Eres tan dulce que se me olvida que puedes ser picante. Su sonrisa era la misma de alguien que intentaba mostrar demasiada amabilidad. Tomé mi carnet de la universidad junto a mi mochila, mirándolo de manera cautelosa. Él solo me dedicó un gesto amable que, a pesar de querer relajarme, me perturbaba un poco. —No te preocupes, solo tengo que comprarme otro helado. —Déjame hacerlo, me sentiría un mal caballero —continuó mirándome con un aire pausible, aunque aun así me hacía sentir atrapada—. Me llamo Dmitri; al parecer estaremos en la misma universidad, así que tómalo como una disculpa de compañero. Al decir aquello me relajé ligeramente. Usualmente me llevaba bien con los universitarios, y al notar que mis defensas bajaron, él solo mostró una sonrisa algo ladeada. —Me mudé hace poco y

