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1489 Palabras
Capítulo 14 En lugar de quedarme en la cocina, merodeando sobre Jeremy y esperando a sus pies como un perro lastimero en busca de atención o comentarios sobre mi cocina, lo dejo con su tocino y huevos para mi futuro rincón de pintura. Hay algunas cajas apiladas en el suelo y suministros amontonados en la esquina que claman por ser organizados y colocados. Ya puedo sentir que la creatividad empieza a fluir. Mandíbulas se acomoda en la esquina del hueco más cercano a la chimenea, el perrito inteligente que es. Ahora que Jeremy ha encendido la chimenea y hay un fuego furioso dentro, la temperatura de la cabaña es bastante agradable. Solo llevo una camisa, dos suéteres y guantes con las puntas de los dedos cortadas en lugar de todo lo que tengo. En la primera caja encuentro varios tubos de pintura, pinceles nuevos y viejos, algunas espátulas mezcladas con pasteles, acuarelas y un pequeño caballete de mesa. Otras cajas contienen trastos que probablemente podrían haber dejado, pero me preocupaba necesitarlos. ¿Paletas adicionales? ¿Tres cuteres Exacto? ¿Trentilurea? ¿Un paquete de cincuenta trapos limpios? Debo haber estado fantaseando con la cantidad de pintura que haría mientras bebía grandes cantidades de vino. Mientras lucho con mi gran caballete que no quiera subir, miro a mi invitado y lo veo vertiendo algo en su café de una botella que no había visto antes. —¿Qué es eso?— pregunto enderezándome. —Café irlandés. ¿Quieres un poco?— Levanta una botella de whisky Jack Daniels. —No— Miro el reloj de la cocina. —Son solo las 12:30— —No hay mal momento para un café irlandés, en mi opinión— Se lo bebe de un trago y luego hace una mueca. — Ahhh, maldita sea, estaba caliente!— —Es café, idiota, ¿Qué esperabas?— vuelvo a mi caballete, decidida a ignorar la molestia que siento crecer dentro de mí por su forma de beber. Aun así, lo observo de reojo. Se levanta de su taburete sin responder y toma un vaso transparente del armario. En el vierte whisky puro y se lo bebe de un trago. Me cuesta mucho no comentar. Solo mantén la cabeza baja y haz tu trabajo, Nadia. No vale la pena. Ojalá me lo creyera. Miro a mi alrededor y lo encuentro mirando la nieve en el jardín delantero a través de la ventana de la cocina. Parece enojado. Otro trago de whisky baja tan rápido como el primero y el segundo. —No tenías que comerte los huevos y el tocino— digo, preguntándome si tengo razón sobre la razón por la que sus emociones se descontrolan. —Lo es— No me mira, pero se sirve otro vaso de whisky, esta vez mucho más grande. El caballete finalmente está de pie, así que abro la última caja que traje: una pequeña mesa para armar de IKEA y saco las instrucciones. —¿Qué es eso?— Me pregunta, acercándose. —Es una mesa— Ya no le prestó atención, demasiado ocupada leyendo las instrucciones y tratando de decidir si voy a poder armar esto yo sola. No quiero pedirle más ayuda a este tipo probablemente borracho hoy. Partir todos esos troncos fue más que suficiente. Además, estoy decepcionada de el por ser tan desaliñado, y sé que no es justo, ya que ni siquiera lo conozco. Así que, como puedo controlar mi juicio y tenemos que estar juntos al menos un par de horas más, decido no hablar con él sí puedo evitarlo. —¿Necesitas ayuda?— pregunta. —No de ti— Esta vez toma un sorbo más pequeño de whisky. —Eso sonó un poco duro— —¿En serio?— Me doy la vuelta para buscar mi caja de herramientas. La vi aquí, en algún lugar antes, sé que lo hice. —Así que no fue un accidente— —No tengo ni idea de que estas hablando— Aparto papeles de embalaje y basura de mi camino, buscando la caja metálica roja donde guardo los destornilladores y mi único martillo. —No fue un accidente que estes siendo brusca conmigo— —No estoy siendo brusca contigo. Solo estoy ocupada— Veo un destello rojo debajo de la tapa de una caja y la aparto, localizando mis herramientas. Un rápido inventario me dice que tengo lo que necesito para hacer el trabajo. —Puede que este fuera de practica, pero estoy bastante seguro que puedo reconocer cuando una mujer esta enfadada conmigo— Me pongo de pie, dejando la caja de herramientas por un minuto para ser completamente honesta. Tal vez eso lo ayude a irse antes. —Escucha, Jeremy, aprecio toda tu ayuda, de verdad, pero no quiero más, especialmente cuando bebes whisky en medio del día como si fuera agua— Frunce el ceño primero mirándome y luego su vaso. —¿Mi whisky es lo que te molesta?— —No, eres tú quien me molesta. Cuando entre aquí ayer, este lugar estaba cubierto de botellas de cerveza. Cubierto. Me tomo horas limpiarlo todo. ¿Qué clase de persona hace eso? ¿Quién vive rodeado de un desorden así?— Se encoje de hombros. —No lo sé— Señalo su vaso. —Te diré que clase de persona. Un alcohólico camino al fondo del barril— Me mira con el ceño fruncido. —No soy alcohólico— —Eso lo ha dicho todo alcohólico desde el principio de los tiempos— —Si, pero no soy alcohólico— Niego con la cabeza, aun mas enfadada ahora qu4e cuando empecé a ser tren groseramente honesta. —Sigue diciéndote eso. tal vez un día, cuando conduzcas borracho como una cuba, te mates a ti mismo y no a alguna persona inocente en otro coche o cruzando la calle— Su rostro se pone blanco, al igual que sus dedos, mientras aprieta con más fuerza el vaso. —Nunca bebería y conduciría— Es entonces cuando recuerdo la historia de como murió su esposa, y me siento falta al instante, como el peor imbécil de la historia. Mi cara se ensombrece. —No lo decía en ese sentido— —Creo que si— Se da la vuelta y regresa a la cocina, dejando el vaso y tomando la botella. Bebe directamente de ella, inclinando la cabeza hacia atrás tanto que parece que va a hacer una flexión de espalda. —¿Estas intentando cabrearme a propósito?— pregunto, con las manos en las caderas. Toma un trago entero de whisky y responde con voz ronca. —No— Se acerca al sofá y se deja caer sobre él, dando otro sorbo a la botella. —Dices que no conduces después de beber, pero se supone que te irías de aquí tan pronto como abrieran las carreteras— No dice nada. —¿Solo decías eso para callarme?— —No— —No piensa quedarte aquí, ¿verdad?— —No— Estoy lista para estrangularlo. —¿Vas a decirme algo más que “No”?— —No— Aprieto los dientes con fuerza para no decir nada peor de lo que ya he dicho. En cambio, me concentro en organizar y ordenar. Dos horas después, finalmente termino. De pie en la entrada del nicho, sonrió, contemplando la vista de mi caballete en la esquina con un lienzo nuevo listo para pintar, ya imprimado y pidiendo a gritos u boceto o algo de pintura. Mi pequeña mesa de IKEA esta lista, montada por la mujer más increíble de la casa, yo, y mis latas de agua y pinceles descansan encima, con las pinturas en los estantes de abajo. Ahora solo necesito algo de inspiración. Un ronquido sobre mi hombro interrumpe mis pensamientos y mis hermosas visiones. Me doy la vuelta y encuentro a Jeremy desmayado en el sofá con casi la mitad de la botella de whisky vacía. Enojada por sus malas decisiones y por el mundo por obligarlo a beberse la botella en la que se está ahogando, me acerco furiosa, le arrebato el whisky de su mano inerte y salgo por la puerta principal. Me quedo allí temblando en el aire frio mientras el líquido se derrama sobre la nieve por el costado de la barandilla. Después de volver adentro, busco en su bolso en el dormitorio y encuentro dos botellas más de Jack Daniels y un paquete de seis cervezas. Todo eso tambien va a la nieve, junto con las botellas de vino que tengo en le refrigerador. Si voy a estar atrapada en este lugar con él por otro día mientras esperamos que quiten la nieve, no voy a verlo a emborracharse y hacer tonterías o, Dios no lo quiera, verlo conducir bajo los efectos del alcohol. No. cuando esas carreteras estén despejadas, se ira de aquí sobrio, sin excusas.
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