El anillo de diamantes

1103 Palabras
POV LARA ¿Qué estaba pasando? Ni siquiera había cerrado los ojos cuando Max unió sus labios con los míos. De inmediato, las cámaras y sus flashes me cegaron, y tuve que cerrarlos. Sentir sus labios en los míos me hizo perderme de todo, me hizo olvidar que estaba rodeada de personas y que todos nos miraban. Su toque en mi cintura me provocó escalofríos en todo el cuerpo. Max me estaba besando, pero ¿por qué no lo estoy apartando? Max se alejó un poco, me miró a los ojos y sonrió de lado. —Sonríe, cariño, todos nos miran —susurró. Estaba tan desconcertada que no hice lo que me pedía. Estaba perdida, confundida, tratando de asimilar lo que había pasado. Solo sabía que esa foto estaría en todas las revistas mañana y en internet en unos minutos. Solo pensaba en Marcus. —Voy al baño —le dije, saliendo de allí. Busqué el baño, pero me costó encontrarlo. Cuando entré, me encerré. Tomé el celular y llamé a Marcus de inmediato. —¿Bueno? —respondió, se escuchaba música de fondo. Una oleada de miedo me invadió al imaginar que Marcus podría estar en el barco también. —¿Dónde estás? —Adivina, estoy llegando a tu fiesta de compromiso. Pero no te preocupes, me quedaré lejos y no haré ningún escándalo. —Marcus... no creo que sea buena idea que te quedes. No es sano para ti. —Solo quería verte, Lara. Estos días me he portado muy mal contigo, pero es porque estoy dolido. Claro que me molesta que te vayas a casar con otro hombre, no sabes la cantidad de cosas que he pensado. Todo me vuelve loco. Pero quiero creer que me amas y que jamás vas a fallarme, ¿verdad? El matrimonio es falso. —Sí, claro. Marcus... tienes que saber que si es una fiesta de compromiso, entonces Max y yo tendremos que actuar muy enamorados, ¿no te molesta ver eso? —Claro que sí, pero con tal de que no te esté tocando o besando estaremos bien. Solo espero que el beso en la boda sea el primero y último que le des. Sentí una oleada de ansiedad dentro de mí. Estoy segura de que verá la foto. —Claro que sí... pero creo que hoy también... —Estoy preparado —respondió—. Te veo por aquí, cariño. ¿Dónde estás? —En el baño. —Quédate allí, ya llego. Marcus cortó la llamada. Esperé a que viniera porque yo también quería verlo. La puerta se abrió y en cuanto entró, lo abracé. Me sentí culpable. —Te he echado mucho de menos —dijo, apartándose y dándome un beso en los labios. Ahora sus labios se sienten diferentes... diferentes a los de Max. —Yo también. No me gusta estar peleada contigo, Ma... Marcus —me retracté de inmediato porque casi le digo "Max". —Pasaremos esto. —Claro que sí. Estoy seguro de que me amas a mí y que ese idiota de Max no tiene nada de tu atención. Negué. —Me están esperando, solo quiero que esta noche se termine muy rápido. —Yo igual. —Me dio otro beso. Acarició mis piernas y me tocó las nalgas. —Te deseo tanto, mi amor, necesito sentirte. —Aquí no, Marcus, puede venir alguien en cualquier momento. —Claro que no, dejé el letrero de "ocupado" afuera, nadie nos va a molestar. —Empezó a subirme el vestido y me montó al lavamanos. La verdad, también lo necesitaba mucho. • Sin duda, me había hecho falta. Hacer un rapidín con Marcus me había dejado cansada, como siempre. —Es mejor que regreses ya, creo que nos pasamos del tiempo. —Sí —me acomodé el cabello, le di un último beso y salí primero. Miré a ambos lados esperando no ver a nadie, y caminé hacia donde estaban todos. Cuando llegué, una mano me tomó del brazo y me llevó a un lugar apartado. Max. —¿Qué te pasa? Me lastimas. —Seré muy paciente contigo, pero no me gusta que me engañen y menos que se burlen de mí —dijo serio, nada parecido al Max relajado de siempre. Hasta parecía enojado. ¿Será que sabe que Marcus y yo...? —No sé de qué hablas —le dije. —Ay, Lara, no sabes lo bien informado que puedo estar sobre ti. Sé hasta cuándo vas al baño, sé cuándo haces pipí o popó. No trates de engañarme. —Me tomó de la mano—. Vamos, terminemos con esto de una vez por todas. Me preguntaba si Max actuaba así porque estaba celoso, no encontraba otra explicación. Max sabía que yo tenía novio, no entiendo por qué se enoja. Salimos donde estaban todos, era el momento de la pedida de mano. Max me llevó al centro. Odiaba ser el centro de atención. Max sonrió, cambiando totalmente su semblante. Traté de sonreír, pero en el fondo estaba confundida por lo que había pasado. Miré a Marcus en una esquina, tomando champán. Empezaron a lanzar fuegos artificiales. —Lara, sabes que eres el amor de mi vida. Desde que te conocí supe que serías la mujer con la que pasaría el resto de mis años —empezó a decir Max—. Todos estos meses que hemos pasado juntos han sido increíbles. Habíamos decidido mantener nuestra relación en privado porque sabemos cómo es la gente del medio. Y nos funcionó. Lara, eres el amor de mi vida. La única que me comprende, que me hace reír, que saca mi lado más cursi y romántico —Max se estaba esmerando en ese discurso—, es por eso que quiero que seas la madre de mis hijos y... No exageres, Max. —... la mujer de mi vida —sacó un anillo, un enorme anillo con un diamante—. ¿Quieres hacerme el honor de ser mi esposa? Miré a Marcus al fondo, había dejado de tomar su champán y estaba observando la escena atento. Miré a papá y mamá, quienes estaban nerviosos. Se les notaba. Y luego a Max, quien estaba seguro de que diría que sí. No tenía otra opción. —Sí, Max, quiero casarme contigo —asentí. Max sonrió y me puso el anillo. Todos aplaudieron y lanzaron más fuegos artificiales al cielo. Los padres de Max se habían esmerado en la celebración. Entonces, pasó lo que Marcus no quería que pasara. Max me dio otro beso, esta vez fue más romántico pero más rápido. Miré hacia donde estaba Marcus, pero ya no estaba.
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