— ¿Qué diablos tienen puesto? — pregunto mosqueada al ver a Frank llegar a la sala con mis pequeños de dos años, disfrazados de zanahorias, solo sus regordetas caritas llenas de pecas eran visibles con ese traje.
— Es su disfraz de Halloween — responde, tirándome una bolsa con un paquete dentro — y este es el tuyo, señorita coneja.
— ¿Por qué soy un conejo? — pregunto levantando una ceja, debía admitir que mis bebés se veían jodidamente tiernos.
— No había zanahorias de tu talla, y pensé "bueno, los conejos siempre tienen zanahorias" — responde sonriendo orgulloso de su lógica.
— ¿Y Matt y Max? — pregunto intentando no reírme.
— Tenemos Marvel y DC este año, Max quiere ser Black Widow y Matty Batman — dice levantando las cejas.
— ¿Y tú serás...? — su sonrisa es malvada por un segundo, Zhevy empuja a Carrot y eso nos distrae, Orange mira a su hermano gemelo y le da un golpe en el brazo.
— No — se queja.
— Zhevy, disculpate con Carrot — ordeno, levantando a mi bebé, Mörk y Mör van con su padre mientras Orange me apoya.
— Nope — dice Zhevy sacudiendo la cabeza.
— Zhevy... — dice Frank, y mi pequeño salta, Carrot sacude la cabeza y se esconde en mi pecho.
Zhevy suspira exageradamente y le da un beso a Carrot
— ¿Era tan difícil? — pregunto levantando las cejas, y Zhevy asiente mientras Frank se ríe.
— Mocoso malcriado — murmuro en alemán, y mi nene me dedica una sonrisa definitivamente adorable.
— Tú lo estas criando — replica Frank, cargando a los cinco, Carrot se monta en los hombros de su padre, Orange y Zhevy en brazos, Mörk se engancha en la espalda y Mör en su pierna.
— Tú los crías, yo traigo el dinero a casa — replico tomando mi cerveza de la mesa de café.
— Muy chistosa — murmura haciendo una mueca — abajo muchachos, a papi le duele la espalda — se queja.
Riendo, mis pequeños se bajan de su padre y corren en busca de sus hermanos, Frank me mira con un ceño fruncido cuando dejo vacía la cerveza, en cuanto había dejado de amamantar, había vuelto a tomar, lo que no le agradaba demasiado, pero no dice nada y se lo agradezco.
— Paaaaaaaaapáaaaaa— llora Max, gritando con fuerza mientras corre a los brazos de Frank, ambos la miramos preocupada, mi pequeña Viuda Negra enseña su brazo, donde un enorme mordisco está marcado.
— Orange— grito, en busca de los pequeños, estaban pasando por una etapa algo brusca — Zhevy, Mörk, Mör ¿quién mordió a Max?
— No — grita Mörk, delatándose, todos empiezan a correr en diferentes direcciones, lo que me cabrea un poco, los disfraces no ayudaban — No mamá, no — sigue diciendo mi hijo cuando lo acorralo en la puerta de su habitación, se deja caer y me mira con un puchero.
— Discúlpate con tu hermana — ordeno cargándolo, él se cruza de brazos y niega con la cabeza.
— Mörk... — dice Frank, no levanta la voz, pero es firme en su tono, y mi pequeñín gruñe y me obliga a soltarlo para correr con su hermana.
— No puedo creer que te hagan más caso a ti que a mí — me quejo en ruso, pero Frank se limita a sonreírme con suficiencia.
— Se llama ser buen padre — me asegura, poniendo los ojos en blanco regreso al sofá y tomo mi disfraz de conejo — por cierto, esta noche seré policía — me asegura, guiñando el ojo — así que pórtate bien.
— Soy un inocente conejo, señor oficial — digo parpadeando exageradamente y haciéndolo reír, me da una nalgada y un suave beso en los labios.
Sacudiendo la cabeza me dirijo a la habitación para cambiarme, sintiendo como mi pecho sigue saltando por el ligero roce de sus labios, el hombre me tenía loca...igual que los mocosos, a quienes estaba pensando entrenar, definitivamente aprenderían a obedecerme. Al llegar a la habitación levanto las cejas, en la cama hay un disfraz de criminal, algo...subido de tono, pero bueno... Al parecer me arrestarían esta noche.
Pero decido no mirar demasiado antes de ponerme mi traje de conejo, que es un poco similar al que usan las maestras de los quintillizos cuando tienen una de sus lecciones didácticas, un overol blanco, playera y guantes, un par de accesorios para los zapatos, una cola de felpa y las orejas, al mirarme en el espejo casi me da risa, pero mis nenes disfrutarían su segundo halloween, así que me pongo frente al tocador que Frank compro para mí y me hago una nariz y bigotes, añadiendo un poco de colorete rosa para las mejillas.
Y voilá, mamá conejo lista para la acción. El disfraz de Frank probablemente sea normal para los niños, pero para sus madres y para mí, era definitivamente la cosa más caliente que había visto jamás, le quedaba algo ajustado en los hombros, y los pantalones definitivamente hacían algo con sus bien definidos músculos, y Dios mío…su trasero.
— Nath, no babees — recomienda Max poniendo una expresión que parecía decir "adultos, que molestos son"
— No estoy babeando — le aseguro, estamos recorriendo uno de los vecindarios alejados de Upper East Side, algo más tranquilo y menos lujoso para pasar el rato, así que en cuanto pasamos por una pizzeria, los siete chicos, giraron y sentaron sus culos en la mesa.
Los quintillizos claro, eran el centro de atención...igual que su padre
— Madre mía — dijo una mujer que estaba con sus dos pequeños de ocho y seis años — quintillizos.
— Cinco — recalcó Carrot con ternura, enseñando su palma abierta, ganándose a la mujer de inmediato.
— Son tan adorables — aseguró — yo aduras penas consigo sobrevivir con estos dos.
— ¿Quiere alguno? — se burla Frank — tengo dos más, así que eso lo cubre.
— Ni lo permita Dios — se ríe la mujer, apretando las mejillas de Orange, quien la mira como si quisiera arrancarle los ojos por el gesto — pero son una preciosura.
— Pero que tenemos aquí — dice otra mujer, pero está mirando a Frank esta vez — menuda puntería.
— Bueno, con una mujer como la mía...uno tiene que estar a la altura — replica él guiñando el ojo y mirándome con adoración, incluso cuando la chica pone sus tetas a diez centímetros de su rostro...
— Tetas — señala Mör — Tetas.
La mujer se ríe y comenta un poco, pero luego se retira, ya que Frank se pone a jugar con los niños, Matt y Max están contando los dulces y viendo quien consiguió el mejor botín.
— Tetas — dice mi pequeño haciendo un puchero, y yo lo miro mosqueada.
— ¿Que fue eso? — pregunto señalando a Mör
— No me mires a mí, debió verlo en alguna parte — dice haciéndose el desentendido.
— Amoor — digo luego de un rato, viendo el televisor en una de las paredes, cuando anuncian las fechas de los próximos partidos, Frank me mira con sospecha.
— ¿Por qué me haces ojitos? — pregunta con cuidado, lo miro con un puchero — oh, no, no, sea lo que sea, me niego.
— Pero no he dicho nada aún — me quejo, intentando mantenerme adorable.
— Exacto, aún — se queja, tomando un trozo de pizza y dándoselo a Zhevy, yo le limpio el rostro y brazos a Orange y Mörk.
— Es sólo un par de partidos...— empiezo, y el gruñe — podemos ir juntos...dejar a los niños con la niñera.
— Dame una buena razón por la que debería aceptar — dice cruzándose de brazos, y es todo un hombre de negocios ahora.
— Asistiré a la gala del nuevo régimen de tu hermano...con un vestido clásico — suelto, sin saber que ofrecer, él se encoge de hombros — te daré un día en el Spa y me haré cargo de los niños por dos semanas.
— ¿Y el trabajo? — pregunta mirándose las uñas.
— La empresa puede vivir sin nosotros unos meses — le recuerdo.
— Añade un masaje cada noche por el próximo mes y soy todo tuyo — responde extendiendo la mano.
— Frank, ya eres mío — le recuerdo, guiñándole el ojo.