Capítulo 24 La noche cae con un peso diferente. Ya no somos los mismos. Ahora Franco no es el heredero intocable y yo no soy la secretaria invisible. Somos dos personas buscando redefinir sus caminos, tratando de encajar el uno en el otro sin perderse a sí mismos. Después de cenar, Franco se encierra en la oficina improvisada que ha montado en el salón. Lleva horas frente al portátil, delineando ideas, analizando estrategias, haciendo llamadas en voz baja. Lo observo desde el sofá, con una manta sobre las piernas y una taza de té entre las manos, y siento un respeto nuevo por él. Sin el título, sin el poder, sin la presión familiar, Franco parece más completo. Más real. —¿No vas a dormir? —le pregunto cuando el reloj marca la una de la madrugada. —En un rato —me responde sin despegar l

