POV LARA
Tres días después
Hoy me he levantado muy temprano porque tengo que ordenar mi cuarto. Debo sacar todo lo que no me sirve y lo que puedo llevar al apartamento de Max. Sí, aunque la idea no me gusta para nada, no tengo otra opción más que aceptar. De todos modos, ya he firmado ese papel.
En cuanto empiezo a sacar cosas de las cajas, veo algunos recuerdos de mi niñez que me encogen el corazón. Tengo tantos bonitos recuerdos que preferiría quedarme en esa etapa de mi vida.
Mi celular suena. Es un mensaje de Marcus.
"Mi amor, me gustaría que vengas a mediodía, he comprado carne y quiero preparar un platillo que te vas a chupar los dedos."
A pesar de que en unos días voy a casarme, sigo amando demasiado a Marcus. Es mi media naranja y mi soporte. Aunque a mi padre no le guste nada la idea, tendrá que aguantarse, porque una cosa es que yo acceda a esta locura, pero muy diferente es que apague mis sentimientos por Marcus. Así que, con ánimos, le contesto:
"Espero sea cierto, porque ahí estaré, cariño."
Ahora que todo está listo, es hora de bañarme. Veo que el reloj marca las once de la mañana y no quiero que me agarre la tarde.
Busco en mi ropero algo liviano, como una camiseta, unos jeans rotos y unos converse blancos.
A medida que abro el chorro de la ducha, siento un alivio delicioso. Cierro mis ojos para relajarme, pero en ese momento recuerdo la sonrisa de Max, la forma en que me mira.
¿Pero qué estoy haciendo? Sacudo mi cabeza porque eso no puede ser posible. No es bueno.
Después de bañarme, salgo para alistarme. No quiero maquillaje, solo algo sencillo como una base y listo. Es hora de ver a Marcus.
•
Al entrar a su apartamento, me doy cuenta de que huele muy rico. Algo que siempre ha caracterizado a Marcus es que es un buen cocinero. No puedo negar que no es la primera vez que hace algo especial para mí.
Lo veo con un delantal y un cucharón, probando algo de una cazuela.
—¡Buh! —intento asustarlo pinchando sus costados.
—¡Rayos, Lara! Por poco me quemo —se da la vuelta para abrazarme y darme un beso jugoso. Me envuelvo junto a él. Me encanta que lo haga—. Te amo tanto, mi amor —cierro mis ojos hundiéndome en su pecho firme.
—Yo también te amo, cariño, por eso estaba deseando verte —se quita el delantal y mira por la ventana.
—¿Esta vez no vienes con tus guardaespaldas? —lo observo de manera acusatoria.
—No son míos, sabes que son de mi padre, pero eso es lo menos de lo que quiero hablar —desde hace rato quiero decirle que en pocos días es la boda, pero no sé cómo empezar. Porque decirle que te casas al hombre que más amas no es fácil, y menos ver cómo le destruyes el corazón frente a tus ojos—. Marcus... —empiezo, pero él me toma de la mano y señala el anillo de compromiso que me dio Max. ¡Rayos, cómo pude ser tan tonta y no quitármelo!— Espera —intento calmarlo, pero es tarde.
—Lara Sullivan, creo que me debes una explicación para todo esto —me destroza ver cómo sus ojos se llenan de lágrimas—. No puedo creer que todo este tiempo me estuvieras mintiendo. Te di la suficiente confianza para que me contaras todo lo que está pasando con tu falso matrimonio, pero veo que eso de nada sirve si quieres mantenerlo en secreto —me suelta la mano y se gira hacia la ventana.
Me acerco a él, abrazándolo por detrás.
—Marcus, te lo quería decir, pero no sabía cómo. Por favor, perdóname, sé que tienes toda la razón, pero créeme que yo no quiero casarme —él se da la vuelta y me mira a los ojos.
—¿Estás segura de que no estás feliz de casarte con ese sujeto millonario? —Niego con la cabeza. Llevo mis manos a sus mejillas.
—Claro que no, pero no tengo más opciones, y tú lo has sabido desde un principio. Solo quiero decirte que me caso en unos días, pero quiero saber que puedo seguir contando con la persona que amo, porque eres la única que no me ha dado la espalda —me es muy difícil hablar estas cosas con él. Es obvio que su corazón está siendo destruido por mis actos.
—Si es así, estaré contigo porque te amo y aún confío en que vamos a ingeniárnoslas para que salgas de todo esto —golpea la pared con rabia—. Todo esto es mi culpa. Porque si yo tuviera suficiente dinero, tu padre no habría considerado casarte con alguien que sí puede darte todo lo que quieras —coloco un dedo en sus labios para que no sea cruel consigo mismo.
—El dinero no me importa, Marcus, lo único que deseo es ser feliz a tu lado, con o sin dinero. Pero no te sigas haciendo daño. Eres un hombre especial que cualquier mujer quisiera tener. No puedes envidiarle nada a nadie —le doy un beso para tranquilizarlo—. Pero necesito pedirte algo más —me queda mirando con sus ojos brillantes—. ¿Irás a mi boda?
Sé que esa pregunta es una daga en el corazón. A nadie le gustaría estar presente en la boda de su propia novia, sabiendo que estará en brazos de otro. Pero es algo que nos habíamos prometido siempre, por si no llegábamos a casarnos.
Suspira. Cierra sus ojos y sé que solo pronunciar esa palabra es más difícil que cargar un camión de una tonelada.
—Sí. Sí iré a tu boda con ese cretino, pero lo hago porque es la promesa que nos hicimos. Además, me prometiste que estaríamos juntos siempre, ¿o me equivoco? —Tomo sus manos y me complace saber que, en medio de todo esto difícil, él siempre me apoya.
—Juntos por siempre, Marcus —con eso me toma de la mano y me lleva a la cocina.
—Bueno, ahora voy a servirte, y he elegido una bonita película de romance para que miremos. —Veo a mi alrededor y me doy cuenta de que Marcus hasta había hecho palomitas. El sofá estaba listo para los dos. La película estaba seleccionada.
Cómo me encantaría congelar estos momentos con él, que fueran para siempre.
Y así, pasé una bonita tarde con este hombre increíble. Tan detallista, tan amoroso, pero, sobre todo, el hombre más comprensivo del mundo, y eso, como mujer, se lo agradezco mucho.
Solo espero que esta felicidad que tengo con él me dure para siempre, porque sé que lo que se me viene es muy duro. Y más para él.
Con los ojos cansados, mis párpados caían lentamente hasta que quedé sumida en un profundo sueño, mientras mi cabeza reposaba en su pecho. Sus dedos me hacían cosquillas en el rostro.