Orgullo y pena El desconocido pelinegro caminaba a paso rápido mientras que Fabiana y yo lo seguíamos tomadas de las manos. Estaba atenta ante cualquier edificio o callejón extraño, había leído bastantes novelas policiacas así que lo mejor era desconfiar. —Ya estamos cerca— dijo a los cinco minutos de camino. Los edificios que en un momento vimos pasaron a ser casas pequeñas y de colores pintorescos que se asemejaban a una zona rural —O sea Villa Norte— es por eso que no pude evitar sentir como se me encogía el pecho y llegaban a mi mente imágenes de mis padres y Toby. Seguí los pasos del desconocido con el corazón acelerado. Nos acercábamos al lugar donde vivía Andros y temía la reacción que tuviera al verme. Pensé en una de las últimas palabras de Toby “Que iba a seguir a Andros” o a

