— No es verdad, no te puedo creer lo que me cuentas — Milly esta perpleja cuando le platico lo de la llamada telefónica que tuve con el chico que se masturbo.
— Es verídico, de hecho, quedo registrado — ella se tapa la cara no aguanta la risa.
— ¿Porqué diablos no colgaste? — se lleva un aro de cebolla a la boca.
— Amiga, no tengo idea, tal vez el morbo, el momento no lo sé y te juro que cuando tu padre me mandó llamar a su oficina era por que había escuchado la grabación ¡Dios! que vergüenza cuando esto se sepa.
— No pasa nada, no creo que te vaya a ir peor que escuchar a un sujeto extraño con tintes suicidas masturbarse, la gente a veces actúa raro.
— A veces me sorprende lo fría que eres Milly Rynolds.
— No todos vamos por la vida con un corazón grande como el tuyo Charlie — ambas guardamos silencio — mejor platicame sobre eso que te pidió que hicieras mi papá.
El celular de mi amiga vibra es una notificación de Twitter y ella hace una mueca con los labios — que manera de joderse la vida de mi precioso Sky — no entiendo mucho, pero luego ella voltear su pantalla y en ella se ve a un chico delgado y castaño inhalar algo con ayuda de un billete.
— ¿Quién es? — pregunto por qué apenas se distingue la silueta.
— Es el vocalista de mi banda favorita, digo su adicción a las drogas es un secreto a voces, pero siempre duele ver a tu ídolo joderse solo.
— Oh, entiendo — no se que más decirle.
De pronto, el halo relajado que teníamos cambia a uno bastante denso.
— No estoy segura de poder hacer esto y si así fuera, que hago yo de niñera Milly — juego con mi cabello.
— Trabajo es igual a dinero amiga y no es como si te sobrara — si alguien sabe mi situación es ella, ya que ha visto mis estados bancarios y mis cuentas pendientes – déjame ayudarte Charlotte.
— Sabes perfectamente que no lo haré tengo todo para hacer las cosas por mi misma.
— ¡Ah! a veces me frustas tanto, por ser malditamente orgullosa, déjame ayudarte.
Niego no necesito ayuda ni caridad de nadie, desde lo de mi hermano me prometí que iba a ser todo lo posible por no necesitar a nadie más.