Labios ardientes

1141 Palabras
POV LARA —¡Eres un idiota! —le lancé agua. —Para que se te quiten las ganas de insultarme —se acercó a mí—. Quítate la bata. —¡No! Estoy en ropa interior. Las muchachas nos veían como si fuéramos una gran pareja de enamorados. —Mucho mejor, cariño, quiero ver lo que guardas allí abajo. —¡Mamá! —llamé a mi madre, pero esta solo reía—. ¡Acosador, aléjate de mí! ¡Aaaaah! —grité cuando me tomó de la cintura y me hundió junto con él. Salí a la superficie rápidamente. —¡Me quiere ahogar! —nadé hacia la escalerilla y la subí—. No puedo creerlo, estoy indignada —me quité la bata, quedando solo en ropa interior. Max silbó de forma coqueta. Le lancé una mirada asesina. —Es mejor que reces, Max Jackson, estás muerto —me lancé al agua de nuevo y empecé a montarme encima de él, haciendo que se hundiera. —Cariño, vas a quedarte sin marido rápidamente. Déjalo en paz —dijo mi madre. Eso es lo que quiero. Max se estaba dejando hundir porque fácilmente podría apartarme. Es más grande y mucho más fuerte que yo. Sentí un apretón en mis nalgas, así que me aparté de inmediato, gritando. —¡Idiota! Max salió y me miró de forma coqueta. —Me encantan los juegos de manos, Lara, pero tienes que esperar hasta la boda —se hizo el ofendido. —Eres un idiota, Max —volví a subir por la escalerilla, balbuceando palabras ininteligibles. Max salió y se quitó el traje mojado, quedando solo en bóxers. Abrí la boca del asombro pero luego la cerré al ver su bulto creciente. ¡Madre mía! No pienses en cosas que no deberías, Lara, no pienses... miré a Max de nuevo. —Yo sé que te gusta, Lara, pero es mejor que te pongas esa toalla o, si no, esto nunca se bajará. Dios mío, necesito una ducha fría. —Eres... —ni siquiera se me ocurría nada para decirle—... me voy a mi habitación. Corrí hacia mi habitación y me metí al baño. Esa imagen no salía de mi mente. Era todo... ¿en qué momento pasó eso? Max... tenía una erección. Me duché rápidamente y cuando salí, llamé a Marcus. —Hola —respondió, parece que se estaba levantando. —¿Cómo estás? —No tan bien, Lara, todavía no puedo procesar que te vayas a casar con otro. —Yo tampoco. ¿Podemos vernos hoy? Te necesito —me mordí una uña. Tenía tantas ganas de estar con él. —No creo que se pueda, Lara, además tienes una boda que planear. Me quedé en silencio. Esa no era la respuesta que esperaba. —Entiendo... será cuando tú quieras —corté, sin darle tiempo de decirme nada. Me vestí con un short corto y un top, no planeaba salir a ninguna parte hoy. Además, sé que mamá me hará probarme todos los vestidos de novia posibles. Bajé a la cocina para desayunar, esperando ver a Max allí, pero para mi alivio no estaba. Desayuné tranquila y cuando terminé, fui al patio. Parece que Max se había ido. —Ya estás aquí, vamos a probarte los vestidos —me dijo mamá—. He escogido unos para ti. No tengo otra opción, pensé. Pasamos la mañana probando vestidos cortos, largos, pegados, holgados... y de todo un poco. Ya estaba más que cansada. Para el almuerzo mamá pidió pizza y, después de almorzar, seguía insistiendo en que me probara más vestidos. —Este me gusta para esta noche —me dijo. —¿Qué hay esta noche? —La pedida de mano. No olvides que para los demás es una boda real. Tienen que estar las fotos de la pedida de mano. —Mamá... —refunfuñé. —Será en el yate de los Jackson. Qué dolor de cabeza. • No podía negarme a nada, he perdido todo derecho de decidir. Acá veníamos hacia el yate de Max, para la falsedad más grande del mundo: la pedida de mano. Nos estacionamos frente al enorme barco. Pensé que era más pequeño, pero este estaba cerca de ser un crucero. En fin, lo que hace el dinero. Salimos del coche y caminamos dentro del yate. Había muchas personas, pensé que solo seríamos las familias y listo. Me estoy empezando a sentir incómoda, la verdad. El vestido era blanco con lentejuelas corto, mi cabello iba suelto cayendo en ondas y mis tacones eran de aguja. Muy incómodo todo para mí. Siempre he preferido lo casual. —Bienvenidos —nos dice el padre de Max. —Compórtate, por favor —me dijo mi padre—. La gente más importante está aquí, sonríe un poco. Parece que estás sufriendo en vez de estar feliz. —Porque lo estoy, papá: estoy sufriendo. Todo esto es en contra de mi voluntad y si lo hago es para evitar que mamá vaya a la cárcel, si fuera por ti ya me habría escapado con Marcus. —No me menciones a ese muerto de hambre. —Pero es a quien yo realmente quiero. —Estás ciega, Lara, muy ciega —se fue para donde su gran amigo. —No le hagas caso —me dijo mamá. Avanzamos hacia donde estaban las mesas y todo. Max estaba hablando con un chico de su misma edad a lo lejos, cerca de las barandas. Llevaba un traje n***o y su cabello iba libre. Algunas chicas se acercaron a él, lo saludaron y se portaron muy coquetas. Max no se quedaba atrás y les seguía el juego. Negué con la cabeza y me acerqué a él. —Hola, querido, ¿estás muy ocupado? Max me miró. —Lara, cariño, qué bueno que ya llegaste —me tomó de la cintura—. Chicos, les presento a mi novia Lara. —Un placer, Lara —saludó su amigo. Las chicas solo me miraron y se fueron, ni siquiera me dijeron un "hola", era evidente que estaban esperando que Max las llevara a casa después. —Me encanta que vengas a marcar territorio. —No te ilusiones, tarado, si vine es porque estabas actuando muy coqueto con ellas y hay muchas cámaras viendo. Si quieres aparentar que estás muy enamorado de mí, entonces tienes que empezar por dejar de coquetear con cualquier mujer que se te pase por enfrente —le dije, llevándome una mano a la sien. —Primera escena de celos que me haces. Vamos progresando. Me reí. —Pero si lo que quieres es aparentar, entonces vamos a aparentar —me tomó de la mano y me llevó al centro de todos. Me tomó de la cintura, me acercó a él y me dio tremendo beso en los labios. Nuestro primer beso.
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