*LEON* Finalmente, la puerta se abrió, y una de las empleadas entró con ese aire reservado que siempre mantenían en mi presencia. —Señor —dijo suavemente—, Juliette ya llegó hace unos minutos. Suspiré aliviado, aunque el sentimiento duró poco. Ella estaba en casa, sí, pero todavía no había venido a verme. No sabía si lo estaba haciendo a propósito, si estaba evitando enfrentarme, o simplemente no le daba importancia al hecho de que yo la había estado esperando. Pero cada minuto que pasaba sin verla hacía crecer una molestia en mi interior que no podía ignorar. Me levanté de la silla, caminando por el despacho con pasos lentos, pero firmes, intentando contener la irritación que seguía acumulándose. Miré hacia la puerta, esperando que se abriera en cualquier momento; no obstante, seguía

