Gracias por darme este postre que tanto he deseado. Mi mirada estaba totalmente congelada. Había incredulidad, miedo, decepción, pero, sobre todo, dolor. Intentaba aparentar que no me estaba afectando, pero mis ojos temblaban. La mirada de Maximiliano parecía no comprender por qué tenía ese rostro, pero como si algo hiciera clic en su cerebro, comenzó a hablar con calma. —Tiana, no tienes que desconfiar de mí. Este mensaje no es nada —susurró con calma, levantándose hacia mí. —No tienes que mentirme en la cara, yo fui la que te propuso ser un novio falso, así que, técnicamente, yo estaría metiéndome en tu relación si fuese así —mi tono sonaba con un hilo de voz. Él no dijo nada. Sus ojos glaciales me observaron con detenimiento. En un largo silencio, me abrazó. Sostuvo mi rostro contr

