-Capitulo33 y34

763 Palabras

La voz de Isolda fue seca, quirúrgica: —Livia te recibirá a las tres, en el Conservatorio Oeste. Es necesario que se conozcan mejor. No era una sugerencia. Era una orden. Elara se quedó un momento con el teléfono en la mano. Livia Dubois. El nombre tenía el peso de un mito. Frágil, dulce, intocable. La presencia silenciosa que siempre parecía estar un paso delante de ella, incluso sin estar presente. El Conservatorio era como otro mundo: paredes de cristal, hierro forjado cubierto de enredaderas, orquídeas colgando del techo como si flotaran. En medio de ese lujo vegetal, Livia parecía una estatua: pálida, delicada, con un chal demasiado grande cayéndole de los hombros como si no pudiera sostener ni su propia ropa. —Damien me trajo esta Phalaenopsis de Singapur —dijo apenas Elara entr

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