lejos? — pregunto cuando me ayuda a subir al helicóptero.
— Nuestra casa, Rachel, está alejada de la curiosidad de los humanos — responde abrochando el cinturón de mi lado.
— Lo que me faltaba que no seas un humano, mafioso y vampiro — acoto irónicamente. Él me mira detrás esos lentes de sol y sonríe de gran manera, haciendo que apoye mi mano en su barba tocándole.
— Eres graciosa, amore mío — comenta dejando un beso en mi mano y se sube al helicóptero.
Nunca en mi vida había subido a un helicóptero, era la primera vez y vaya que tenía demasiado miedo, Daniel pone unos audífonos grandes en mis oídos explicándome que son para disminuir el ruido que hace en el interior.
Jadeo de sorpresa cuando nos ponemos en alto y tomo su mano, su sonrisa se agranda más y lleva esa mano a sus labios para dejar un beso.
— Mira, la vista es mágica — acota.
No sé equivoca, nunca había viajado más allá, está era mi primera vez en Italia y lo que estaba viendo al sobrevolar por Nápoles, no se podría describir porque el paisaje era maravilloso, o como dijo él mágico.
El helicópteros aterriza en un castillo, estilo medieval y jadeo al ver desde ahí arriba el magnífico jardín que hay. Baja primero y luego me ayuda después, no se porque lo hago, pero quitó sus lentes para poder ver sus ojos que hoy estaban de ese color aqua que recordaba de esa noche en qué nos conocimos hace tres años atrás.
— Me los quedaré — comento mientras me lo pongo en mis ojos.
— Quedatelos, tengo muchos más — comenta mientras entrelaza nuestras manos y comenzamos a caminar por el techo para bajar. — Lastimosamente están mis hermanos, quieren conocerte — agrega rodando sus ojos.
— ¿Cuántos hermanos tienes? — le pregunto mientras seguimos bajando por esas largas escaleras rústicas de piedras.
— Tres hermanos menores, son insoportables — masculla rodando los ojos.
— Yo tengo dos, Jared y Jessica. Los amo, además somos muy unidos — cuento sintiendo un poco de nostalgia.
— Los míos son insoportables, cuando los conozcas verás que tengo razón — asegura.
Cuando salimos nos encontramos con ese precioso jardín y con tres hombres, bien bronceados, dos se parecían entre ellos, el tercero era el hombre que había visto a través de la pantalla y era el que más estaba enojado al vernos venir.
Toda la vida pensé que los mafiosos eran feos, tipo estilo el chapo Guzmán o Escobar, pero esos tres sumado al que tenía a mi lado parecían modelos de Armani y no líderes de mafia.
— Benvenuto fratello mio — dice uno de ellos.
— Buongiorno fratelli — los saluda.
Definitivamente debo aprender italiano, no entendí un comino de lo que dijeron.
— Daniel — masculla el rubio.
— Les presento a Rachel Salvatore, mi esposa y la dama de Camorra — sentencia con firmeza.
— ¿Cuándo pasó todo esto? — inquiere uno de ellos anonadado.
— No les debo explicaciones de mi vida, es mi esposa y punto — dice atrayendome a sus brazos.
— Buongiorno — saludo un poco intimida.
Esos tres pares de ojos me observan con cierta desconfianza y en cierta forma soy una desconocida para ellos.
— Rachel, te presento a mis hermanos. Francesco — habla marcando al rubio de ojos azules. — Giovanni y Brandon — agrega señalando a los dos morenos de barba.
— ¡Oh es verdad! — exclama una señora saliendo al gran jardín. Me toma por sorpresa que me abraza y deja dos besos en mi mejilla contenta. — Bienvenida cariño, cuando me contaron no podía creerlo y estoy feliz de conocerte. — culmina efusivamente.
— Ella es Marga — nos presenta Daniel.
— Un gusto conocerla señora — acoto algo incómoda.
— Nada de señora, solo Marga. No puedo creer que uno de mis niños al fin se haya casado — comenta con una gran sonrisa.
— No esperes que haga la misma locura Mar, soy muy joven para atar mi pene a una sola v****a — habla uno de sus hermanos.
— Estamos enfrente de una dama, Brandon — le advierte la mujer con una fulminante mirada.
— Lo siento, cuñada — se disculpa.
— Marga fue nuestra nana, ahora se encarga de que todo nuestro personal trabaje con eficiencia — me cuenta Daniel.
— Pero ahora juntas haremos ese trabajo, cariño — me habla la señora.
— Marga, tenemos hambre ....
— No se habla más, ya ponemos la mesa para que mis niños desayunen — declara dejándonos a solas de nuevo en el jardín.
— ¿Tienes hambre? — me pregunta mi esposo mientras quita los lentes de sol de mis ojos.
— Sí, desde anoche no como nada — respondo.
— Al parecer la noche de bodas fue intensa, tal vez pronto seremos tíos — bromea Brandon ganando no solo la mala mira de Daniel sino de su hermano Francesco que al parecer no le agradaba para nada mi presencia en esa casa.
— Disculpa la boca de nuestro hermano, al ser el menor los espermatozoides de papá ya no tenían fuerza ...
— Idiota — se defiende mientras se empuja con su hermano Giovanni.
— Te dije que eran insoportables — susurra Daniel en mi odio haciendo que sonría suavemente pero llame la atención de los otros tres hombres.
— Tienes una hermosa sonrisa, Rachel — acota Giovanni.
— Vanni — advierte Daniel gruñendo.
— ¿Cuñada estás segura de quedarte con mister gruñón o Stidda puede acogerte? — me pregunta divertido Brandon.
— ¿Stidda? — inquiero confundida. Ese nombre se me hace conocido y no dónde lo había escuchado.
— Francesco y yo somos los que llevamos el mando de Camorra, mientras que Giovanni y Brandon son los líderes de Stidda — me cuenta Daniel.
— Giovanni es el líder, Brandon es su sottocapo y consigliere — habla Francesco.
— Francesco es lo mismo, pero en Camorra — acota mi esposo.
— ¿Y tú Rachel, a qué te dedicas? — pregunta Francesco.
— ¡Ragazzi! — se escucha el grito de Marga.
Nos adentramos por el gran castillo, pensaba que sería al más rústico, pero las apariencias engañan todo dentro era moderno y lujoso que contrasta con la estructura mediaval de afuera.
— Esto es hermoso — murmuro.
— Me alegra que te guste — acota él acercándome a la silla para que me siente a su lado.
— Amo la comida de Balun — acota Brandon sentandose a mi lado mientras que Giovanni y Francesco enfrente nuestro y Daniel tomaba lugar en la cabecera. — Balun es un puto que cocina como los dioses — agrega.
— La boca, ahora tenemos una dama en la casa — lo regaña Marga tirando de su oreja.
— ¡Mujer! — se queja al sobarse la zona del tirón.
— ¿Quieres otro cosa? — la voz de Daniel me hace observarlo.
— No — miro la gran mesa donde había frutas cortadas, hotcakes, tostadas, muchas mermeladas y bizcochos. — Se ve rico todo, pero no sé que elegir — agrego avergonzada. Mi desayuno de todos los días era un café acompañado con cualquier cosa que hubiera en mi heladera en ese día.
— Los biscoti son riquísimos — sugiere sirviendome.
— Quedaré como el malo de los Salvatore — habla Francesco con calma. — Tú sabes que mi hermano es un mafioso ...
— Él me lo dijo, estoy en peligro por ser su esposa — comento algo incómoda.
— ¿En qué mierda te metiste ahora? — masculla su hermano.
— La mafia irlandesa, me mandó una foto de Rachel y que la iban a matar si no le cedemos parte del territorio del narcotráfico — les cuenta tensando sus puños.
— ¿Cómo saben de ella? — inquiere Giovanni.
— Me casé con Rachel hace tres años atrás, en Las Vegas. Hemos tenido una relación a distancia porque no quería ponerla en peligro mientras organizabamos Camorra y Stidda — declara.
— ¡Tres años! — exclaman los tres hermanos.
— Nos debes demasiadas explicaciones — dice Francesco.
— Lo importante que está aquí con nosotros, la vamos a cuidar y sobre todo hablaremos con nuestros aliados — asegura Brandon.
— Debemos hablar con Gavriel — acota Giovanni.
Al parecer estaba más en peligro de lo que imaginaba.
— No tengas miedo, amore. Te dije que iba a protegerte — dice Daniel acercándose para dejar un beso en mi mejilla tratando de tranquilizarme.
— Daniel tiene razón, cuñada, nada malo te sucederá. No lo vamos a permitir — sentencia Brandon a mi lado.
— Rachel — me llama Francesco. — Sácame una duda, ¿A qué te dedicas? — pregunta con cierta curiosidad.
— Francesco — sisea Daniel.
Aclaro mi garganta sintiendo la mirada intensa de los cuatro hombres. — Soy perito forense de la policía de Chicago — cuento mirando mis manos nerviosa.
— ¿Eres policía? — preguntan alarmado.
— Perito forense ...
— No les expliques nada — interviene Daniel.
— Una pregunta más — acota Francesco. — ¿Tienes algo que ver con Jessica Finochiarro? — consulta molesto.
— Ella es mi hermana mayor — contesto confundida.
— Daniel — sisean todos.
¿Qué demonios sucedían?
— Dejen que desayuné tranquila — masculla mi esposo.
La mesa se vuelve incómoda y el ambiente tenso, no entendía si les molestaba que sea hermana de Jessica o que sea parte de la policía.
Ahora solo quería huir de sus ojos porque comenzaba a incomodar toda la situación, por eso en la primer oportunidad me excusé y con la ayuda de Marga me pude retirar, soltando mi aire retenido en mis pulmones, tal vez no fue buena idea estar en esta casa.