6.

1127 Palabras
6. Estoy al borde de un colapso. Que me hayan despedido me lo tenía bien guardado, pero ahora que Mely me escucha lo saco de una todas mis penurias, ya perezco uno de esas que parecen en los programas de chismes para contar sus penas delante de la gente. —Y para el peor de mis males mi moto anda fallando… ¡Por más que me esfuerce la suerte no parece estar de mi parte! Mely que viene escuchándome atenta saca algo de su cartera. —Toma —me alcanza un sobre. Miro el interior y abro los ojos. —¿Y esto? Es dinero. Mucho dinero. —Es para tu moto —me dice. —Aprecio mucho lo que pretendes pero no podré devolverte hasta que encuentre otro trabajo… y eso está difícil hoy en día para mí —y se lo devuelvo. Pero lo rechaza. —No es un préstamo Anton, es lo que le saqué a la rubia desabrida. Te lo regalo. —¡Pucha! No exagerabas cuando decías que hasta cagaba dinero… —Ni siquiera sabe que lo tomé. Es como sacarle un pelo al gato… —Quisiera tener tu trabajo pues… Ahí le voy revelando mis envidias. —Tendrás más dinero si haces lo que te dije… Se me abren bien los ojos al escucharle, sé que Mely no es de las que andan inventando cosas para llamar la atención. —Está bien, está bien, pero estás segura que funcionará, no es así? —Sí, estoy más que segura… —¿No sospechará? —Es más cabeza hueca… ¡qué va! Tenemos todo a nuestro favor…—me codea en confianza—. Sólo tienes que hacer lo que ya te dije… Me cruzo de brazos y miro al piso. No es algo que me haga sentir orgulloso pero no veo más salidas a los problemas que tenemos en casa. —Bien. Lo haré —le digo como si fuera un pésame—. Ruega que funcione. Necesito más que nunca el dinero. Mely se ve muy optimista con el asunto. —Funcionará. No quiero vivir un solo día sin comer las donuts de tu padre. —Eso sonó mal… —Ay, ¡tienes razón…! —Como que te está faltando novio… —le digo en son de broma. —¿Tú crees? Y parece que Mely se lo ha tomado en serio. Unas horas más tarde... Sarah se encuentra frente a un gran espejo del estilista top del país. Mientras le van cortando el cabello, ella habla con su mejor amiga Stella que vive en Italia. —Estoy de malhumor querida. Un tipo grosero hizo que llegara tarde a mi cita con mi pedicura y tuve que cancelar… ¡No sé qué es lo que les pasa por la cabeza manejando cacharros! La gente querida está más loca… Ve que Mely llega con una caja de donuts que ha comprado en la Panadería. —Mira querida… te llamo luego. Ha llegado mi asistente. Sí, sí… estaré allá para septiembre. No bromeo, solo me quedaré un mes. Bye. Cuelga. —¡Esas donuts son un manjar! Pero engordan así que solo probaré una. No. Probaré dos. ¡Soy tan débil pero no quiero engordar! —Lo que digas —le dice Mely y deja el paquete de donuts en la mesa. Luego toma asiento y espera a que el estilista termine su trabajo. Se imagina a sí misma siendo atendida de la misma forma. El estilista cerró las puertas para que ella sea atendida en privado solo porque Sarah se niega a dejar entrar a su departamento a otras personas. Sarah está tentada por las donuts. —Tráeme una. Mely le alcanza una. —Es que son exquisitas —muerde una y continúa hablando—. Y bien ¿lo solucionaste? —Estoy en ello. Por lo que pude investigar no hubo testigos, pero la persona que atropellaste te ha reconocido… —No puede ser… dale plata y que se olvide de todo. —No es tan sencillo… —Solo hazlo, por algo te tengo a ti. Solo que no vaya a enterarse mi padre, ya sabes lo controlador que es… Otra cosa, Mely, necesito que me consigas entradas para el Circe du Soleil. Invité a mi amiga Antonella, así que dale… mueve esos deditos de salchichas que tienes, que es para hoy, Mely. HOY. Mel mira el reloj en su teléfono. —Son como las cinco… —Genial. Te quedan dos horas. No quiero perderlo, es su ultima función… Mely comienza a sudar. Toma su teléfono y se pone a llamar con la agencia que vende las entradas. Mientras ella habla por teléfono, Sarah se devora una tercera donuts. —Sarah lo siento. No va a poner ser. No quedan entradas… ni pases Vips. —¡Cómo que no hay pases Vips para mi! Consigue las malditos pases Vips si quieres mantener tu empleo… Mely respira hondo. Se imagina que le saca las tijeras al estilista y que le destroza todo el pelo y que le deja estilo el payaso Krusty. —Mely, Melita, el tiempo se pasa… tic, toc, tic, toc… Luego de hacer varias llamadas y de hablar con varias personas, al fin ha conseguido el teléfono de uno de los empresarios encargados del espectáculo y al mencionar que la hija del rey del diamante se muere por ver la función, Mely consigue los dos pases Vips para Sarah. Sarah está vistiéndose para salir a una discoteca. Mely comienza a sospechar que eso de ir a ver al Circe du Soleil con su amiga Antonella solo ha sido una fachada… que le ha jugado sucio. Sarah le dice—. Conseguí los dos pases Vips… ha sido difícil pero lo he conseguido. Pero Sarah simplemente la ignora. —Ya no importa. Con Antonella iremos al Exentrichus pubs. Y no puedes venir. Es una reunión entre amigas… ¿me entiendes no es así? —Estoy para acompañarte a dónde vayas. Sarah. —Dale Mely… ¡Por dios! ¡No seas amargada! Si haces de la vista gorda solo por hoy puedes quedarte los pases Vips… Mely está tan cansada de Sarah. Aunque su trabajo penda de un hilo acepta. —Está bien, pero solo cuídate y no hagas nada que no debas… A Mely le hierve la cabeza por el maltrato que recibe de Sarah, ahora que cree que se ha salido con la suya sabe que es el momento de actuar. Sí, es tiempo de darle una buena lección a la engreída de Sarah.
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