Capítulo 2.
Cuando llego frente a las Torres Trump a las seis de la tarde del viernes, no sé qué esperar. Cuando Maya se acerca a mi ventana con un grueso abrigo de lana a medida y un bebé con un traje de nieve en la cadera, me quedo demasiado atónita para hablar. Se ve genial. ¿Y un bebé? Vaya.
Nunca la había visto vestida como ahora, y su cabello se ve increíble. Y si tuvo a ese bebé ella misma y no por adopción o gestación subrogada, ya ha logrado perder todo el peso del embarazo. No puede ser más que una talla ocho.
No puedo esperar a escuchar que ha pasado en su vida; claramente sus noticias va a ser mucho mejores que las mías, y no podría haberle pasado a una chica mejor. Solo darme cuenta de eso me alegra un poco. Bajo la ventanilla, dejando entrar una ráfaga de aire helado.
—¡Hey! ¡Lo lograste!— exclama, su aliento expulsando bocanadas de humo frío. —¿Quieres estacionarte en el garaje? Tienen algunos espacios para invitados. Podemos conseguir que alguien te ayude a traer tus cosas. Mira por la ventana trasera de mi auto. —Wow. Tienes muchas cajas— Sonriéndome, se inclina y nos damos un rápido beso de saludo. Sus labios estan helados sobre mi mejilla calentada por la calefacción.
—Tienes un bebé— digo, finalmente recuperando la voz.
—Oh, esta no es mi bebé. Solo la estoy tomando prestada— se ríe. —Solo da la vuelta a la manzana y verás la entrada al garaje. Iría contigo, pero no tienes una silla de coche—
—De acuerdo— pongo el coche en marcha, actuando como si tomar prestado un bebé fuera algo totalmente natural que la gente hace. —¿Justo ahí?— Señalo la siguiente manzana.
—Si. busca el lugar de invitado. Diles que estás con Jackson Sterling—
—De acuerdo— Subo la ventanilla pongo la calefacción al máximo. Acelero a fondo y avanzo desde la acera, con cuidado de todos los taxis que conducen como locos a mi alrededor. Todo en manhattan va más rápido que en cualquier otro lugar. Ya me está poniendo nerviosa. El posible hielo en las carreteras no ayuda. Que el invierno llegara antes no figuraba en mis planes.
El garaje es enorme y mucho más tranquilo que la calle principal, donde todos han decidido que las bocinas son la forma en que los autos se comunican entre sí y que deberían estar conversando todo el tiempo. Abro un poco la ventanilla cuando un hombre mayor con uniforme se me acerca.
—Estoy con Jackson Sterling. Se supone que debo estacionar en un lugar para invitados— Señala con una mano enguantada de blanco. —Justo ahí, señorita—
Sonrió cortésmente y subo la ventanilla y subo la ventanilla mientras sigo sus instrucciones. Justo cuando estoy entrando en el amplio espacio, Maya aparece de nuevo en mi puerta. Puedo oírla a través de la ventanilla cerrada, su voz ligeramente amortiguada.
—¡Yaaaay! ¡Mira, Zoey, mi mejor amiga Nadia está aquí de visita!—
La culpa me revuelve el corazón. ¿Todavía mie considera su mejor amiga después de haberla ignorado durante casi dos años? Cualquier brillo de felicidad que tenía al entrar aquí se apaga al darme cuenta de que soy una completa idiota. Después de mi última experiencia amorosa, aprendí que las amistades, las amistades verdaderas, son una de las cosas más valiosas del mundo. No he valorado a Maya como debería haberlo hecho, pero eso va a cambiar a partir de ahora.
La miro y sonrió mientras abro la puerta.
—¡Si! ¡Estoy tan feliz de estar aquí!—
Maya se aparta para que pueda salir, pero tan pronto como me libero del auto, salta adelante, envolviéndome en un gran abrazo. La bebé se aprieta conmigo.
—Oooo, te ves genial— dice. —¿Has rejuvenecido? Eso no es justo—
Le doy una palmada en la espalda.
—No, créeme, he envejecido. Es solo mi coleta de la preparatoria lo que te confunde—
Se aparta y sonríe.
—Te queda bien— Mira mi asiento del pasajero, —Será mejor que agarres ese abrigo. Hace más frío que en el pecho de una bruja aquí afuera—
Me río, metiendo la mano para tomar mi chaqueta, una prenda básica de mi armario de hace cinco años que no es ni de lejos tan elegante como la suya.
—La misma Maya de siempre—
—Mi dirección ha cambiado, pero eso es todo—
Cierro la puerta y la aseguro, tomando mi bolso y una bolsa de viaje del asiento trasero.
—¿Qué le pasó a mi amiga hippie?—
—Oh, todavía está aquí, créeme— marca un número de un teclado y me abre la puerta para que entre. —Pero está escondida bajo capas de lana abrigada porque no me gusta nada esta mierda de principios de invierno— Se estremece para darle más dramatismo al pasar junto a mi. Deja que la puerta se cierre y me guía por un pasillo hasta otra puerta que nos lleva a un grupo de ascensores. Puedo ver el enorme vestíbulo de las Torres Trump al fondo.
—¿Así que de verdad vives en las Torres Trump, ¿eh?—
Introduce una llave en una ranura del panel de botones y luego pulsa el treinta y cinco.
—Si. Por ahora—
Asiento con la cabeza, esperando el resto de su historia.
—No estoy segura de sí nos vamos a quedar aquí o a mudarnos a otro sitio—
—¿Nos referimos a ti y a Jackson Sterling? No puedo quitarme la sonrisa de la cara.
—Ese es él. Ese es mi Boo— Sonríe. —Nos conocimos de la forma mas loca. Te lo contaré todo cuando nos instalemos—
—¿Lo conoceré ahora mismo?— Ojalá me hubiera arreglado el pelo esta tarde, pero estaba ansiosa por llegar antes de que oscureciera que simplemente me lo recogí con una goma elástica otra vez.
—No, está en el trabajo. Pero volverá a casa más tarde—
Al salir del ascensor, la bebé estornuda.
—Oh, pobrecita— canturrea Maya, ¿tienes la nariz tapada? La tía Maya te la limpiará en un segundo. Ya casi llegamos a casa…—
¿Tía Maya? ¿Esto significa que está casada? No puedo ver su mano izquierda desde donde estoy. Maldita sea. Estoy totalmente fuera de su círculo. La superidiota ataca de nuevo. Ni siquiera me invitó a la boda. Supongo que es lo que me merezco.
—Sujétala un segundo— dice Maya, dándose la vuelta y dejando caer a la bebé en mis brazos. Apenas tengo tiempo de soltar mi bolso y agarrarla cuando Maya me suelta para abrir la puerta.
—Estúpida llave. Odio esta cosa— Lucha contra el mecanismo durante unos segundos antes de que finalmente ceda. Abre la puerta de par en par y sonríe. —¡Ta daa! Condominio, dulce condominio— Me quita a la bebé y yo agarro el bolso que está a mis pies y la sigo adentro.
Pensé que después de ver a Maya vestida de Burberry y cargando un bebe estaría preparada para cualquier cosa, pero me equivoqué.
—Vaya— digo mientras entro lentamente al condominio y mis ojos recorren el colorido espacio.
—Te lo dije— dice ella. sonriendo de oreja a oreja. —Sigo siendo una hippie de corazón—