*Editado Unos días después de habernos enterado del estado de salud de mi padre, él había decidido volver a casa. Los médicos le habían dicho que no había mucho que pudieran hacer por él, teniendo en cuenta el estado tan avanzado de la enfermedad, así que si se quedaba en el hospital era muy probable que falleciera allá. Habíamos tomado la decisión juntos y pensábamos que lo mejor era que él estuviera junto a nosotros en sus últimos momentos. No había sido para nada fácil, teniendo en cuenta que en el momento en que dejara el hospital, ellos ya no atenderían a nuestros llamados tan prontamente porque mi padre estaba desahuciado, pero ya no queríamos estar más tiempo alejados. Mi padre había pasado casi un mes hospitalizado, cada fin de semana le decía a mi madre y a mi hermano que en unos

