Mientras tanto
Domingo… ¿Por qué el domingo parecía el día más largo de la semana? Gruñí estirándome en la cama mientras observaba el techo. Gracias al cielo era el único día donde mi familia me obsequiaba una tarde de paz. Ellos generalmente se iban a pasar el rato a un pueblito cercano y yo podía contar con algunas pocas horas de calma.
Por desgracia no me sentía feliz, al contrario. Me sentía abrumada y aburrida, no podía dejar de pensar en Toby. Iba a secuestrarlo y el muy tonto se había portado el viernes tan bien conmigo… Aun no sabía lo que me quería decir, pero sentía un ligero cosquilleo en los brazos al imaginarme sus palabras. ¿Podría ser…?
—No, seguramente no es eso— dije llevándome las manos al rostro.
Me levanté de la cama de un salto para observar mi figura en el espejo. No era una belleza, pero no negaba que no estaba mal. Tenía un cuerpo esbelto, cabello ondulado hasta la parte media de la espalda color castaño, rasgos medianos y cara ovalada. Intentaba hacerme una trenza cuando escuché el sonido de la puerta.
—¿Quién es?— pregunté mientras me imaginaba al vendedor de salchichas. Seguramente era él.
Nadie contestó, salí del cuarto y caminé en dirección a la puerta tratando de mantener mi lado racional. No quería estar soltando insultos a mitad de la tarde. El golpe de la puerta retumbó de nuevo ¡Adiós racionalidad!
—¿Qué quiee…?—La frase quedó cortada cuando abrí la puerta. Creo que me quedé viendo a Toby con la boca abierta por más del tiempo permitido.
—Hola— saludó.
—Hola— respondí tratando de calmar mis nervios—. José no está.
—No lo estoy buscando a él.
No era justo, no era para nada justo. Estaba a tan solo un día de realizar mi plan. Toby no tenía por qué aparecer para mandarlo todo al caño.
—Entonces ¿A quién?—pregunté con fingida indiferencia.
—A ti María, ven conmigo— replicó con fastidio concentrando sus ojos color cielo en mí.
Asentí como idiota.
—Espera aquí, voy por mis zapatos— añadí antes de cerrar la puerta.
Parecía que había corrido un maratón, mis pulmones no me daban descanso, sentía que me faltaba el aire. Toby… Justo ahora él me esperaba afuera, algo que tantas veces anhelé.
¿Les comenté mi edad? ¿No? Bueno tengo 18 años y siete meses. Sé que esto no viene a colación, pero en mis 18 años nunca había tenido a un chico esperándome en la entrada de mi casa. Así que comprenderán mis nervios.
Me puse las primeras sandalias que encontré con manos temblorosas y luego me observé en el espejo tratando de arreglar algunos mechones de cabello rebeldes. Cuando salí observé a Tob— apodo amoroso que le puse de niña, aunque en realidad lo único que hice fue cortar su nombre— recostado de la pared. Toda mi sangre subió a mi cabeza.
—¿A dónde vamos?— pregunté mientras seguía sus pasos.
—Quiero mostrarte un lugar.
Caminé detrás de él con nerviosismo, nos estábamos alejando de las calles en dirección a las montañas. La sombra de los arboles nos cubrió y observé las casas que dejábamos atrás. Me arrepentí de no haberme puesto zapatos.
¿Llevábamos una hora de caminata o me estaba volviendo paranoica? En todo aquel momento Toby no me había mirado y mantenía un andar apresurado entretanto yo jadeaba recriminándome por no hacer ejercicio.
—Desde aquí tenemos que subir la montaña— anunció.
—Soy mala subiendo montañas Toby, además se hace tarde— por primera vez el susodicho se giró en mi dirección.
—No quiero que huyas de mí.
Observé sus brazos a los lados de su cuerpo y por un instante sentí miedo ¿Por qué no quería que huyera? ¿Iba a matarme? Ni siquiera me había fijado en el camino. Desconocía por donde tenía que devolverme. Esta era su oportunidad. ¡Mierda!
Toby se fijó en mi rostro y dio un paso hacia mí haciendo que yo retrocediera.
—No es lo que piensas— agregó tratando de calmarme.
—No sé lo que pienso— dije poniendo mis manos hacía adelante como si estuviese los suficientemente cerca para empujarlo.
—Estoy… Estoy enamorado de ti María— soltó sin más. No literalmente mi mundo tambaleó. En mi intento por retroceder caí de espaldas contra el suelo.
¿Enamorado? ¿Había escuchado bien o solo era una invención de mi cerebro por la caída? Se me escapó un gemido de dolor mientras trataba de sentarme y me lleve las manos a la espalda baja olvidándome de la presencia de Toby.
—¿Estás bien?— me preguntó arrodillándose a mi lado. ¡Mierda! Pensé al sentirlo tan cerca, usaba colonia de bebé. Iba a desmayarme a su lado.
—Sí—susurré aferrándome a sus brazos inconscientemente, cuando me percaté estábamos casi abrazados. ¡Oh Dios!
Me dolía el trasero y la espalda, gracias al cielo el golpe no había sido tan fuerte, no me pidan racionalidad cuando lo tenía aferrado a mí.
—¿No tienes que decir algo? — inquirió con su boca casi pegada a mi oído. Noté el ligero temblor de su voz y creía que hasta estando a un metro de distancia podría escuchar su corazón que latía frenético.
¿Tenía que decir algo? Quería correr. En el fondo sabía que Tob era de Villa Norte. Él nunca dejaría aquel pueblo y yo nunca podría seguir viviendo en aquel lugar. Al menos no era lo que había planeado.
—Yo… No te creo. Es más tú nunca has mostrado algún interés en mí— dije alejándolo y mirándolo con rabia, y sí me sentía rabiosa. Pensando la situación lo que decía era verdad. Él siempre me ignoraba y siempre se escuchaban rumores de que salía con Teresa y muchas otras del pueblo— ¿Y me dices que estás enamorado de mí ahora? ¿No te parece algo tarde?
—¿Tarde por qué? —preguntó levantándose y tendiéndome la mano para que hiciera lo mismo.
—Porque…— Necesitaba pensar rápido, inventar algo que lo apartara de mí, necesitaba…— Porque soy novia de Andros.
Al ver su rostro supe al instante que había jodido todo. Tob bajo el rostro y se metió las manos en los bolsillos. Pateaba una piedrita y parecía no tener intenciones de decirme por dónde saldríamos de aquel bosque. Habíamos girado varias veces y mi sentido de ubicación era pésimo.
—Solo responde algo yo —silencio— ¿Te… Te gusto?
Junté mis manos con nerviosismo y tragué saliva rogándole a la madre naturaleza que me desapareciera. No quería responder, pero sabía que él merecía al menos en ese aspecto la verdad.
Asentí lentamente tratando de no intimidarme por su mirada. Me sorprendí a mí misma al mover la cabeza de forma afirmativa. ¿Me gustaba Toby?
Casi se me escapa una sonrisa cuando vi que sus mejillas se pusieron rojas, era muy difícil verlo en aquel momento y no desear abrazarlo nuevamente —bueno él me abrazó a mí—, pero ese no era el caso. Deseaba abrazarlo y oler nuevamente su perfume de bebé, pero no me dio tiempo de pensar mucho en eso porque Tob se estaba acercando a mí. Tomó mi barbilla y muy lentamente fue acercando su rostro al mío. Cerré los ojos, no había fuerza existencial que hiciese que me apartara en aquel momento. Sentí su aliento, escasos centímetros nos separaban; iba a besarme.
—Tienes novio— susurró alejándose y dándome la espalda. Comenzó a caminar— ¡Vamos!
Así acabó aquel encuentro, en el que casi me daban mi primer beso.