Firmando mi desgracia

1266 Palabras
POV LARA Despierto de golpe. Cielos, hace mucho tiempo que no tenía ese tipo de pesadillas, y ahora entiendo que todo esto surge por el estrés que estoy cargando día a día con lo que será mi boda. Quedé de verme con Marcus hoy en el parque. Me hace falta, y es la única persona que puede entenderme. Mi padre es un estúpido y mi madre es una cobarde, así que no tengo elección. Lo que sí llamó mi atención fue el anillo que me dio Max. Aún lo llevo puesto en mi dedo. La luz del sol hace un gran contraste con este diamante, pero tendré que quitármelo cuando vea a Marcus. Ya es suficiente con tener que soportar que me caso con otro hombre que no es él. Con el ánimo por los suelos, decido bajar para prepararme algo de comer. Pero veo la silueta de mi padre, con una pierna cruzada sobre la otra. —Hasta que te despiertas, niña. No sé cómo le haces para dormir tanto, pero recuerda que una vez que te cases, todo eso va a terminar —ignoro totalmente su comentario desagradable. —Buenos días —es lo único que digo mientras me acerco a la nevera para tomar una caja de leche. —Te estoy hablando, Lara —me detengo para verlo—. Hay noticias acerca de tu boda —por un momento, esas palabras llenan de esperanza mi corazón. Ojalá se haya arrepentido a última hora, que se dé cuenta de que todo lo que está haciendo es una bendita locura. Al fin y al cabo, la esperanza es lo último que se pierde en esta vida—. Tendremos que adelantar los planes, así que lo más probable es que te tengas que casar en una semana y después de eso te irás a vivir al apartamento lujoso de Max —quiero llorar. Quiero caer de rodillas, pero no puedo darle el gusto a mi padre de verme derrotada. —Deberías casarte tú con ese chico, sabes, lo alabas tanto que pareciera que te gusta —la broma a mi padre le causa gracia.— ¡Eres la peor persona que he podido conocer! ¡Eres un asco de hombre! Ni siquiera te importa cómo se siente tu hija y lo único que haces es venderla al mejor postor, pero no te preocupes, que la justicia llega. Tarde, pero segura, y espero que te pudras en el infierno —veo cómo eso lo ha enfurecido. Se levanta de la silla y se acerca a mí con esos ojos llenos de fuego. —¡Escúchame, niña malcriada! —su enorme cuerpo está frente a mí—. Todo el tiempo he sacrificado mi vida para que tengas lo que tienes y para que esta empresa salga adelante. Es hora de que hagas algo por ella también. Además, mientras estés bajo mi dominio, mis palabras son órdenes, ¡entendido! —su mano me presiona el brazo haciéndome daño. Lo retiro y lo enfrento: —Eres una bestia, pero esto no se va a quedar así, Bradley, porque el término "papá" te queda grande. Con razón tratas a tu mujer como se te plazca —su furia viene sobre mí. Intenta levantarme la mano, pero se detiene.— ¡Vamos, pégame! —empujo su pecho—. ¡Déjame la cara marcada por tu odio! —Agradece que debes estar presentable para ahora en la noche, cuando vengan los Jackson, pero ganas no me faltan de castigarte un poco —se largó de la cocina, pero en cuanto salió de mi vista, las lágrimas empezaron a caer a cántaros. Quiero salir de este infierno. Llevo mis manos al rostro para secarme las lágrimas, y al fondo de la sala veo que mamá está detrás de una puerta, viendo todo lo que me pasa, pero, como siempre, no dice una sola palabra. ¡También la detesto! • —No puedo creer hasta dónde ha llegado tu padre —Marcus me da un abrazo. Me siento como una niña protegida cuando estoy con él. Estamos en el parque viendo cómo las personas hacen ejercicio con sus mascotas. —Sí, pero no tengo otra salida, solo es cuestión de esperar, pero al menos te tengo a ti —me hundo en su pecho. —Y aquí estaré siempre para ti, Lara, eres mi amor más bonito y no pienso renunciar a ti por nada ni nadie —pruebo sus labios, que ya me estaban haciendo falta. —Te agradezco que me comprendas. Estaba desesperada por poder salir de esa casa infernal —niego con la cabeza al recordar que, desde que entré a esa casa, solo puedo sentir un aire pesado. Un coche se estaciona a lo lejos, pero veo que es propiedad de mi padre. Son sus guardaespaldas. —Creo que tenemos compañía —me señala Marcus. Él también ya los conoce. —Sí, ahora no puedo salir a la vuelta de la esquina sin que ya me estén siguiendo a todos lados, pero será mejor que nos veamos luego, mi amor, no quiero meterte en problemas —nos dimos un abrazo y le di un último beso para acercarme a esos estúpidos guardaespaldas. —Ustedes sí que no se aburren, ¿verdad? —niego con la cabeza. Entro al coche sabiendo que mi padre seguro me envió a buscar. Durante el camino, estaba pensando en qué pasaría ahora por la noche, en el momento que llegaran los Jackson. Es algo que estaba a punto de descubrir. • Abro la puerta principal de la sala y veo que los Jackson están aquí. Max está vestido de forma casual y, aun así, se ve muy bien, mientras su padre Gareth viste elegantemente con su saco de dos piezas. Mi padre me recibe con una sonrisa y un abrazo hipócrita. Hago el peor de los gestos para que todos noten que estoy en desacuerdo con esta payasada. —Hola, Lara, qué bueno verte de nuevo —dice Gareth. Yo solo asiento y medio le sonrío. —Sí, es bueno verte de nuevo —dijo Max. Este chico era un poco raro. —Entonces pasemos al estudio para terminar todo esto. —No entiendo qué es lo que está pasando hasta que llego al estudio. Frente a mí hay un escritorio con documentos. Mi padre los está ordenando.— Este es el contrato de confidencialidad, haciendo constar que los dos van a contraer matrimonio la próxima semana. Tragué grueso cuando miré el documento delante de mí. Ahora sentía que no había marcha atrás. Primero, Max tomó el bolígrafo y firmó en un borde del papel. Parecía que para él no había ningún problema. Cuando me pasó el bolígrafo, sentí que estaba más pesado de lo normal. Mis dedos tiemblan y no sé cómo le haré para firmar esto, pero lo que sí sé es que de ahora en adelante es una cuenta regresiva sin marcha atrás. Al firmar, sentí que le estaba vendiendo mi alma a estos hombres. Mi padre y Gareth aplauden cuando termino de firmar, como si se tratara de estar cerrando el mayor contrato para ellos. Los ojos de Max se dirigieron a los míos, pero no creo que haya encontrado en los míos emoción. Lo único que yo tenía era tristeza, enojo, odio y tanto rencor por haberme cortado las alas de una forma tan sucia. —Tenemos que brindar por esto —sugirió mi padre. —Por este nuevo matrimonio que prosperará las familias —Gareth sonreía y en sus ojos podía verlo: el signo de dólar.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR