Eres un dulce empalagoso que no puedo tragar. Esa noche, tras enviarle ese mensaje, mi cabeza había estado pensando solamente en Maximiliano y en esas palabras. No sabía si era verdadero, pero lo que más me dolía era… si lo era. Sabía que lo de nosotros era falso, pero aun así me dolía. No quería ser la segunda opción de nadie, no otra vez. No sabía si estaba haciendo todo bien, así que necesitaba una segunda opinión. Tendría que volver a hablar con mi hermana. Ella ya estaba cansada porque hasta le parecía falso. A ella le gustaba estar con muchos hombres, pero aun así era muy buena dando consejos. Solamente necesitaba un respiro con ella, que me dijera que todo estaba bien… o tal vez no debería darme tanta importancia. Queria esa cachetada de realidad. Quizá lo que me dijera fuera: no

