Antes

1226 Palabras
— Feliz aniversario — susurra Frank en mi oído mientras me quita la venda de los ojos, durante toda la semana me había tenido a la expectativa, dejando pequeñas pistas y llenándome de mimos, y esta noche se había limitado a decirme "ponte este vestido" y me había entregado la cosa más hermosa que había visto en mi vida, un vestido vaporoso pero ligero de un material suave, realzaba mi busto y cintura, con un escote en forma de corazón y sin tirantes. — Frank... — susurro, y estoy completamente sin palabras, estábamos en Escocia, en un jodido castillo de piedra, la habitación estaba iluminada con velas que olían a rosas, un montón de ellas, había una mesa para dos esperando por nosotros, y a un par de metros, estaba una enorme cama (vagamente me pregunto cómo diablos la metieron allí) cubierta de rosas, ligera música salía a alguna parte, y justo frente a mí, había una maravillosa e imponente vista, con un atardecer a punto de ocurrir. — Cierre la boca, señorita Hoffman, pueden entrar moscas — suelta, haciéndome reír. — Es hermoso — digo girándome y dándole un beso profundo y amando la forma en que gruñía al intentar controlarse, pero dedica un par de minutos a degustar mis labios. — No más que tú — susurra con voz ronca acariciando mi mejilla, aún después de nueve años, el hombre conseguía hacerme sonrojar. — No puedo creer que nos conseguiste un castillo — murmuro emocionada, y él me guiña el ojo. — Lo que mereces, nada menos — me guía hasta la mesa y me ayuda a sentarme, yo sólo puedo comérmelo con los ojos, tiene un traje hecho a la medida de color oscuro, sus anchos hombros y enormes brazos, rogaban ser tocados, al notar mi mirada, se ríe — primero la cena, cariño, vamos a necesitar la energía. — Joder... — murmuro, sintiéndome caliente de repente, me mira con tanta intensidad que podría correrme aquí mismo. — No puedo creer que ya son nueve años de casados — murmura tomando mi mano y besándola. — Y cinco hijos — le recuerdo. —Cinco maravillosos hijos — accede, besando mi mano otra vez, como si no pudiera creer la suerte que tenía — Nunca, ni en el más loco de mis sueños, creí que estaría casado por más de dos años. — Oye, no te vas a deshacer de mi tan fácil — le advierto. — Primero muerto — asegura sonriendo, me da un beso casto en los labios antes de destapar la bandeja frente a nosotros, y el olor a comida recién hecha me hace agua la boca — Ahora, a comer. —De verdad eres el mejor — aseguro mientras ataco mi plato, el me guiña el ojo — aunque estés viejo. — Ya sabes lo que dicen — replica sin inmutarse — entre más añejo el vino, mejor el sabor — lo dice con tanta seriedad que no sé si reírme o derretirme a sus pies. — Te amo — digo tomando su mano, él me sonríe con cariño y lleva mi mano a su mejilla. — También te amo, Nath, como no tienes idea — me asegura. La cena pasa entre risas y besos, y hablamos principalmente de los niños y sus trastadas, como la vez que Orange se enojó tanto porque lo llamé Carrot, que se rapó la cabeza para que pudiéramos diferenciarlo. — Y luego va Zhevy y hace lo mismo — me río, jugueteando con la cuchara del postre. — Esos mocosos nos sacaran canas verdes — asegura sonriendo. — Mis pequeños hombrecitos — murmuro con nostalgia, a pesar de los constantes viajes de trabajo, nunca me alejaba de ellos más de una semana, y llevábamos un mes en Escocia. — Están bien — me asegura Frank poniéndose de pie y tendiéndome la mano — ¿qué te parece si bailamos? Encantada, me pongo de pie y me abrazo a él, con un pequeño control sube la música y empezamos a deslizarnos lentamente, tan juntos como podemos, siento su corazón latir fuerte, su pecho firme y duro contra mí, su aroma, tan masculino, desliza sus manos por mi espalda hasta detenerse en mi culo. — Nena, te amo, pero no hemos tenido sexo en meses — se queja haciendo un puchero. — Creí que jamás lo dirías — digo sonriendo, y no tengo que añadir más, me levanta y presiona contra él, nos besamos como la primera vez. Antes de darme cuenta, estamos en la cama, sus manos están en todas partes y las sensaciones me abruman, besa mi cuello con delicadeza, haciéndome estremecer. Con mis manos busco su corbata y lo ayudo a quitarse la chaqueta, él se aparta durante el menor tiempo posible antes de estar sobre mi otra vez, desliza sus manos lentamente por mis muslos hasta levantar mi vestido, me levanto un poco para que con dedos ágiles desabroche la tela, y de un tirón, estoy desnuda ante él. — ¿Sin bragas? — pregunta levantando una ceja, divertido. — ¿Alguna queja? — replico, apoyándome en mis codos y atrayendo su atención a mis pechos. — Ninguna — dice tomándolos y llevándolos a su boca, haciéndome retorcer de placer, siempre masajeándolos y chupándolos con suavidad, con la mano libre, se desabrocha el pantalón, limitándose a liberar su m*****o. — F..Frank — gimo, maldiciendo cuando se detiene. — ¿Si, cariño? — pregunta, sus ojos azules brillando de diversión. Cuando no digo nada, se ríe y vuelve a la acción. Besa mi cuello todo el camino hasta mi boca. Sin poder resistirlo más, lo rodeo con las piernas a señal de invitación, y él la acepta, se acomoda a sí mismo en mi entrada y se desliza lentamente todo el camino hacia adentro, abrumándome con la sensación, a duras penas consigo pensar cuando empieza a embestir de esa manera tan sexy y ruda que nos gusta, mientras me besa y acaricia mis pechos. — j***r, sigues tan apretada — murmura levantándose y aferrándose a mis muslos, embistiendo con cada palabra. No pasa demasiado tiempo antes de que sienta el orgasmo crecer y crecer dentro de mí, pero Frank adoraba torturarme con ello, así que se detiene sin importar mis gimoteos y me obliga a ponerme boca abajo, estoy toda temblorosa y resbaladiza, así que se dedica a acariciar mi espalda, mi piel sensible percibe las caricias y no puedo evitar suspirar, meneando mi trasero en busca de ser llenada. — Esta noche no te follaré por aquí — murmura en mi oído, y yo gruño frustrada, lo del anal había sido mi idea, pero sabía que él lo adoraba, así que me siento ligeramente mosqueada — esta noche voy a poner todo aquí — asegura, deslizando sus dedos dentro de mi interior, antes de poner su m*****o dentro, me tiene justo al borde del orgasmo. — Frank! — me quejo, agradeciendo cuando vuelve a follarme hasta el punto en que estoy gritando tan fuerte que probablemente se escuche por todo el jodido castillo. — Ya sé de quién heredaron sus pulmones los chicos — se burla cuando hemos terminado, estamos hechos un manojo de brazos y piernas, demasiado cansados para movernos, solo nuestra respiración y nuestros corazones están acelerados. — Imbécil — murmuro cerrando los ojos con gusto cuando me acaricia el trasero y la espalda antes de pasar a mi cabello. — Tu imbécil — recuerda, haciéndome sonreír, me abraza, poniéndome sobre él y dejando su mano en la curva de mi cadera. — Te amo — murmuro empezando a quedarme dormida con sus caricias. — Y yo a ti.            
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR