POV MAX
Al llegar a casa, me despojo de todo lo que llevo puesto. Estoy agotado, y todo por culpa de esa chica malhumorada. ¡Cielos! Qué mujer tan terca y exasperante.
Es el prototipo perfecto de belleza, pero detrás de esa fachada solo hay problemas… y más problemas.
—Hijo —mi padre se acerca al sillón donde estoy sentado, tomando un vaso de agua—. ¿Qué te ha parecido la señorita Sullivan? La verdad, por favor. —Mi padre es muy perspicaz; aunque no hemos compartido muchos momentos juntos, siempre se da cuenta de todo.
—Es perfecta para lo que necesitamos, no te preocupes. Me casaré con ella. —Resoplo. Aunque me irrite, no puedo negar que tiene algo que te deja pensando durante horas: su rostro, sus labios, esos ojos…
—Eso me gusta, ese es mi campeón. —Papá me palmea el hombro—. Nos vemos mañana, hijo, y por favor, descansa.
Levanto una mano en señal de despedida. Cierro los ojos, pero no dejo de pensar en ese encuentro tan fastidioso con ella. ¿Por qué no puedo sacarla de mi cabeza?
Por más que intente resistirme, hay algo en mi interior que aún no puedo descifrar. Al verla tan cerca, solo quiero hacerla mía. No puedo esperar más para que llegue ese momento.
Soy un hombre prevenido y no me gustaría quedar expuesto ante ella. Siempre he sido así y no es el momento de destruir mis muros que con mucho sacrificio he construido.
Froto mis sienes, buscando una solución a este impulso incontrolable. A mi derecha está la foto de mi madre, que en paz descanse.
La tomo entre mis manos y la observo con detenimiento. Era una mujer muy hermosa. Lástima que tuvo que dejarme cuando aún era un niño. Estoy seguro de que desde el cielo me apoya, pero duele saber que ya no está aquí. Por eso las palabras de Lara me afectaron tanto.
Desde que mi madre murió, mi vida y mi infancia nunca volvieron a ser las mismas. No crecí con una figura maternal, ni recibí esos consejos que tanto quise escuchar. Quizás por eso soy como soy.
Mi padre se volvió loco tras perderla, y su única manera de lidiar con el dolor fue refugiarse en el alcohol. Incluso buscó consuelo en otras mujeres, lo que me enfurecía. Hasta que encontró a mi madrastra, pero es como si no existiera. Sé que lo único que le importa es el dinero, por eso siempre está a su lado.
Extraño la sonrisa y los abrazos de mi madre. Ella fue, y sigue siendo, un ángel para mí.
Por eso siento un vacío en el pecho cuando veo a otras personas con sus padres completos.
Mi padre no me prestaba atención ni se preocupaba por mí, al menos no hasta que descubrió que soy bueno para los negocios. Desde entonces, solo me ve como una máquina para hacer dinero. Me he dedicado a estudiar y me he vuelto aún más eficiente en la empresa familiar.
Por eso, cuando conoció a los Sullivan, la idea del matrimonio no le pareció descabellada. A mí tampoco, después de todo, siempre me ha gustado el dinero, y nunca he recibido afecto de nadie.
Te amo, mamá, siempre te amaré. Con ese pensamiento, coloco su foto en la mesita de noche y subo a mi cuarto.
Miles de preguntas invaden mi mente. ¿Qué me estás haciendo, Lara? Nunca me había sentido así por una mujer.
He escuchado que, cuando te enamoras de alguien, tu corazón deja de coordinar con el cerebro. Así me siento ahora.
Tengo que recordar que esto es solo un acuerdo. Un negocio más.
Frustrado, entierro la cara en la almohada, intentando conciliar el sueño.
•
—Los declaro marido y mujer, señor Max, puede besar a la novia —anunció el sacerdote.
Miré fijamente a Lara. Las pecas en su pecho la hacían lucir increíblemente sexy. Estaba nerviosa, lo sentía en el sudor de sus manos frías.
Sus labios se acercaban más y más a los míos.
—Te amo —me susurra antes de que nuestras lenguas se fundan en un beso profundo.
—Yo también te amo, mi amor. —Me pierdo en el placer de probar sus labios carnosos. Enredo mis dedos en su cabello, girando su cabeza a mi antojo.
—¡Que vivan los novios! —gritaron todos los asistentes al unísono.
Caminamos entre la multitud que nos arrojaba arroz y pétalos de rosa. Frente a nosotros, una limusina nos esperaba para llevarnos al hotel donde pasaríamos nuestra luna de miel.
No dijimos ni una palabra en todo el trayecto. Al llegar al hotel, abrí la puerta de la habitación.
—¿Estás nerviosa? —le pregunté a Lara, que sonreía antes de entrar.
—Un poco. ¿Y tú, cómo te sientes? —me pregunta ella. Estoy ansioso por tenerla. Es lo que he estado esperando durante horas.
—Me siento afortunado de tenerte conmigo. No sabes lo dichoso que soy de que una mujer como tú se haya entregado a un hombre como yo. —Acaricio su mejilla y la beso apasionadamente en el cuello.
La cargo en mis brazos y la llevo hasta la cama, decorada con velas encendidas alrededor.
—Vaya, señor Jackson, usted sí que es un romántico. —Sus labios eran una droga de la que nunca me cansaría.
La dejo en el borde de la cama. Sus manos hábiles comienzan a desabotonar mi camisa, y sus ojos se abren de par en par cuando deslizan sus manos por mis abdominales. Lo siguiente es mi pantalón.
Me desabrocha el cinturón, dejando solo mis bóxers.
—Veamos qué esconde este paquete —sus manos traviesas recorren el borde de mis bóxers hasta bajarlos. Mi m*****o se despliega al instante—. Estás húmedo… ¿todo esto es mío hoy? —Asiento, sorprendido.
Justo cuando está a punto de tomarme entre sus manos y acercarse, siento que todo se desvanece.
¡¿Qué rayos?!
Me despierto de golpe, el corazón latiendo aceleradamente. Todo había sido un sueño. Miro el reloj: las tres de la mañana.
Ese sueño había sido tan real que por un momento pensé que estaba sucediendo. Mi mano, de forma inconsciente, se dirige hacia abajo, y noto que estoy húmedo. Esa mujer tiene un poder sobre mí, y no me gusta nada.
No solo me atormenta en la vida real, sino también en los sueños. Aunque no niego que la imagen de ella frente a mí es algo que no dejaré de pensar. No lo entiendo. He estado con muchas mujeres a lo largo de mi vida, de todos los colores y sabores, y jamás había tenido un sueño así.
¿Por qué me sucede esto con alguien con quien ni siquiera he tenido el más mínimo contacto físico?
Empiezo a temer por mí, por lo que siento, por lo que soy capaz de hacer.
¡Te detesto, Lara! ¡Eres una bruja!