Ahora

1217 Palabras
El funeral llega rápido, y lo único que puedo hacer para no desmoronarme es mirar a mis pequeños, incluso Matt tiene esa mirada vacía que tanto me esforcé por ocultar. Han pasado un par de semanas desde que nos confirmaron su muerte, así que...hoy era el día, hoy daba por hecho que mi marido había muerto. Miro la cama, sintiendo una enorme presión en el pecho, a esta hora, Frank me abrazaría por la espalda y dedicaría tiempo a mimarme, dándome besos y haciéndome cosquillas, incluso habría intentado darme un hijo. Intentando contener las lágrimas, vuelvo mi atención al espejo, tengo un sencillo vestido n***o que jamás llegué a usar para él, pero sabía que le encantaría, en especial la forma en que se saltaba mi cabello contra el. Decidí arreglarme una última vez, a Frank no le gustaría verme llorando, y menos aún ser sólo un cascarón roto, que era la forma en que me sentía. Arreglo mi cabello, y decido llevarlo suelto, sabiendo lo mucho que él amaba mis rizos, y cuando veo el resultado final, me sorprendo a mí misma con mi reflejo, seguía estando allí, pero en mis ojos...había perdido ese brillo divertido que solía encontrar incluso en mis hijos, ya no era una divertida mujer de negocios y la madre genial que mis hijos aseguraban...ahora era una viuda. Miro mi anillo de bodas, sintiendo que mi corazón se desgarra cuando leo la inscripción en la parte trasera > y una ligera sonrisa llega a mis labios, pero se va de inmediato, yo era su sol y ahora sin él he dejado de brillar. — Mamá — llama Anya, a mi nenita le he puesto un lindo vestido de tutu  y sus zapatillas, que le encantan, sus rizos negros están atados en un pequeño lazo — Adanja, mamá — ¿Orange? — pregunto, mirándola divertida, de todos sus hermanos, era con el que mejor se llevaba — Ve a buscarlo. — Anaodia — murmura mientras sale corriendo por la puerta, y sé que irá tras Carrot esta vez. Suspirando, me pongo mis tacones y miro mi teléfono, un mensaje de Viktor me avisa que ya está en el cementerio, y que al parecer tenemos sobrecupo de exesposas. Casi quiero reír, y mi grandulón pensaba que ninguna de esas mujeres lo amó. Al llegar al cementerio, mis hijos y yo nos tomamos un momento, estar en el funeral de Frank se siente irreal, como una pesadilla de la que no puedo despertar, Daemon Black nos espera, el hombre tiene cincuenta y cuatro años, un par más de lo que Frank tendría justo ahora, el cabello de Black era en su mayoría canoso, y estaba en silla de ruedas debido a su altura. — Es bueno verte, Nath — me dice, antes de dedicar una mirada a Anya, quien le sonríe de esa manera encantadora en que lo hacen los niños. — ¿De dónde salieron tantas mujeres? — murmuro, viendo un grupo de cerca de quince mujeres llorando con fuerza — sería una ceremonia tranquila. — Espera a que veas la prensa, Amy y Helena están intentando desviar la atención — dice suspirando, lo seguimos hacia la zona donde habían instalado un buffet. — Niños, busquen a su abuela y lleven a Anya — pido, ellos asienten antes de retirarse, en cuanto se van, entro en el mar de personas, hay familiares y amigos, socios y conocidos, sin contar a las exesposas, novias y admiradoras, que casi podrían pasar como la viuda. — Tash — me llaman, sorprendida me giro y me encuentro con Chris, un viejo amigo que había venido de Canadá hace un par de meses, de pequeños fuimos muy cercanos, pero retomamos el contacto hace poco, cuando contactó a Viktor por su traslado a Estados Unidos. — Chris, hola — saludo, sintiéndome culpable, he evitado tanto el contacto desde el accidente, que me había olvidado que seguía en la ciudad. — Lo lamento, Frank era un buen hombre — dice con sinceridad, y se lo agradezco, Chris era un buen amigo— ¿has visto a Viktor? — pregunta mirando a su alrededor, es alto y tiene cuerpo de atleta, con ojos castaños que lo hacían encantador. — No, debe estar con Harold y los niños — respondo, intentando no desesperarme, la ceremonia estaba por empezar. — Mierda, quiero darle el pésame antes de irme — murmura, mirando su teléfono — ¿No te quedarás? — pregunto, él niega. — Uno de mis pacientes tuvo otro accidente y tengo que operarlo — explica — y tengo que recoger un par de cosas para el apartamento. — Está bien, yo hablaré con Vitya — le aseguro, él me sonríe y se despide con un beso en la mejilla. — Fue lindo verte, Hoffman — dice guiñándome un ojo antes de irse, y casi me hace sonreír, pero mi atención regresa a mi marido. Hay una fotografía de él en el centro del panteón, yo misma la había tomado, estaba sonriente y sus ojos ligeramente arrugados en las esquinas, se estaba burlando de mí, como siempre, los quintillizos habían hecho de las suyas y estaba cabreada, pero el ver a Matt y a Frank reírse a la vez me hizo unirme a la fiesta. — Mamá — se acerca Max, mi nenita está delgada y con la mirada perdida, su cabello rubio estaba opaco y recogido en un modesto moño, enormes lagrimas cruzaban sus mejillas— no va a volver, nunca más — llora, aferrándose a mí, y es en ese momento cuando me quiebro, dejo salir las lágrimas y abrazo a mi hija tan fuerte como puedo, ambas adorábamos a Frank. — Todo va a estar bien — Le aseguro, pero me lo estoy diciendo a mí misma, mi grandote nos está observando, yo lo sé. — Papá siempre estaba allí, Nath — llora, sus ojos azules enrojecidos por el dolor — y ahora jamás lo va a estar. — ¿Mami? — murmura Carrot, mi pequeño me mira como congelado, luciendo a punto de vomitar, está llorando, extiendo mi mano y lo abrazo, son solo unos niños pequeños, no deberían sufrir estas cosas. — Amaaaaa — llora Anya, mi bebita no comprende lo que pasa, Orange y Zhevy intentan calmarla, mis pequeños quieren ser fuertes para mi, siempre intentan ser rudos, pero los conozco, yo misma los he sostenido mientras lloraban y pataleaban al enterarse del accidente. — Vengan aquí — digo, necesitando el calor de mis bebés, Frank me los había dado, incluso a la pequeña Anya, que jamás conocería a su padre, era parte de lo que Frank dejó en este mundo. — Nath — me llama Viktor, quien intenta tranquilizarnos — ya es hora, cariño. Así que seco mis lágrimas y beso a mis pequeños, antes de enfrentarme al féretro de Frank. Pero no es hasta el momento del discurso, cuando Matt cae de rodillas junto a mí, que me doy cuenta de que mis hijos me necesitan como nunca antes, no sólo por el dolor de perder a su padre...es porque al irse Frank, una parte de mí, lo hizo tambien. En el público, veo a sus hermanos, incluso su prima Alena está presente, los Black, parte del clan Vince, y los Hoffman, todos están presentes, incluyendo a Tiffany y otras ex esposas. Todos estaban presentes para honrarlo, incluso si llevaba años muerto. — Te amo — susurro una vez que la ceremonia termina, lo único que queda de mi marido es su recuerdo, y su anillo de bodas.                                    
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