8.

1291 Palabras
8. El edificio en el que se queda la millonaria desabrida es el más grande de la ciudad. ¡Pucha! La gente rica sí que sabe vivir bien… ¡Mira nada más estos carros lujosos! No hay uno solo que sea del año pasado, mucho menos de los antiguos, ¡todos son de primera gama, impecables! Babeo al ver esos carros y yo aquí con mi fiel Dulcinea esperando a que llegue la desabrida. Me estaciono en un espacio disponible y aguardo. He memorizado la patente. Solo espero que la millonaria desabrida no decida volver en otro carro, eso sí que sería un gran problema. Mely no contó con ese detalle… Luego de una hora y media más tarde, con los ojos cerrándose reconozco el maldito carro. Tal parece que la millonaria desabrida viene pisando el acelerador… ¡Es como ha dicho Mely! La mujer no sabe estacionarse. Me pongo en posición y aparezco de frente. ¡Ahhhhhhh! ¡No ha frenado y me ha mandado al suelo! ¡Diablos! Me duele el pie derecho. Creo que ha sido algo estúpido todo el asunto este… Chillo de dolor. Miro hacia el carro de la millonaria desabrida. Pero… Ese carro ya lo he visto antes… —¡Pero si es la grosera del Mustang! —grito adolorido mientras me retuerzo en el suelo de dolor. Mira a dónde me la vengo a encontrar. Si el mundo es pequeño como dice mi viejita… La desabrida se sobresalta. Se Pone unas gafas oscuras de sol y una gorra de invierno y baja. Es como si tratara de ocultar su identidad. —Cállese… —dice ella minimizando lo que me ha hecho. Tal parece que no me recuerda, pero yo a ella sí. —Si solo te di un empujón. No exagere… —dice mientras se fija que no haya nadie mirándonos. —¡Ayay! ¡Me duele todo el cuerpo! ¡Ayuda! —gimoteo de dolor que para el colmo es real. La desabrida me ha arrollado el pie. —¡Ayuda! Esta mujer grosera me ha atropellado… y parece que piensa huir… —la acuso para que alguien me escuche. En ese momento la desabrida grosera se me acerca. Tengo que garantizar que caiga redondo en la trampa. —Creo que la reconozco…—le digo y chillo retorciéndome del dolor—. Sí, sí… usted es famosa… ¡Ya la recuerdo! —le señalo con un dedo. Pero parece que lo duda al escucharme decir que la he reconocido no sabe qué hacer. Tengo que insistir. —¡Sh! Cállese. Solo cierre la boca… —ordena cada vez más asustada y un poco histérica a la vez. —¡Ay diosito! ¡No puede ser! Una grosera y famosa mujer ha intentado matarme… —chillo una vez más, ganándome su odio— ¡Ayuda! Sé que nadie vendrá. A esta hora todos duermen. Son pasadas las cuatro. En ese momento la desabrida grosera se pone más nerviosa y miraba hacia todas partes para ver si había alguien más en el estacionamiento. —¡Cállese! ¡Cállese! —dice haciéndome gestos para que lo haga. ¡Está cada vez más nerviosa! —. No pienso huir, jamás lo haría yo… ¿Quién crees que soy? Sé que es la la loca del Mustang, claro que sí, me digo por dentro. Sé que se daría a la fuga sin problemas si no estuviéramos dentro del estacionamiento donde ella vive. Por que es lo que ella acostumbra según Mely. —Solo no llame la atención de la gente… —ordena, buscando encontrar alguna persona con una cámara en la mano. Saco mi celular y la enfoco. —¿Qué hace? ¡Baje ese celular! No me enfoque… —se cubre la cara. —¿Pedirás ayuda? —pongo mi voz de pobre víctima — ¿Llamará al 911? No tengo seguro de vida. ¡Ay, diosito santo! —me lamento sabiendo que si dice que sí, el plan se va a la basura. Pero la mujer grosera está insegura. Parece una atolondrada que no sabe tomar decisiones por ella misma. —Sí, lo haré, ¡lo haré! Deje de grabar —dice medio exigiendo. —No puedo, sepa disculparme señorita. ¿Va a ayudarme? —Le dije que lo haría… solo deme un minuto. Llamaré a alguien por ayuda… —saca su teléfono y me da la espalda —¿Hola? Tienes que venir ya mismo. Necesito que me ayudes con algo… sí, sí, es urgente… Ven ya mismo. —No puedo. Debes solucionarlo tú, lo siento —le dice Mely al otro lado de la línea. —Mierda. Mierda Mely. Te voy a despedir si no apareces ya mismo aquí… —Pero si me diste la noche libre… Estaré allá a eso de las ocho de la mañana… —Bien. Pero si tardas más tu sueldo será reducido… ¡REDUCIDO! Cuelga y está a punto de lanzar el teléfono, pero recuerda que estoy ahí, observándola y con el celular en la mano. La desabrida me sonríe falsamente. ¡Qué triste actuación! Luego me dice que soy pésimo actuando… Vuelve a acercarse, esta vez con resignación. —Le ayudaré a ponerse en pie… —me ofrece su mano como si yo fuera un gorila que va a saltar sobre ella. —¿Me llevará al hospital? —insisto con el mismo tono de víctima, pero su cara me dice que “nunca me llevará” Bingo. El plan de Mely sigue en marcha. —Antes vayamos a mi departamento para que descanse un poco… —me ordena y yo me hago al agradecido —. Pero debe apagar ese celular… —Está bien. Me duele mucho el pie. Me apoyo en ella, que es tan debilucha y parece que nos iremos a caer al suelo. El ascensor nos deja en un departamento grande. Es lujoso y moderno. Es un sueño para una persona como yo. La desabrida me ayuda a tomar asiento en un sofá magnífico. ¡Nunca he sentido el trasero más cómodo como en ese sofá! La desabrida me mira como si fuera un psicópata. —¿Por qué sigue con esas gafas y esa fea gorra? —le pregunto —. Igual la reconozco señorita. Usted es la heredera del rey del diamante Sarah Mclean Duvois… Ella se deshace de su disfraz. —Sí, soy yo —afirma y luego con los ojos entrecerrados pregunta: —¿Es un paparazi? ¿Cuánto le pagan para hacer esto? —¡No nada de eso…! —me defiendo—. Solo soy una persona cualquiera… Nada más. —¿Qué sabe de mí? —pero parece que no me cree. Quizás se ha dado cuenta de todo. —Lo que se dice en la prensa… que es una nena consentida y muy pero muy malcriada… —se lo digo con la expresión de asco que me produce su comportamiento. —Eso no es verdad —se defiende ella. Aunque debería estar avergonzada. —¿Quién le dijo que me quedo aquí? —se muestra desconfiada. —No lo sabía… solo le traía el pedido a un vecino suyo… —sé que tengo que cambiar de tema—. Ahora que la conozco en persona veo que no es lo que dicen los periódicos amarillistas. Ahora sé que usted es muy buena gente… La desabrida me sonríe pero no sé sus intenciones. Hasta el momento, aparte de mi tobillo herido, el plan sigue en marcha.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR