Ella lamió la abertura de su glande y lo miró con picardía. —Cuando te he follado tan fuerte estás en carne viva, demasiado en carne viva para una mamada...— Sintió la reacción de su pene a sus crudas palabras. —Haré que te corras para mí solo lamiéndote aquí mismo con la punta de mi lengua—. Le rozó el frenillo, la zona sensible donde su raja se unía a la hendidura del glande. —Así—. Lamió la pequeña zona debajo de su hendidura. Lamió lenta y metódicamente, con la confianza de saber que inevitablemente lo llevaría a un orgasmo diferente al que estaba acostumbrado. —Cuando te excito así, tu orgasmo crecerá silenciosamente. Sin embestir, sin sorber ni succionar... pero cuando llegue, te volará la cabeza. — Ella lo vio darse cuenta de que realmente se refería a sus dos cabezas, y luego dij

