Me inclino lentamente hacia delante y le doy un beso rápido en la mejilla, y él se echa hacia atrás con el ceño fruncido. —No estoy convencida, amor—. Me dice. Me muerdo el labio preocupada mientras me pregunto cómo salir de esta, mirándolo con los ojos muy abiertos tratando de ver si podía escabullirme de alguna manera, pero parecía tenerme bastante bien enjaulada. Sus brazos me aprisionaban los costados y sus piernas me impedían saltar del mostrador en el que me había sentado. Cuando vuelvo a mirarle a los ojos, todo lo demás se desvanece al ver su mirada, sus ojos albergan una esperanza que no puedo ignorar, es casi infantil la forma en que me mira. Inconscientemente, suelto el labio que tenía entre los dientes y me inclino hacia delante para apretar suavemente mis labios contra los s

