Capítulo 23 Después de pasar el resto del día sin pensar en nada más que en nosotros, el amanecer trae consigo la inevitable realidad. Me despierto antes que Franco, algo poco común. Lo observo mientras duerme, con el ceño levemente fruncido, incluso en reposo parece estar cargando el peso del mundo. Su respiración es profunda y constante, y por un segundo me permito imaginar que esto podría ser nuestra vida: despertar juntos, compartir los silencios sin que incomoden, enfrentarnos al mundo como un equipo. Pero sé que no es tan sencillo. La decisión que tomó al renunciar a todo lo que lo definía ante su familia no se va a desvanecer con una noche de pasión. La casa está en silencio, casi como si contuviera el aliento con nosotros. Me levanto con cuidado de no despertarlo, envuelvo mis ho

