San Toby —Veo, veo. ¿Qué ves? Una cosa ¿De qué color? Verde— respondí con una sonrisa. El árbol— dijo Fabiana con seguridad. ¿Qué tan difícil podía ser aquel juego si todo lo que veíamos eran árboles y monte? Habían pasado cuatro horas y seguíamos intentando distraernos inútilmente. Acertaste— reconocí de mala gana cruzando mis brazos. Bueno, bueno me toca a mí. Veo ve… Háganme un favor y cállense. Llevan todo el puto camino jugando ese puto juego— se quejó Pedro el conductor. Debo aclarar que el aludido no había dicho ni una palabra en todo el viaje, así que no pude evitar encogerme al escuchar su voz. ¿Cuánto falta?— pregunté en un susurro. Tres horas o más— respondió escuetamente. ¿Tres horas o más? Mi trasero ya no aguantaba y tenía unas ganas de orinar insoportables. Apreté

